Amistades, así es la vida.
Cuando Dee y Cazzy apenas se estaban conociendo, me era casi imposible describir algo tan bonito como un amor naciendo, porque a mí acababan de romperme el corazón, de lastimarme y de jugar con mis sentimientos.
Después, cuando ellos se separaron, fue igual de difícil escribir sobre el desamor estando tan bien con alguien que había llegado a mi vida de la forma más bonita que podía imaginar. Esa persona que aparece cuando menos lo esperas y le devuelve sentido a todo. Esa persona con la que sí te imaginas un futuro a largo plazo, y a la que eliges sin dudar.
Y ahora, cuando planeaba que entre Cass y Dee las cosas volvieran a funcionar, cuando pensaba en verlos juntos otra vez, tengo el corazón aún más roto que la última vez. Porque esta vez sí tenía algo real, algo que no quería perder. Y al ya no estar esa persona, queda un vacío enorme, como si al irse se hubiera llevado mi corazón con él.
Y aun así, todo el amor que sentía por él sigue intacto.
Y es ahí cuando te das cuenta de algo duro: puedes escribir mil historias de amor verdadero y, aun así, no lograr vivir una en tu propia vida.