ᯓ Era fácil confundir su estado con un simple resfriado, pero era mucho más complejo que eso, el destino era cruel y tenía que hacerlo pasar por esa clase de estado, ¿Por qué no le había pasado antes? Quiza por que antes no tenía pareja o... Realmente no encontraba sentido a nada de eso.
Sus párpados caidos casi con sueño, sus mejillas coloradas por su propia temperatura corporal, en cualquier momento podría colapsar contra su novio, pero hacia su mejor esfuerzo por mantenerse de pie, y por sobre todo, mantenerse sereno.
───── No... Fiebre no–... ───── Estaba tan malditamente caliente que no lograba pensar con tranquilidad y las manos del muchacho sobre sus mejillas solo parecían derretirlo aun más, no podía evitar apegarse a estas, buscando cualquier clase de contacto con desespero, necesitaba del Omega, debía encontrar algún modo de comunicar lo que tanto necesitaba... Y entonces se le ocurrió la manera perfecta cuando proceso que tenía a Aiga enfrente.
Tal vez este ya se había dado cuenta por merito propio, la forma en que reacciono era prueba de ello, por lo que no tuvo vergüenza alguna en acercarse un poco más, únicamente para capturar los labios del más bajo en un beso que aunque tranquilo, estaba lleno de deseo.
Los aromas se combinaban, y el aroma de Aiga que solo podría describir como el del campo, o el olor que se generaba después de una lluvia, se comenzaba a entremazclar con su propia fragancia peculiar, la de un rayo... O las cenizas que quedaban después de que un rayo cayera.
Tal vez hasta en eso estaban destinados, al compartir olores singulares, no había forma de que no debieran estar juntos.