CAPÍTULO 4: VIENEN POR MI...

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-¿Cómo saben quien eres? - mientras decía eso, solo escuchaba su voz, nunca la había oído así, no sabía la respuesta, no estaba segura de nada de lo que pasaba, era real?

-no se, pero tienes que estar tranquila

-Tu vendrás conmigo- un hombre me tomó del hombro y me jalo dentro de la casa, lo primero que vi fue una mesa vieja de madera, adentro olía a humedad y polvo, el sujeto me jalaba, volte un momento pero Dan no venía detrás- te doy un consejo, no la busques, probablemente ella no vuelva -el hombre era barbado y alto, no quería pensar lo que le harían

-¿Quiénes se supone que son?- eso fue lo único que se me ocurrió decir, no quería quedarme callada ante ese tipo, que podía hacerme daño , o a Dan

-Bueno, creí que lo sabías, nosotros lo sabemos todo

-Se que lo saben todo, pero por qué?- miedo, era algo que no podía permitir dentro de mi vocabulario, igual hiciera lo hiciera podía morir, el destino estaba escrito

-No te interesa, aquí solo eres el objeto de negociación, eres el punto clave en este círculo, y es hora de el siguiente paso

La casa era muy grande recorrimos un pasillo muy largo, alargado y angosto, sólo veía puertas, trataba de no imaginar demasiado, lo siguiente, solo fue entrar a un cuarto obscuro con un olor insípido, podrido, frío, estoy segura de que la luz no había entrado en mucho tiempo, el olor no provenía del cuarto, al menos no del mío, comencé a gritar

- Me dejarás aquí?¡¡

Lógico nadie respondió, me dejaron atada, sentí que pasaron horas, tenía sed, hambre, tensión, pero no miedo, esa sensación no correría por mis venas, no hoy.
...

Después de un largo tiempo escuche algo afuera de la casa

-No¡, por favor¡, haré lo que me pidan se los juro - era la voz de Dan, suplicando, gritando - ella no importa, solo déjenme ir, ya fue suficiente

Pasó un segundo y escuché un estruendoso ruido en mis oídos, una bala, mi corazón se detuvo, pegue la cabeza a la puerta, antes de que mi mejilla tocara la puerta alguien la abrió

-¡Vámonos! - era otro hombre, ahora de cabello claro y piel blanca, lucia desenfadado, vagabundo, drogado, un olor horrible salía de la habitación de un lado, conforme caminábamos por el largo pasillo, vi una puerta abierta , llegamos ahí y vi lo peor - ¡Te dije que la guardaras! - me asome solo un poco, vi el piso de madera vieja, nos detuvimos justo frente a la puerta y vi una cama, sobre ella reposaba el cuerpo de Dan sus mechas de cabello teñido de azul tiradas sobre la almohada de aquella cama sucia de sabanas cafés , su blusa ya rota tenia una mancha de sangre justo en sus espina dorsal, parecía dormida, esperaba que lo estuviera; los hombres hablaban, deje de escucharlos, cuando note que ella tenía una jeringa a un costado de la cama en un gabinete, vi sus brazos tirados, junto a ella volteada, dándome la espalda, solo duerme, me decía, era mentira, pero no lo quería creer, era lo más cercano a una familia real, ella se iba, se había ido, no hable con ella por última vez, estaba tan desolada que no note que el tipo que me sostenía tenía un arma apuntándome en la espalda, ellos hablaban y yo veía la habitación, un escenario funesto, horroroso, gire la cabeza para no verla más, mire al suelo y vi sus pantalones en la esquina de la cama, cosas asquerosas tiradas por todos lados, tenía una cadena en el tobillo, solo la medio cubría un pedazo de otra sabana café más desgastada, en sus piernas, marcas de dedos, moretones, rasguños, piquetes, no sé cuánto tiempo a pasado, llego mi hora de morir o eso es lo que espero.

-¿Por qué a ella?, ¡ustedes me buscaban a mi!- solo le grite con rabia al tipo que me apuntaba, no podía hacer mucho, creo que solo trataba que me matara

-¡Claro que esto es por ti!- el sujeto me golpeó en la cara tan duro que me desmaye de nuevo

Sin marcasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora