t-ouche

ㅤㅤعے El fulgor que la nieve devolvía tensó su vista apenas cruzó el umbral y lo obligó a inclinar el rostro un instante, aunque no dudó. Había salido confiado, respaldado por una revisión rápida y descuidada del clima, fiel a su costumbre: se anunciaban nevadas leves, dentro de lo esperado, sin rastro alguno de un giro abrupto ni de una tormenta en ciernes.
          
          Sin embargo, no demoró en advertir su equivocación; bastaron unos cuantos pasos más para que la certeza se le instalara con brusquedad, tan helada como el entorno que lo rodeaba.
          
          La ciudad se le reveló irreconocible, trastocada por una nevada reciente que había sepultado cualquier vestigio familiar. El trazado urbano se diluía bajo una costra blanquecina donde calles y aceras dejaban de existir como tales, fundidas en una planicie sin contornos definidos. Las distancias engañaban al ojo; la orientación se volvía tentativa, sostenida apenas por postes de luz aislados y fachadas ennegrecidas.
          
          Los semáforos persistían encendidos bajo la capa de hielo, su resplandor amortiguado por la escarcha. Los vehículos, varados hasta los ejes, yacían inertes, expulsando de tanto en tanto un gemido mecánico, torpe y estéril, que no alcanzaba a imponerse antes de ser deshecho por las ráfagas violentas.

t-ouche

Las pláticas que siguieron, pese a su brevedad, no lograron desanimarlo. Por el contrario, le permitieron divagar entre pensamientos y sensaciones con una ligereza inusual. Incluso llegó a olvidarse del sueño que, momentos atrás, lo había atormentado hasta el punto de contemplar quedarse dormido en aquel mismo lugar.
            
            La idea seguía resultándole poco encantadora, pero si el sueño volvía a cercarlo, dormir no le parecería una opción tan desacertada. Aunque... no tenía el valor suficiente para hacerlo frente a Zyan. No porque desconfiara de él —aunque, siendo honestos, apenas se estaban conociendo—, sino por la pura y simple vergüenza que le provocaba la posibilidad. ¿Y si roncaba? Peor aún: ¿y si murmuraba entre sueños, hacía muecas, o sus brazos, movidos por un reflejo inconsciente, lo rodeaban y lo atrapaban? Demasiadas variables, todas potencialmente humillantes. Cosas que no estaba dispuesto a experimentar salvo que quisiera morirse. Cosa que, definitivamente, no deseaba.
            
            Iba a continuar atormentándose con aquellas conjeturas cuando una ventisca particularmente estridente lo arrancó de golpe de su maraña mental. No supo si fue por lo súbito del ruido o por un acto reflejo, pero su cuerpo terminó buscando abrigo en la complexión contraria, pegándose a ella con rapidez, hombro contra hombro, como si ese contacto pudiera ofrecerle un resguardo inmediato.
            
            ───Ah, perdón... supongo que me asusté.─── asintió mientras se apartaba un poco, aunque conservando una cercanía mayor que la de antes. Y, aun cuando el estrépito exterior se suponía debía inquietarlo, comenzó a sentirse, contra toda lógica, demasiado cómodo con él. El ruido siempre conseguía... aquietarlo. Sosegar algo que no sabía nombrar.
            
            Pero no era momento para eso. No, no podía dormirse. Él era fuerte. Más fuerte que el peso insistente que tironeaba de sus párpados, más fuerte que la tentación de abandonarse, aunque el cuerpo pareciera disentir.
Reply

t-ouche

El silencio que siguió no ayudó a aquietar el desborde interno, imposible de domeñar mediante torpes intentos de racionalización. En otra circunstancia, antes de sentarse a conversar con Zyan y desentrañar sus malentendidos, habría atribuido todo al destino o incluso habría maldecido su nombre. Pero ahora era distinto. Habían hablado. Habían puesto palabras —torpes, quizá— a aquello que los arrastraba una y otra vez a situaciones sospechosamente incómodas. No había motivo alguno para quejarse. Al contrario: aquello se perfilaba como una oportunidad idónea para volver menos tensa la relación entre ambos. Tal vez, incluso, para transformarla en algo semejante a una amistad.
            
            Suspiró. En aquel gesto se entrelazaron una liviandad incipiente y una vibración difícil de descifrar. Estaba, honestamente, expectante ante la idea de observar cómo su vínculo con Zyan se transformaba en algo más llevadero, más cómodo. Lo necesitaba. Necesitaba dejar atrás las desgracias compartidas. Como... aquel beso.
            
            Tragó saliva antes de mirarlo de soslayo, deteniendo la atención en la carnosidad de sus labios. Y tuvo que tragar una vez más. ¿De verdad habían... compartido un beso accidental? La sola evocación le resultaba incómoda, casi insoportable.
            
            Observó cómo aquellos labios se abrían y se cerraban, y el gesto le arrancó un parpadeo abrupto, seguido de un jadeo involuntario. No solo por el movimiento, sino por la pregunta que acababa de atravesar el aire.
            
            ───¿Yo? ¿Con cabello blanco?─── preguntó con una duda genuina, aunque el asombro se le ancló de inmediato. Después de todo, en su origen había sido albino, pero había decidido... bueno, teñirse, por mera cuestión de seguridad. ───No, jamás lo consideré. ¿Por qué? ¿Crees que el color me favorecería en cuanto a aspecto físico?
            
            La mofa, por supuesto, no tardó en filtrarse en su voz, aunque la pregunta seguía siendo sincera.
Reply

t-ouche

Pero... aquel hombre no le despertó la menor urgencia de despojarlo de su abrigo. Todo lo contrario: algo en su interior se agitó al compás del corazón, una alteración que, por pura costumbre, atribuyó de inmediato a un trastorno cardíaco —como solía hacer, pese a carecer de cualquier padecimiento semejante—. ¿Acaso, si ese hombre portara prendas extraídas de su armario, luciría igual de... majestuoso? ¿Debería intentar coincidir con él en una circunstancia propicia para prestarle alguna?
            
            Negó con la cabeza. No. Nada de escenarios desafortunados. Nada de ideas innecesarias.
            
            ───Sí, pupilentes...─── sus ojos vagaron hasta la pequeña entrada por la que había accedido momentos antes, notando cómo la nieve la iba clausurando poco a poco, estrechándola hasta volverla casi impracticable. Estuvo a punto de levantarse para despejarla, pero el comentario ajeno lo desvió de inmediato. ───¿Tú crees? Hah, es raro para mí estar sin ellos. Incluso verme al espejo se me hace extraño, aunque me... ¿alegra?
            
            Se detuvo. En realidad, más que alegría, la sensación se asemejaba a algo reconfortante, pero no halló el término preciso. Las palabras siempre se le escurrían cuando intentaba nombrar lo que sentía.
            
            ───...saber que no me sienta mal el color de mis ojos.
            
            Los pliegues de su fisonomía se elevaron apenas, sin rastro de falsedad. Aunque los halagos hacia su físico le resultaban habituales, que provinieran de Zyan alteraba la ecuación de una manera que no lograba comprender. Algo en su interior se tensó, obligándolo a inclinar ligeramente la cabeza y a bajar la mirada hasta sus propias piernas, como si estas guardaran un interés repentino. Ignoró el ardor que le ascendía por los pómulos y se forzó a inhalar.
            Todas aquellas reacciones debían tener sentido. Estaba seguro de ello. Pero no sabía cómo nombrarlas.
Reply

t-ouche

ㅤㅤㅤعے㍘︵ㅤ ㅤ Desde el instante en que descendió del estrado y fue engullido por una multitud copiosa, comprendió —con una claridad casi lacerante— que todo derivaría en el desenlace que sus progenitores anhelaban, aquel mismo que él aborrecía con obstinación silenciosa.
          
          Sus labios adoptaron un temblor casi inaudible; una oscilación mínima, pero lo suficientemente nítida como para evidenciar el agotamiento sedimentado durante aquella asamblea empresarial. Había pasado horas obsequiando sonrisas de consistencia quebradiza, articulando pláticas urdidas con intereses ajenos y procurando alianzas más por inercia que por auténtica voluntad.
          
          ¿En qué momento aquello alcanzaría su fin, siquiera? No había indicios de que fuese a desvanecerse pronto —llevaba escudriñando cada gesto, cada fisura del ambiente—, y aun así, en algún rincón silencioso de su interior, persistía la esperanza de que todo concluyera de una vez. Lo único que anhelaba era regresar a su hogar y rendirse a la cálida quietud de sus sábanas, como si en ellas pudiera desprenderse de todo el peso del día.
          
          Con un movimiento lento se humedeció los labios, percibiendo la aridez que los agrietaba. Dedujo enseguida que provenía de la verborragia continua, de la necesidad de mantener un diálogo tras otro sin tregua. Murmuró una disculpa hacia la figura frente a él —sin que su identidad le importara realmente— y se apartó con la intención de conseguir una bebida, preferentemente una exenta de alcohol —asunto aún delicado, quizá de por vida—.

parasi-te

Otro escalofrío recorrió su cuerpo ante el susurro cerca de su oído. Su cuerpo volvió a tensarse; sus movimientos torpes ahora se estaban notando un poco más. Al voltear de nuevo a visualizar su alrededor, notó varias miradas curiosas posadas sobre ellos; otras parecían de disgusto disfrazado. La última parte solo lanzó una mirada rápida antes de apartarla para seguir en lo suyo. Ser el centro de la atención de una multitud es lo peor que podría experimentar.
            
            Ya es la segunda vez que es ocasionado por este hombre.
            
            ───ㅤ es extraño que haya pasado esto ㅤ───murmuró igualmente. Su vista estaba puesta de nuevo en la cabellera dorada que ─casi─ reposaba en su hombro───.ㅤ no debe ser por mucho tiempo. 
            
            No sabe si lo dijo para tranquilizar al otro o para hacerlo consigo mismo; ambos eran los torpes en esa situación. 
            
            Se vio aún más cuando fue ahora a él a quien empujaron e hicieron que perdiera ligeramente su equilibrio; se estabilizó en cuanto ambas manos se lograron aferrar a las mangas del traje de Ninkyō. Esto estaba siendo aún peor de lo que había imaginado; se sentía un robot siguiendo de manera automática lo que creía correcto para no pisar accidentalmente al ajeno, lo cual sería tarea difícil si se quedan quietos más tiempo del habitual en el mismo sitio y hacen que, por consecuencia, las parejas choquen con ellos. 
            
            ───ㅤ lo lamento ㅤ───la disculpa fue baja antes de dejar de aferrarse demasiado al ropaje impropio e intentar que sus manos encontraran un buen lugar para posarse y que no quedaran simplemente flotando en el aire.
            ㅤㅤㅤㅤ섣랑    .ㅤ@t-ouche ¡¡
Reply

parasi-te

Hizo una reverencia a la mujer con la que estaba compartiendo pasos y siguió con su propia parte; memorizar y dominar cada uno de los pasos tuvo sus complicaciones, claramente, todo era muy de golpe, sin tiempo de procesamiento de por medio; era seguir fingiendo que sabía lo que hacía o quedar como idiota frente a la pareja de baile asignada. No sabe cuál de las dos es peor, ya que si la primera la ejecutaba de manera incorrecta, entonces lo llevaría a acabar de igual forma en la segunda situación. 
            
            Como siempre. 
            
            Cuando un traje se hizo presente en su campo de visión, rápidamente frunció el ceño. ¿Se habrá equivocado? No, eso no era posible, ¿cómo lo sería siquiera? Todo esto estaba escrito en probabilidades y, se suponía, que los cálculos nunca mienten, entonces, ¿cómo acabó emparejado con un hombre? Aún peor, con este en específico.
            
            ¿Cuánta probabilidad había?
            
            Su primera reacción fue querer voltear a sus lados para ver qué fue el causante de tal cosa. Podía ser que la hipótesis de que justo las parejas de hombre-mujer habían quedado desiguales por la falta de estas últimas; maldecía su suerte que justo le pasaran esas cosas a él. Iba a replicar o pedir disculpas y retirarse, pero no pudo, no cuando la mano del rubio quedó clavada en su cintura; aquello hizo que un escalofrío recorriera todo su cuerpo y quedó paralizado por al menos tres segundos completos.
            
            Y ahora sumaba que debía seguir pasos de los que no practicó en todos estos minutos ─porque simplemente no le correspondía aprenderlos para replicarlos─; la secuencia que hacían las mujeres. Esperen un poco, ¿por qué se supone que él estaba tomando ese rol en esto? ¿Qué no era mejor declinar e irse ambos por su camino y así evitaban este baile incómodo? Maldición, deseaba que la tierra se lo tragara en ese momento y lo escupiera en cualquier otro continente lejano. 
Reply

parasi-te

Qué dolor de cabeza. Ideó por algunos minutos serios cómo podría salir de la danza; sin embargo, algo lo retenía muy fuertemente en su lugar ─hablando de manera figurativa─. No sabía definir bien el qué o el porqué, ¿los murmullos de la gente? No, parecían estar más concentrados en su pareja. ¿Dejar desolada a alguna dama? Aunque la idea suena bastante lamentable, no lo cree tampoco. ¿La presión de una mirada penetrante encima de él? Bien, esa podía ser una posibilidad.
            
            Las miradas vienen de todos lados; unas duran los segundos necesarios para que sea lo usual, otras se quedan más tiempo del que deberían; en cualquier caso, es fácil sentir una así de penetrante. ¿Lo malo? Es que no podía deducir el lugar de donde viene si hay demasiada gente a su alrededor; podría ser cualquiera al final de cuentas, lo cual le hacía la tarea más complicada y una pérdida de tiempo. 
            
            Seguramente sería su madre. Es quien más lo instó a bailar, ya que ─literalmente─ fue ella quien lo dejó en manos de una fémina desconocida para bailar. 
            
            La danza siguió al igual que los cambios, no eran uno tras otro; de hecho, cada uno llevaba su tiempo determinado. Con cada mujer que le tocó, apenas se iniciaron algún tipo de conversación; unas parecían aún tímidas, otras más animadas y otras de plano no se esforzaban en esconder su desinterés. Al igual que él lo hacía, sus expresiones eran obvias al tener que captar que todo esto estaba fuera de atención. 
            
            Y con aquello, otro cambio llegó. 
Reply

t-ouche

ㅤㅤㅤعے㍘︵ㅤ ㅤ Estas situaciones jamás habían figurado entre sus preferencias. En realidad, ni siquiera comprendía del todo por qué había aceptado. Las ideas de Ophélie solían parecerle excesivamente teatrales, agotadoras, y ésta no era la excepción. Bien pudo declinar la invitación con una excusa cualquiera, pero justo cuando estaba por hacerlo, ella pronunció un nombre que desarticuló toda su negativa: Narcissò.
          
          Y ahí estaba la clave. No es que sintiera nada en particular —o al menos nada que pudiera nombrar—, pero algo en la mera posibilidad de verlo desmoronarse bajo la incomodidad lo impulsó a aceptar. Tal vez curiosidad, tal vez simple hábito de observar lo ajeno. Sea como fuere, se descubrió preparándose para asistir a un evento que, en otras circunstancias, habría catalogado como una pérdida de tiempo monumental.
          
          En ese instante, Ninkyō experimentaba —o al menos eso suponía, porque identificar lo que sentía siempre era un asunto difuso— una especie de remordimiento envuelto en terror mal disimulado. Aquella casa debía ser el escenario del pánico ajeno, no el suyo. Su papel original era claro: observador sereno, testigo de los gritos ajenos, quizás incluso un poco divertido ante la desgracia de Narcissò. Pero claro, el cosmos —ese bromista de pésimo gusto— decidió torcerle el guion.

parasi-te

───ㅤ ...vamonos ㅤ───murmuró mientras salía del espacio y prácticamente empezaba a arrastrar a su amiga, la cual con suerte y pudo gritar en agradecimiento a las otras dos personas que iban con ella.
            
            Y justo cuando creyó que podría empezar a relajarse, Cheryl habló de vuelta: "oye, el hombre que estaba contigo... se parece al que se te declaró en el bar". Eso le hizo acelerar el paso y sus pisadas se volvieron más fuertes. Era suficiente por hoy.
            ㅤㅤㅤㅤ섣랑    .ㅤ @t-ouche ¡¡
Reply

parasi-te

Los minutos siguieron transcurriendo mientras se quedaba sin mensajes cuales leer, hasta que llegaron nuevos, pertenecientes a su amiga esta vez:
            «Ya estoy cerca, creo»
            «Pero solo me dejaron pasar a mi»
            
            Bien, al menos no tendría que lidiar con que algún otro de sus compañeros lo viera en tal situación. No dudaba para nada que la chica les hubiese contado: pero una cosa es escucharlo y otra cosa es que lo vieran por su propia cuenta para burlarse de él. Ya tenía suficiente con las variadas cosas vergonzosas que le pasó frente a ellos y ahora las usan para mofarse de él.
            
            Y luego llegó otro mensaje cual le hizo arquear una ceja por mera inercia: «Por cierto, vengo acompañada de otras dos personas». ¿Serían acaso trabajadores? Ya que no encuentra otra explicación a aquello. No importa, solo tocaba ser paciente ahora y aguantar la sensación pesada del ambiente por otros cuantos minutos.
            
            No fue demasiado tiempo gracias a cualquier divinidad que le haya guardado un poco de piedad a su situación. El ruido afuera lo hizo enderezarse por instinto, acto seguido se vió ─nuevamente─ cegado cuando aquella puerta se abrió y lo primero que lo recibió fue la luz de la linterna de un celular. Tuvo que tapar sus ojos con sus manos para lograr acostumbrarse de nuevo a una iluminación.
            
            "Al fin te encuentro" la voz de Cheryl se hizo presente bastante rápido seguida de un suspiro. Un suspiro que denotaba el cansancio de seguramente buscarlo por un buen tiempo. Eso lo hizo sentir ligeramente culpable.
            
            Y, tal cual había dicho la anteriormente mencionada, había otras dos personas a su lado, aunque parecían más enfocadas en el hombre a su lado. Del cual por un momento había olvidado que seguía ahí y que era la principal razón de su estado tan tenso. Si ya se había calmado, entonces nuevamente varios de sus músculos se volvieron a tensar.
Reply

parasi-te

Su mirada no estaba quieta, sus iris se movían de un lado a otro en la oscuridad como si eso fuese a calmar todo en su entorno: para su grata sorpresa ─no realmente─ no funcionó. El ambiente por cada minuto que pasaba se volvía más incómodo, la espera se volvía eterna, pareciese que entre más deseara salir, más se tardaría su compañera en llegar.
            
            ¿Qué podía al menos hacer en ese momento de espera? ¿Ver el chat de Cheryl para fingir que está haciendo algo? Es demasiada estúpida la idea, pero es la única que se le ocurre para alejarse aún más ─metafóricamente─ del momento, de dejar de pensar en ello. Tal vez si lo hacía el tiempo estaría a su favor para empezar a transcurrir aún más rápido de lo que normalmente iba.
            
            Y lo hizo. Volvió a encender el celular para fingir estar haciendo algo.
            
            Pensó seriamente en escribirle a alguien, en preguntarle a su compañera si ya mero llegaba ó simplemente escribir alguna respuesta a uno de los tantos chats sin leer que tiene esparcidos. No hizo ninguna de sus propias opciones, en vez de eso, entró al grupo donde inicialmente empezó todo esto de la salida, yendo hasta mero arriba ya que, en su momento, ni siquiera leyó por completo todo.
            
            No vió nada interesante en ellos.. algo así, ya que era una tortura mental por el solo hecho de que sus colegas tenían planeado otros lugares para ir y Cheryl fue la que sugirió ir a aquella casa del terror por verla en una publicación aleatoria de alguien de sus conocidos. ¿Quién iba a pensar que esa decisión conllevaría a terminar de este modo?
Reply

t-ouche

ㅤㅤㅤعے㍘︵ㅤ ㅤ Sus orbes se deslizaron con escrutinio casi quirúrgico por las afueras del bar, dudando si adentrarse de nuevo tras aquel incidente donde, de manera paradójica, había "sustraído" y a la vez había sido "despojado". Su billetera jamás reapareció y una irritación difusa, líquida y silenciosa, se filtró por su interior, incapaz de traducirse en gesto alguno; un desasosiego que lo acompañaba como sombra insolente.
          
          Pero bueno, ya se hallaba en el lugar, sorprendentemente decidido, y ¿quién podía dictarle que no se permitiera el leve privilegio de beber, aun consciente de lo difusa que era su memoria?
          
          Sin más preámbulos, avanzó con pasos firmes, manteniendo una elegancia natural que parecía inherente a su porte. En su mente había ensayado aquel escenario: entrar al bar y ofrecer sumas absurdas como disculpa, un gesto casi mecánico de resarcimiento. Sin embargo, algo distinto surgía ahora; un interés frío y curioso lo impulsaba, una especulación sobre si el hombre que lo había tratado con arisca rudeza aún se encontraría allí, con el mismo humor —o quizá uno más áspero— esperando tras su semblante.
          
          Era, ciertamente, una sensación inédita, apenas perceptible, y sus labios se estiraron muy ligeramente antes de borrarla al cruzar el umbral del bar. Recorrió el lugar con mirada analítica: vacío en su mayor parte, aunque salpicado de figuras de aspecto dudoso. Su atención, sin embargo, se fijó en el de hebras beige. Ignoró el súbito vuelco en su pecho —posiblemente taquicardia, nada más—; lo que realmente le interesaba era el estímulo que lo había provocado, esa presencia específica que perturbaba su habitual ecuanimidad.

t-ouche

Sus pies se deslizaron con un intento torpe de elegancia hacia la puerta entreabierta, mientras su mente, todavía mareada, tejía un sinfín de movimientos futuros para acercarse a aquel hombre. Pero antes de atravesar el umbral, giró sobre sí mismo con rapidez felina y atrapó la mano ajena. Con un gesto ágil, se inclinó y depositó un beso fugaz sobre la piel, tan breve como eléctrico, dejando un rastro de intenciones sin pronunciar.
            
            Sonrió con pereza y satisfacción, como quien ya se siente vencedor, mientras se apartaba de aquel ser que acababa de designar como su nuevo desafío del año. Echó una última mirada atrás antes de perderse entre la multitud, que ahora parecía haberse densificado aún más, amontonándose como un río inmóvil de cuerpos y murmullos.
Reply

t-ouche

Ninkyō jamás, en sus veinticinco años, había conocido la palabra derrota. Oh, no. Para alguien nacido en una familia ambiciosa y prestigiosa, donde la grandeza se medía por la capacidad de aplastar a cualquiera —incluso a los propios lazos de sangre—, perder era un insulto imperdonable, una prueba de ineptitud que no merecía ni la más mínima atención.
            
            Era irónico que él, alguien que jamás había sabido cómo nombrar sus propias emociones, hubiera sido señalado como un proyecto fallido. Un ser que, al nacer, había tenido un valor extraordinario: único varón y a la vez hijo único, fruto de las dificultades de su madre para traerlo al mundo. Pero ese valor, antes tan elevado, se desplomó hasta la nada debido a su incapacidad para comprender lo que sentía.
            
            ──Hah...── soltó algo que apenas podía llamarse carcajada, vacilante y quebradiza, pero saturada de un torrente de emoción que parecía querer desgarrarle el pecho.
            ──No me importa lo que pienses ni lo que digas.── murmuró, dejando que la insolencia se enredara en cada palabra. Su mirada se clavó con una determinación fría, y no pudo evitar preguntarse qué tendría que hacer para que aquel hombre tomara en serio sus palabras.
            ──Te desposaré, quieras o no── agregó, con un deje de sonrisa torcida que rozaba lo desafiante. ──Aunque me cueste una década entera, nada ni nadie podrá arrebatarme lo que deseo.── finalizó, dejando que su certeza flotara en el aire, pesada y casi tangible, como un juramento imposible de romper.
Reply

t-ouche

ㅤㅤㅤعے㍘︵ㅤ ㅤ Con la cabeza —forzada por un impulso torpe— apenas inclinada, empezó a percibir un peso inédito, súbito, demasiado denso para sostenerlo solo con el cuello. Era como si el aire mismo se hubiese vuelto espeso, casi líquido, y su lucidez, ya vacilante, se desmoronara bajo su propio pulso.
            
            Un murmullo reverberó entre su oído y la embriaguez de su mente, como un eco de mil voces que —nacidas de una sola— se licuaban lentamente en el fondo de su razón deshecha. El suelo pareció mecerse bajo sus pies con el ritmo cansado de un oleaje distante. Cautivo del vértigo, apenas percibía la frontera entre su carne y la neblina que lo reclamaba. En su pecho palpitó un temblor desordenado, un revoltijo de anhelo, mareo y alcohol que acabó por torcerle los labios en una sonrisa vacía.
            
            Aun cuando de la boca de aquel ser —a medias divino, a medias cruel— escaparon cuchillas de voz disfrazadas de dulzura, su sonrisa no se borró; se amplió, temblorosa, como si en cada palabra hallara un placer incomprensible.
            
            Bien, sus progenitores siempre le habían inculcado que todo aquello que valiera la pena exigiría siempre sudor y lágrimas —una advertencia casi cruel para oídos tan jóvenes en su momento—. Y aun ahora, con la mente trastornada por el mareo, algún rincón sobrio de su pensamiento se las ingenió para interpretar el caos como un reto. Una prueba más que la vida, caprichosa, había decidido arrojarle justo en el instante menos conveniente.
Reply

t-ouche

      / le hago el amor & lo preño para que
                jamás me deje !!

t-ouche

estoy condenado
Reply

t-ouche

nací por ninzyan y moriré por ninzyan.
Reply

t-ouche

prometo hacerte reír y respetarte cada día de tu vida, te atesorare como el mayor tesoro de tda mi fokin lauf
Reply