Hay muchas cosas que Sasuke odiaba de su vida. Probablemente la mayor parte de ella le ofuscaba, y no.
No era culpa de su vieja camioneta, ni del aburrido trabajo que tenía. Ni siquiera le molestaba en donde vivía, lo que comía o su rutina diaria.
Lo que más odiaba de ser él mismo... era su apellido.
No lograba comprender la obsesión que la gente tenía con ese nombre, cegados por el poder y el prestigio que creían obtener con tan sólo pronunciarlo.
—Cariño, hazme un favor y deja esa cara larga —lo recibió Mikoto con una sonrisa cálida mientras lo envolvía entre sus brazos—. Vamos, regálale una sonrisa a tu madre.
Hacía tiempo que no veía a su pequeño y amargado muchacho.
—Hola, mamá —respondió Sasuke con tono neutro, devolviendo el abrazo como pudo y forzando una leve sonrisa, suficiente para que ella supiera que estaba bien.
—Me alegra que estés aquí —dijo con esa mezcla de alegría y nostalgia que sólo una madre puede tener.
Quizá ella sí estaba feliz, pero Sasuke se mostraba reacio. Sólo había ido para no preocuparla, y, siendo sinceros, para evitar que fuera hasta su apartamento a gritarle y cuestionarle por qué no había asistido a la reunión familiar. Era mejor resolver las cosas con el menor drama posible.
—¿Hay alguna posibilidad de que me dejes ir ya a casa? —preguntó con una mueca de fastidio—. Ya me viste, estoy bien.
—Hijo, esta sigue siendo tu casa —respondió mientras lo guiaba de la mano hacia la entrada de la imponente residencia Uchiha—. Y no fui yo, precisamente, quien pidió que vinieras hoy.
Sasuke frunció el ceño, pero no dijo nada. Se dejó arrastrar por su madre, resignado.
La casa no había cambiado mucho desde la última vez que estuvo allí: seguía teniendo ese ambiente acogedor de las viviendas tradicionales japonesas, combinado con los toques modernos propios de los suburbios más costosos de Osaka.
Muy distinto al cuarto diminuto y al edificio que ahora llamaba hogar.
El Uchiha que renegaba de su propia naturaleza. Así solían referirse a él no sólo algunos empleados del banco, sino también ciertos miembros de la familia.
—Sí, claro... —suspiró.
Por alguna razón, que aún desconocía, su madre lo llamó esa mañana, pidiéndole que volviera a la casa donde, hacía mucho, fingió pertenecer. Era domingo, y no faltaban motivos para sentirse incómodo en esa residencia.
Hasta pensó que estaba perdiendo el día.
—¿Por qué me hiciste venir? —preguntó al entrar en la cocina, que, por cierto, olía delicioso.
Mikoto le sirvió agua en un elegante vaso de cristal y apretó los labios antes de responder:
—Tu hermano quiso reunir a la familia hoy.
Sasuke exhaló con fuerza y miró hacia un lado, como si el microondas de última generación fuera más interesante de ver que los ilusionados ojos de Mikoto. Así que todo había sido culpa del genial y asombro Itachi Uchiha, su hermano mayor.
—¿Dónde están?
—En el comedor —respondió ella, entregándole el vaso. Sasuke bebió de un sólo trago—. Te están esperando a ti.
Sasuke inhaló profundamente y enderezó la espalda, una forma de preparar su mente ante lo que le esperaba.
—Bien. Terminemos con esto de una vez.
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Sunflower | SasuNaru
Fiksi PenggemarSasuke Uchiha es un monótono oficinista que no tiene tiempo para nada más que trabajar. Y en uno de sus tantos días grises, termina conociendo a Naruto Uzumaki. Accidentalmente.
