El tintineante ruido que provocaban las cadenas al más mínimo movimiento que hacian les recordaba que aún seguían encerrados en aquella lúgubre y fría celda.
¿Cuántos días han pasado?
¿Cuánto tiempo llevan sin probar bocado alguno o beber aunque sea una gota de agua?
No lo saben, lo único que los mantiene cuerdos es saber que aún se tienen el uno al otro.
Han estado juntos desde hace más de diez décadas, saben que pueden confiar en el otro, darían su propia vida para salvarse entre ellos de ser necesario, el estar juntos les hacía pensar que podían contra el mundo. Siempre ha sido así, superan las pruebas juntos, esta también la superarían.
El silencio que inundaba en el lugar empezaba a molestar a uno de ellos, nunca había sido una persona del todo callada, de verdad odiaba aquel pitido que se albergaba en sus oídos.
"¿Alguna vez te han quemado vivo?" Preguntó uno de ellos, en un intento de disipar aquel molesto silencio que los envolvía.
"No... ¿crees que sea doloroso?" Dijo el otro mirando hacia su lado izquierdo, donde estaba su compañero.
No respondió, la respuesta nunca llegó, se vieron por unos instantes antes de reirse por la pregunta dicha. Si lo pensaban bien era absurdo, la respuesta era clara, iba a doler como el infierno, lamentablemente el dolor y agonía no acabarían con ellos.
Habían pasado por un sinnúmero de castigos y torturas; la horca, el tormento del agua, la garrucha, la doncella de hierro, el potro , este último lo habían pasado recientemente. La tortura fue alargada dado que sus piernas y brazos volvían a su estado natural tan pronto como se iban dislocando y estirando, por suerte no sufrieron desmenbramientos pero el dolor fue unos de los más fuertes que habían experimentados hasta ahora.
Las risas siguieron por unos cortos minutos hasta que escucharon el fuerte rechinar de la puerta metálica que los aprisionaba en aquel lugar.
Sus facciones se tornaron serias, casi aburridas, ahí iban de nuevo. No han aprendido, ni siquiera tras meses de tortura e intentos fallidos por matarlos se rendían, cuando entenderían que no pueden asesinarlos, ellos no pueden morir, por más que lo deseen no pueden hacerlo.
Unos de los hombres que ingresó a la habitación hizo que el menor de ambos se levantara del suelo, no protestó después de todo era inútil, solo esperaba que pronto se acabara.
Quizás era imposible matarlos, pero eso no significaba que no doliera todo lo que les hacían, algunas veces el dolor llegaba a ser tan insoportable que acababan desmayados y si por alguna razón morían revivian a los segundos, era un ciclo sin fin.
Al ver como obligaban a su hermano a pararse el mayor pensó que también irían por él así que se levantó antes de que se lo ordenasen, más nunca dirigieron palabras hacia su persona, solo observó como abrían una compuerta y tras esta se encontraron con una doncella de hierro.
A diferencia de las que conocía esta no tenía espinas de hierro dentro, era solo la caja. Antes de poder procesar que era lo que les harían escuchó como las cadenas de su compañero eran movidas bruscamente para apartarlo de su lado y dirigirlo hacia aquel objeto.
El menor de ellos se resistía a avanzar, si aquella caja no tenía espinas significaba que no iban a intentar matarlo, lo iban a encerrar.
"No, sueltenme" dijo mientras trataba de liberarse del agarre de los hombres. "Por favor no, esto no"
Por primera vez en su larga vida, tuvo miedo. No quería ser encerrado, prefería mil veces las torturas que el encierro.
"¿Qué hacen? ¿Dónde lo llevan?" preguntó el otro exasperado "¡Sueltenlo!"
Los hombres no respondieron ni accedieron a la petición, solo obligaban al chico a entrar aún a pesar de sus suplicas y ruegos. Quería ayudarlo, debía ayudarlo, había prometido cuidarlo no podía romper esa promesa.
"¡Wei Wuxian, ayúdame!" Dijo con miedo y temor en sus ojos mientras se movía bruscamente en los brazos de esos hombres."¡No! ¡Por favor!"
"¡Jiang Cheng!" Gritó por no poder ayudarlo "¡No se lo lleven!"
Sin poderlo evitar vio como su hermano era encerrado, en un intento desesperado por liberarlo dio unos pasos al frente, más las cadenas en sus muñecas le impidieron avanzar.
"¡Jiang Cheng...! ¡No...!"
Sus intentos por liberarse le hicieron sangrar, no le importaba el dolor en sus muñecas, ni lo que hicieran con él después, solo quería salvarlo.
Aún con sus intentos y gritos desesperados no pudo liberarse, desde aquella prisión observó como aquellos hombres se iban con su hermano encerrado.
Las cadenas en sus manos no dejaban de sonar, su cabello se alborotaba con cada movimiento que hacía, sus muñecas dolían, la sangre brotaba cada vez más y los gritos de sus hermano poco a poco se iban alejando de su alcance.
"¡Ahh! ¡Los mataré¡ ¡Los mataré a todos! ¡Lo juro...!"
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IMMORTALS
Fanfiction"Muerte" una palabra que no llegaba a ellos. ¿Cuántas veces han sido ya? ¿Diez? ¿veinte? ¿cien? ¿mil? No lo recuerdan, pero han dejado de intentar. Los años que llevan con vida los ha obligado a ver pasar millones de personas, todas con el mismo fin...