─ Hmmm, aún no tengo habilidades culinarias tan buenas, mi cielo ─el joven acunó en rostro de su amorcito entre sus manos con delicadeza, apreciando la belleza ajena─. Lo compré para ti en uno de mis lugares favoritos, me alegra que te gustará.
Una sonrisa apareció rápidamente, mientras un sonrojo se extendía por sus mejillas, lo suficiente para ser imposible de ocultar. Recibir elogios por parte de su novio lo hacía sentir emocionado y seguro, una calidez que no se comparaba con nada más.
─ Te estás tardando en hacerlo ─bromeó con el mayor.
Esta vez, no espero a que su amado hiciera el primer movimiento. Se alzó apenitas sobre las puntas de sus pies para alcanzar el rostro del contrario, la diferencia entre sus alturas no era mucha, pero en ocasiones como estas parecía que existía una gran brecha. Sin más, unió sus labios en un dulce beso. Sus movimientos siendo lentos, quería demostrar todo su afecto a través de este gesto.