Capítulo III "Un paseo Nocturno"

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Han pasado dos meses desde el incidente de Alejandra, y posteriormente de "La Explosión de Cárdenas", nombre que le dieron los médios a mi obra de arte, recostado en mi sofá de terciopelo rojo, me encuentraba leyendo un libro que apenas habia conseguido la semana pasada, "El principe" de él gran maestro Nicolás Maquiavelo, sintiendo el cansancio en mis ojos, envueltos en un gran mar de letras, captando las palabras plasmádas en aquel escrito, la luz de mi salón era de color amarillo, a una bajo brillo, como si una vela estuviese iluminando el lugar, un ambiente que muchas personas podrian determinar como romántico, escuchando las sirenas de las patrullas amdar hacia el norte de la ciudad, recuerdo aquellas tardes de preparatoria cuando solía estar con esa chica tan bella de ojos esmeralda y cabellos oscuros como la noche, y su piel de tez clara, era tan resplandeciente como el mismo sol, recuerdo la vez que la invite a salir por la primera vez, su nombre era como el de una diosa, Isabela, tenia 17 años de edad en ese entonces, era un dia sábado, me encontraba preparandome para salir con Isabela, la chica de mis sueños, buscaba desahogarme de aquel acontecimiento...aquella tarde de diciembre...en la que...no pude salvarla, en la que me ha convertido en el desgraciado que soy ahora.

Saqué mi chamarra de piel oscura que me habia regalado mi padre al graduarme de la secundaria con buenas calificaciones, a pesar de ser tan vieja, no lucia desgastada, mi padre me habia contado que era un regalo de su padre al cumplir su mayoria de edad, y ahora pasaba a ser posesión mía, me gustaba el sonido que hacía al mover mis brazos, un sonido simplemente satisfactorio, no se si deba sentirme mal porque me guste el sonido de la piel estrujandose y estirandose, muchos amigos me llamaban loco por ello. Listo para salir con Isabela, me llegó un mensaje de Ricardo, que en esos tiempos se encontraba saliendo con otra chica, Janet, una jovén que acababa de conocer en la fiesta de graduación de la secundaria, ya llevaban algunos meses saliendo y las cosas se ponian algo serias, en distintas situaciones mi amugo Ricardo pensaba en casarse con Janet, en la mentalidad de un chico de 16 años era algo muy burdo pensar eso. Isabela se encontraba en la entrada del cine esperando mi presencia, un pequeño truco psicológico para probarla, el llegar tarde para ver si en verdad le interesaba nuestra cita, y al parecer estaba dispuesta a que se cumpliera con éxito.

Se veía ansiosa por mi llegada, ya que movia su cabeza de un lado a otro buscando mi figura espectral, camine hacia la entrada decidido a darle un gran abrazo, sus bellos ojos esmeralda se toparon con los mios y sentia una corriente electrica por todo mi cuerpo, me sentia nervioso por aquella mirada suya, era como una serpiente mirando a su presa, -Hola princesa-, la salude de forma amorosa mientras besaba sus bellos labios, aquellos labios rojos carmesi, que tenian un sabor extraordinario, -Hola...mi principe,- Respondio Isabela con una sonrisa de oreja a oreja, -Llevo un rato esperandote aqui, y no sabia si ibas a llegar,- Respondio con una voz dulce y sumisa, -El autobús venia retrasado, por eso llegue tarde, espero y me comprendas amor-. -No te preocupes, lo importante es que estas aqui, y podemos divertirnos un rato-, adjuntó Isabela, sin lugar a dudas, era el tipo de chica que cualquiera mataria por tener, yo lo habria hecho.

La película era de nuestro género favorito, peliculas de suspenso y horror, la típica cínta sobre un asesino asueldo, en busca de venganza, peliculas baratas que cualquier persona deduciría quien seria el asesino, más de una vez Isabela recurrio a mis brazos por un poco de protección, la pelicula solo era el justificante perfecto para pasar un buen rato, y hacerme olvidar sobre los acontecimientos de diciembre. Isabela disfrutó la pelicula, le gusto la trama y los personajes, personalmente, no la aclamaria tanto como lo hizo ella, ya que la trama la veia poco estructurada, y la historia era algo simple para mi gusto. Salímos del cine rumbo a los estacionamientos, era una rutina que llevabamos prácticando desde hace meses, siempre que acababamos de ir a algun lado, terminabamos en los estacionamientos o en callejones oscuros en búsca de algo de diversión, me gustaba besar sus labios y su cuello, al mismo tiempo de tocar todo su cuerpo de manera suave y relajada, como si me encontrara creando una pieza de arcilla, sus delgadas caderas me hacian olvidar mis problemas, recorria mis manos por sus grandes pechos redondos, eran como dos bolas de boliche, los tocaba con tal delicadeza que parecieran como si se fueran a romper, Isabela envuelta en la situción, comenzó a dirigir sus manos hacia mis pantalones, queriando dar el siguiente paso dirigí mis caricias por debajo de su falda, -OIGAN USTEDES DOS.

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