He pensado mucho en tí. No creo que seas alguien. Quizás sí lo fuiste algún día, antes de morir. Antes de sentir cómo todo lo que tenías se iba. Y entonces me dejaste a mí, como una bolsa de basura a la que olvidaste recoger. Y, ¿sabes qué? Soy jodidamente genial. Más de lo que tú alguna vez pudiste serlo. Creo que después de todos estos años te he dado sepultura, y espero que descanses en paz. Por favor, que tu fantasma no me persiga por las noches.