Capítulo 4: "El fuego azul"

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Su vista se encontraba fija sobre un cadáver, quizás a cualquiera le hubiese causado repugnancia ver ese rostro ensangrentado y los ojos abiertos, pero él era diferente había sido entrenado para estas circunstancias. Desde los 18 años había visto cosas similares o peores e incluso con personas cercanas, mientras vivía escenas del pasado, tragó saliva y colocó la mano derecha en el pecho, como si estuviese agarrando algo, pero el traje anaranjado se lo evitaba.

— Señor, ya hemos reportado al Dr. Fernández lo encontrado, se dirige hacía aquí.

El hombre que había dicho esto era su amigo y compañero de trabajo, el Cabo Marcos, un hombre frío, astuto y ágil. Raiko recordó la primera vez que se conocieron, asintió, solo quedaría esperar por la llegada de la persona que podría resolver estos enigmas. Colocó su mano sobre los ojos del cadáver frente a él y los cerró.

—Menuda forma de morir, golpeado por una tubería —murmuró, si hubiese estado sin el traje de contención, encendería un cigarro y fumaría por el alma de ese pobre hombre.

— Señor, queremos hacerle una pregunta —No era la voz de Marcos, sino del soldado Ernesto, uno de sus subordinados.

Los miró y asintió, notó como se acercaba el soldado, por un momento pensó que era algo estúpido, podían hablar por los intercomunicadores del traje, ¿por qué caminar?, pero luego recordó que la costumbre podía más que el momento, solo lo observó.

—Señor, ¿Por qué el Dr. le llamó Rey? —preguntó Ernesto.

El cabo Marcos soltó una carcajada, pero una mirada lo fulminó, Raiko odiaba que estas cosas sucedieran, pero no había de otra.

—Hace poco me ascendieron a sargento, todos los grados estaban listos, pero se les olvidó hacerme un traje de contención con mi nombre y grado, por eso tuve que colocarme el del antiguo sargento, Reymond, el Dr. solo leyó el cartel —Dijo mientras suspiraba y señalaba el letrero en su pecho.

Era algo tedioso lidiar con incompetentes y la base de mando sobrepasaba ese calificativo, llevaba 3 meses diciendo lo del traje de contención y nadie lo consideraba importante, lo más triste es que desde su perspectiva esto no lo iban a solucionar.

— Discúlpenos señor, me retiro a mi posición— Dijo el soldado haciendo un saludo militar.

Raiko movió su mano como señal para el soldado y observó como este se retiraba. Siguió observando el cadáver, le parecía raro, pero no le pagaban por investigar una muerte, sino por proteger el lugar y eso era lo que estaban haciendo.

...SHHHGGG "Sargento, sargento, estoy cerca de su posición, llegaré en 3 minutos, ¿todo bien?"

—Si Dr., todo en orden y en espera de su llegada —Respondió con su mirada fija al pasillo, como esperando la aparición del Dr.

No recibió respuesta, pero no lo consideró importante, ese tal Dr. Fernández era un asocial, una persona que la sociedad le da lo mismo, sintió pena por esa mujer que lo acompañaba, debería ser difícil ver a ese hombre sin sentimientos. El sargento recordó que cada vez que lo veía, parecía aislado, como si su mente estuviese en otro lugar. Excepto aquella vez que lo escuchó murmurar, se acercó para entender lo que decía y era una locura, el hombre hablaba de combinaciones de números y letras que él no sería capaz de recordar, un terrible lunático controlaba al ser que podría acabar con sus vidas en un abrir y cerrar de ojos, la maldita IA, su mente se oscureció, algo como lo ocurrido hace unos minutos estaba más que claro que ocurriría y todo era culpa de ese hombre que los miraba como animales sin importancia, seguro había escogido sacrificar todas esas vidas para mantener el gas encerrado, se mordió su labio inferior.

El día que todo cambió: C1BERATAQUEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora