Máderin Jones es una estudiante de último año de secundaria, tiene un talento peculiar, donde las emociones son protagonistas. De repente, en el camino se topa con personas que cambiarán su forma de ver el mundo, y así mismo pasar los momentos de...
—Por favor, solo cinco minutos más —dije adormilada— me siento como si solo hubiera descansado una hora —la alarma suena de nuevo— Ya entendí... —balbuceé cerrando mis ojos agotados.
Mamá no tarda en...
—Rin, ya despierta, llegarás tarde, ¡apúrate!
—¡Sí, sí, ya voy, mamá! —dije envolviéndome entre las sábanas para volver a recostarme.
—Ni se te ocurra quedarte dormida, Máderin, te lo advierto —retiró mis sábanas, descubriéndome— ¡Es tarde!
—No entiendo cuál es la necesidad de decir que es tarde, son las seis! —tomé mi frazada nuevamente.
—¡Rin! —quitó mi frazada de nuevo y comenzó a moverme como a una marioneta.
—Ya voy!
No me quedaba de otra. Bueno, por lo menos mi desayuno sería mi salvación, ¡Massimo, eres mi salvación!
Me levanté con toda la pereza del mundo y me dispuse a asearme. Estaba todo listo... Espera, ¡Hoy hay taller!
Bajé las escaleras tan velozmente, que casi me resbalo, quería llegar lo antes posible a la escuela. Por fin reabrían el taller, estaba emocionada.
—Buenos días a todos.
Mis piernas se movían sin control, entré a la cocina y ahí estaba Massimo.
—Massimo, que genialidad has hecho hoy? —no le dejé responder si quiera— ¡mhmm, esto se ve delicioso! —exclamé e inmediatamente tomé un bizcocho de la mesa, comía bocado tras bocado en cuestión de segundos.
Massimo le hacía señas a mis padres mientras reía.
—¡Rin! ¡Te vas a atragantar, tranquila! Ven come a la mesa —exclamó mi padre.
—¿Hoy hay taller? —Preguntó mi mamá.
—¡Sí! —Respondí entre bocados, desde la cocina.
—¡Jajaja, ahora todo tiene sentido! -Exclamó mi padre.
—¡Bueno, los quiero mucho y que les vaya bien!Nos vemos! —les di un beso en la mejilla a cada uno, muy ansiosa— ¿Colé nos vamos? —me levanté retirando lo que había usado.