Capítulo 2

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Este capítulo tiene contenido que puede llegar a ser sensible para algunas personas. +18.

Un tal 26 de abril de 2015, Elizabeth Torres y su hermano mayor, Simón, se encontraban solos en su casa. Un barrio de clase media, que apagaba sus luces a las diez de la noche.

En esa época, su hermano se reunía con sus amigos cada sábado por la noche gracias a la ausencia de sus padres los fines de semana. Con tan solo dieciséis años, Elizabeth, era espectadora de sus reuniones y muchas veces la hacían parte de las mismas.

Ella ya había probado la marihuana un par de veces con sus amigos en el colegio, también había probado el alcohol. Muchas veces a escondidas, y otras tantas en reuniones externas.
Generalmente,  iba a dormirse a eso de las dos de la mañana y los adultos de la casa se encargaban de hacer las cosas que no harían en su presencia.

Pero esta vez era diferente, porque todo se había ido de control a eso de las once, y la muchacha había corroborado qué era lo que hacían cuando ella iba a dormirse.

Se drogaban.

Pero no se drogaban con un porro, sino que picaban algo sobre la mesa de madera, en donde se posaba el jarrón que su madre tanto adoraba. La siguiente acción que cometían era inhalarlo o a veces con su dedo meñique se encargaban de meterlo por la nariz.

Era consciente, y sabía bien de que se trataba. Lo había hablado con Sarah en ocasiones y ella le decía en simples palabras: "—Eso es veneno puro, ni se te ocurra probarlo. Mí primo cayó en las duras gracias a eso"

A Elizabeth le pareció una exageración, si había probado dos veces el porro y no había caído en nada, ¿por qué no probar eso?

Aquí va un asunto importante a tener en cuenta: Ella sufría problemas con la alimentación.

Desde muy chica se encargaron de enviarla a terapia por la exagerada cantidad de comida que ingería a escondidas y por la nimia cantidad que comía en compañía.

A su padre no le pareció normal, no después de haber encontrado veinte paquetes de alfajores debajo de su cama.

La cosa empezó a empeorar cuando en verano se abrigaba hasta el cuello y no quería salir de su casa. Después de muchos jaleos de parte de sus padres, decidieron llevarla a un día de playa. Para despejarla y sacarla de la casa.

En ese intento de hacerla disfrutar, la madre la obligó a sacarse la polera que llevaba puesta. Luego de varios «no», tuvo que sacarsela a la fuerza y su madre enseguida vio el Qui de la cuestión. 

En sus brazos tenía marcas. Marcas de autoflagelación.

Fue una alerta roja.

Por esto mismo, y muchos detalles más, la enviaron a terapia. Sus ataques de pánico no tardaron en llegar y eso conllevó a qué la enviaran a un psiquiatra para recetarle medicamentos.

Con todo esto en conjunto, Elizabeth también sufría ataques de ansiedad de vez en cuando y eso afectaba su día a día.

Ese año de escuela, el amor de Stefano había sido un caos. La ausencia de sus padres por el trabajo también. Él único  referente era su hermano.

Un niño igualmente herido con dos años más arriba, que había acudido a las drogas y el alcohol para subyagar los problemas que nunca pudo resolver.

Cuando Elizabeth vio esa situación, y también vio los rostros de aquellos muchachos, supo que tal vez había una forma de volver a sentir eso que sentía cuando se cortaba.

Ese alivio.

Así, comenzó a engañar a su madre con el pretexto de sus límites y sin que se diera cuenta, empezó a hacer con sus pastillas lo que ellos hacían sobre la mesa.

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⏰ Última actualización: Jun 03, 2022 ⏰

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