Un pequeño adelante de mi nuevo libro.
Todo era observado desde un pequeño agujero en la madera. Dos niñas miraban con el rostro descompuesto; la mayor abrazaba a la menor con fuerza, intentando que no hiciera ruido.
La entidad se incorporó, lista para marcharse. Eso motivó a las niñas a acercarse un poco más, intentando ver mejor... pero ya no estaba.
Un silencio espeso cubrió la habitación por unos segundos. De pronto, el agujero fue tapado por una mano carmesí. La sangre chorreaba entre los dedos.
La hermana mayor reaccionó al instante, acercando a la pequeña hacia sí, alejándola del orificio.
—Qué interesante...