22/07/25
Narra TN
Me desperté con el zumbido leve del reloj marcando las 7:00 a.m., ese sonido constante que por alguna razón me resultaba más irritante en los días importantes. Estaba nerviosa, lo admito, aunque no se lo iba a decir a nadie, y mucho menos a mis hermanos. Me senté en la cama y estiré los brazos, tratando de convencer a mi cuerpo de que levantarse valía la pena.
Me levanté, busqué la ropa que había dejado lista la noche anterior y me metí a bañar. El agua caliente me ayudó a relajarme un poco, pero mi mente no dejaba de pensar en todo lo que venía: un tren mágico, una escuela de hechicería, y una selección por un sombrero parlante. Una parte de mí seguía pensando que todo esto era una muy elaborada broma de papá.
Bajé las escaleras sin hacer mucho ruido. En la cocina, mamá ya estaba despierta, como siempre, moviéndose de un lado a otro como si fuera inmune al cansancio.
-Hola, mamá -saludé mientras entraba.
Ella se volteó con una sonrisa cansada.
-Hola, cariño. ¿Ya estás lista? Ven, siéntate.
-Sí, ya estoy lista -respondí, sentándome en la mesa-. ¿Me haces café?
Mamá frunció los labios con ligera desaprobación.
-Sabes que a tu papá no le gusta que tomes cafeína...
Puse mi mejor cara de puchero, labios temblorosos y todo.
-Porfa... plis...
Suspiró. Sabía que la tenía.
-Está bien -cedió mientras servía el café-. Pero sólo esta vez. Ten.
-Gracias, mamá -dije, tomando la taza y un par de donas del centro de la mesa.
En ese momento entró Klaus, con su típica energía caótica y cara de "dormí tres horas o ninguna".
-Hola, estrellitas -saludó, frotándose los ojos.
-¿Tú... despierto? -dije alzando una ceja- Se va a caer el cielo.
-Obi, nena -respondió, alzando los brazos dramáticamente-. Hoy nos vamos de este infierno.
Suspiró con una mezcla entre alivio y resignación.
-Ven, siéntate. Toma una dona -le ofrecí, empujando el plato hacia él.
Klaus agarró una sin dudar y se dejó caer en la silla.
-¿Y ya estás listo?
-Sip -dijo con la boca llena.
Uno por uno, los demás chicos fueron entrando, bostezando, quejándose o simplemente caminando como zombis. Era una escena muy... nuestra. Cada uno con su forma rara de existir.
De pronto, la voz autoritaria de papá resonó desde el salón.
-¡NIÑOS! ¡Bajen sus maletas que ya nos vamos! -y sin decir más, se dirigió a la chimenea.
Subí las escaleras junto a Mike, que parecía más despierto que los demás. Tomamos nuestras cosas y bajamos con todo el equipaje. Papá ya estaba impaciente.
-Vamos, no hay que perder el tiempo -dijo seco, como siempre.
Nos metimos uno por uno en la chimenea y, tras esa sensación rara de estar girando por un torbellino de fuego, aparecimos en la estación de King's Cross.
Era caótica. Muggles por todos lados, arrastrando maletas, empujando carritos, mirando sus relojes. Y nosotros... en nuestros ridículos uniformes de la Umbrella Academy. La gente nos miraba raro, pero a estas alturas ya estábamos acostumbrados.
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The Umbrella Academy y Harry Potter
AcakTN Lilith Hargreeves es una de los ocho niños adoptados por el excéntrico millonario Sir Reginald Hargreeves y creció junto a sus hermanos en la famosa Academia Umbrella. Desde pequeña supo que era diferente, pero a los once años comenzaron a llegar...
