El aliento se le atoró en la garganta, su mandíbula cayó al piso y sus párpados se abrieron para mostrar un par de ojos confusos. Satoru se quedó quieto en su lugar, completamente congelado e incapaz de reaccionar. Su mente trabajaba a mil por hora, trayéndole preguntas tras preguntas que no hacían más que confundir su pobre y atrofiada mente. Pensaba en moverse, pero sus extremidades no le querían hacer caso y él no podía hacer más que mirar al ser como si fuera un alienígena y estuviera a punto de hacerle una autopsia para examinar su cuerpo.
El momento le pareció eterno, pero sólo fueron un par de segundos.
Reaccionó cuando sus ojos captaron un movimiento y, por puro instinto de supervivencia, se echó hacia atrás, evitando así que el zarpazo del tritón le abriera la piel. Casi terminó tropezando con la mesita de noche, pero la esquivó por apenas unos centímetros.
Una leve molestia azotó su cuerpo al darse cuenta de que el ser había tratado de lastimarlo, lo que le sirvió para salir del estupor en el que se vio sumergido y analizar un poco más de la situación; el tritón se veía asustado, sus ojos miraban hacia todos lados con desesperación, se alcanzaba a notar un leve temblor en todo su cuerpo y mantenía una posición defensiva, más que listo para atacar en cualquier momento si alguien buscaba hacerle daño.
Satoru sintió pena por él.
Y una fascinación también, pero iba a dejar sus impulsos suicidas de curiosidad absoluta de lado para tratar de calmar al tritón.Probó moviéndose hacia atrás un poco más y obtuvo los ojos del otro sobre él rápidamente, pendientes de sus acciones, por lo que no realizó ningún movimiento brusco, sino que le dejó su espacio para que se sintiera, al menos, un poquito más seguro. Sabía que eso sería imposible, pues estaba en un lugar que nunca antes había visto, herido y solo, pero esperaba que tan siquiera dejara de sentirse amenazado como para dejar que Satoru se acercara sin que tratara de lastimarlo.
Gojō no quería una cicatriz en su cara, sería un desperdicio.
Así fue como pasó los siguientes minutos sin moverse, luego probó caminando lentamente por la sala y finalmente terminó sentado sobre su alfombra, al otro lado de la mesita de noche, mirando las reacciones del tritón. La criatura aún parecía vigilarlo, pero ya no tenía las manos con esas terribles garras frente a su cuerpo como medio de defensa. Había subido las piernas al sillón, muy torpemente si Satoru podía decir, y ahora las estaba abrazando con sus manos; su cuerpo estaba hecho bolita y el temblor que aún tenía lo hacía parecer más indefenso de lo que en realidad era.
Los ojos dorados que lo veían estaban logrando que sintiera compasión por él y eso era algo que nadie en los últimos diez o doce años había hecho que experimentara.
Ahora no lograba discernir si rescatar al tritón fue una buena o pésima idea.
Pero ya lo había hecho, no le quedaba más que joderse y pensar en una alternativa para hacer que la situación mejorara, pues no tenía planeado vivir el tiempo que el tritón se quedaría en su casa apartado de su sala. Sin darle muchas vueltas al asunto se levantó de la alfombra, mirando de reojo cómo su acompañante se recorría en el sillón para alejarse de él, y fue hacia la cocina.
Antes que hacer cualquier otra cosa sacó un trozo de pastel que había guardado en el refrigerador y se lo comió. Necesitaba algo dulce o iba a terminar teniendo otra crisis, y en lo que llevaba de ese día ya había tenido demasiadas, no quería más. Al terminar su pastel buscó en la nevera algo del salmón que aún debía tener ahí y volvió a la sala, con pasos cautelosos, para no asustar al otro.
Se dejó caer frente a la mesita de noche con suavidad y dejó el salmón en un plato frente al tritón. El chico lo miró con cautela, luego sus ojos se dirigieron al pescado frente a él y parecieron recuperar un brillito que habían perdido. La nariz del tritón se movió, olfateando el aroma y, por el gesto que hizo de lamer sus labios, Satoru supo que estaba hambriento.
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Wherever This Goes
FanfictionUna noche desastrosa de tormenta le traería a Satoru Gojō el que sería el más grande cambio en su cotidiana vida de maestro en la universidad Jujutsu. Conoció un mundo que hasta ese momento creyó mitológico, quedó encantado y se enamoró por completo...