Guardé mis libros en mi casillero y lo cerré, al igual que mi mochila y la colgué de mi hombro. Me dirigí a la cafetería, donde me formé por aproximadamente diez minutos antes de obtener mi bandeja. Pagué en la caja y me giré para buscar a Ángela.
Cuando la vi parada al lado de la puerta ella también se giró a mirarme. Con una mirada me indicó que la siguiese. Esperé un minuto, después de que ella salió, y la imité. Por el corredor la vi a unos veinte metros así que la seguí a distancia.
Por el camino me encontré al trío de torpes(de verdad les quedaba el sobrenombre). Cuando pasé a su lado el rubio intentó tirar mi bandeja, pero la aparté a tiempo.
-Deberían conseguir nuevas formas de molestar. La rutina aburre-mencioné sin girarme, para no perder a Ángela.
Apresuré el paso, por lo que no escuché si habían respondido a mi comentario.
Seguí a Ángela a distancia hasta que la vi esperando al lado de las gradas.
-Que bien que viniste-sonrió mientras subíamos las gradas y nos sentamos en medio.
-Mejor estar aquí que allá dentro, con los tres idiotas. El sólo verlos me quita el apetito.
-Sí, bueno, no son muy agradables.
-Lo que no comprendo es por qué nadie ha hecho nada-partí un poco del filete y lo llevé a mi boca con el tenedor, metiendo después una zanahoria de las verduras al vapor.
-Te he dicho que ya hubo quien lo intentó, pero fue eso, un intento. Tiene dominado el colegio por donde lo veas. Los tres forman parte del equipo de fútbol y soccer, y son los mejores. Sus papás donan cantidades extravagantes de dinero y simplemente reparten las mejores palizas. Además, aquí la escuela significa un lugar donde conocer futuros socios de negocios y no tanto estudio, por eso es importante no molestarlos y agradarles.
-Así los haces sonar como la mafia. "Por traidor, tendrás que dormir con los peces"-traté de hacer una voz más gruesa y con acento italiano mientras movía la mano adelante y atrás, con los cinco dedos juntos.
-"Podría contarte, pero tendré que matarte después"-agregó ella con la misma expresión seria. Las dos nos hachamos a reír. Cuando el estómago nos dolió y nos obligamos a parar, Ángela señaló detrás de mi.-¡mira, ahí vienen mis amigos! Te presentaré.
Me giré para ver a un chico y una chica caminando con sus bandejas. La chica tenía un estilo gótico muy marcado y el pelo tan corto como el de un chico y de color morado.
Sin embargo, el que llamó mi atención fue el chico. Tenía la vista fija en su bandeja, pero cuidaba de no caerse. Era un poco más alto que yo y delgado, pero no flaco. Su cabello castaño cubría casi todo su rostro, pero pude ver que tenía una piel pálida muy suave y perfecta y unos labios muy bonitos y rosados.
-Chicos-los llamó Ángela-ella es Luce, es nueva y es mi amiga-sonrió con autosuficiencia.-Ellos son Marisol y Nathan-los presentó.
Dejé la bandeja a un lado y me levanté para saludarlos. Primero estreché la mano de la chica gótica y después la del chico, que se dignó a mirarme, mostrándome sus bellos ojos verdes rodeados de espesas pestañas castañas. Sin poder evitarlo lo tomé de las mejillas y me acerqué hasta que su nariz chocó con la mía.
-Wow, tus ojos son verdes. Son realmente bonitos-murmuré, examinándolo-¿sabías que sólo el dos por ciento de la población mundial tienes los ojos verdes?-pregunté, sintiendo las miradas extrañas que me mandaban las dos chicas, mientras el chico estaba sonrojado. Era realmente adorable.
-Pero tu tienes los ojos verdes...¿por qué te sorprendes?-preguntó Marisol. Me encogí de hombros y me aparté un poco.
-Bueno, no había visto otros ojos verdes aparte de los de mi papá o los míos. Además él es tan pálido que resaltan-contesté con simplicidad.
Era cierto que había mucha diferencia, ya que mi papá tenía la piel muy morena y yo algo bronceada, al menos lo suficiente para sobresalir en una escuela llena de pálidos a los que no les da el sol. Además, mis ojos eran más pálidos, los suyos parecían esmeraldas.
-Bueno...mmm...¿gracias?-habló en voz baja Nathan, sonrojado otra vez. Sentí que el estómago se me contrajo y tenía la necesidad de apretar sus sonrosadas mejillas. Contuve el "aaaww" que quería brotar de mi garganta y me volví a sentar, rogando en silencio que Nathan se sentara a mi lado.
Al parecer alguien estaba de buenas allá arriba, porque Nathan se sentó a mi lado, aunque a una distancia considerable, mientras que Marisol frente a nosotros, en la grada de abajo.
-¿No serás tu la Luce que se atrevió a desafiar a James y sus amigos, no?-preguntó Marisol y yo me encogí de hombros como única respuesta.
-Sí, tendrías que haberla visto patearles el trasero.
-¿Y...qué pasó e-en tu mejilla?-Nathan me apuntó con el tenedor y sentí mis mejillas calientes.
-Bueno, ayer el trío de torpes intentó ahogarme. Esto-señalé mi pómulo derecho-pasó cuando James me lanzó al suelo.
-¿No te duele?-Nathan levantó la mano, como si pretendiera acariciar mi mejilla, pero la bajó inmediatamente, sonrojándose, al igual que yo. Me encogí de hombros.
-No mucho. Pero debes verlo a él. Tiene uno más grande en la mandíbula.-sonreí satisfecha.
-¿Tu sé lo hiciste?-preguntó esta vez Marisol. Asentí sonriendo.
-Lo pateé-expliqué.
-Wow-murmuraron las dos chicas.
-Tengo un gel que puede ayudarte...si quieres-ofreció Nathan. Sonreí sonrojada, otra vez, y asentí. Al menos no era tan pálida como Nathan. En él el sonrojo era muy notorio.
Él se giró y sacó de su mochila un gel. Antes de que abriera la palma de mi mano frente a él, ya estaba desenroscando la tapa y poco después lo estaba aplicando en mi mejilla.
Su mano dejaba un rastro caliente por donde tocaba. Ignoré la punzada de dolor que me recorrió, a pesar de que él tenía mucho cuidado, ya que estaba muy a gusto con su mano en mi mejilla.
-¿Y cómo lo golpeaste?-Marisol rompió el silencio.
-Si quieren les muestro-las dos asintieron emocionadas, por lo que dejé la bandeja a un lado y me puse de pie-ven Nathan.-pedí.
-¿P-para qué?-preguntó sin levantarse.
-Necesito que alguien me ayude a poner el ejemplo y tu eres el más alto y fuerte, además, eres sólo unos centímetros más bajo que James-él asintió después de pensarlo y me siguió cuando bajé las gradas, al igual que Ángela y Marisol, que se sentaron en la primera grada.-bien, párate ahí y no te muevas-ordené, acomodando a Nathan.
Me puse en la posición del día anterior e inhalé hondo. Salté y estiré la pierna derecha, pasando mi pie frente al rostro de Nathan. Aterricé en mis dos pies, de frente a Ángela y Marisol, que me miraban con los ojos como platos.
-¡Wow!-dijeron ambas mientras aplaudían.
-¿Qué más sabes hacer?-preguntó Ángela. Sonreí y me giré hacia Nathan, que también me miraba con los ojos como platos.
-Ahora, Nathan, intenta atacarme.
-¿C-cómo?
-Atácame-ordené, adquiriendo una posición de ataque, pero el chico no se movió de su lugar-sólo intenta atacarme.
Me acerqué a él y lo tomé por ambas manos, colocándolas en mis hombros. Con mi brazo derecho formé un círculo lentamente, pasándolo frente a mi y golpeándolo justo del lado interno del codo, provocando que me soltara.
Me acerqué más a él y enredé mi pierna derecha con la suya y lo empujé, haciéndonos caer a ambos al pasto de la cancha. Rápidamente me senté a horcajadas sobe su estómago.
Sentí algo revolverse en mi estómago al verlo a los ojos, pero lo ignoré y me giré hacia las chicas, en las gradas. Marisol veía la escena divertida mientras que Ángela parecía algo incómoda pero intentaba sonreír, acomodando sus gafas en el puente de su nariz.
-Y así, chicas, se somete a un posible agresor-sonreí.
-¿Y que pasa si te ataca en el suelo?-me giré a mirar a Nathan cuando lo escuché. Me miraba con una sonrisa muy linda, que me desconcertó el tiempo suficiente como para que él diera vuelta a la situación.
Rodando se colocó sobre mi y, antes de que pudiera evitarlo, me estaba haciendo cosquillas.
-¡No, para!-pedí-cosquillas...no-dije entrecortado.
-No eres tan ruda, ¿he?-se burló. Al parecer había tomado la suficiente confianza como para dejar la timidez a un lado, y ese Nathan me gustaba más.
-Ya...me...rindo...para-logré pronunciar entre carcajadas, mientras me retorcía debajo de él.
-Bien, tendré piedad de ti-sonrió y se levantó, tendiéndome una mano para ayudarme.-¿quien dijo que un chico del club de ajedrez no podía vencer a una chica en una pelea falsa?-sonrió cuando estuve de pie. Sonreí de vuelta sin poder evitarlo, sintiendo las mejillas calientes aún por las cosquillas.
-Oh-oh-murmuró Marisol.
Aún tomada de la mano de Nathan, me giré para ver lo que Marisol veía. Mi cuerpo se tensó al ver al trío de torpes acercándose a nosotros, refiriéndome a Nathan y a mi.
-¿No entendiste el mensaje? No debes acercarte a ella-dijo James, cuando se paró frente a nosotros, empujando a Nathan del hombro. Inmediatamente me puse entre ellos, sosteniendo con más fuerza la mano de Nathan.
-Déjalo en paz, O'Donnell.-lo encaré.
-¿Tiene que protegerte una chica? Eso sí es tener pocos pantalones-se burló James, pasando de mi.
-¿Tienes que venir con tu dúo de gorilas? Eso sí que es falta de testosterona-escuché una risita proveniente de Marisol mientras James me miraba enfurecido.
-Tu no te metas, perdedora, el problema no es contigo-James me empujó del hombro, aunque no tan fuerte como a Nathan, pero me hizo chocar con el pecho del chico. James apretó la mandíbula cuando Nathan se puso frente a mi, mirándolo a los ojos. Podía sentir su mano, aún unida a la mía, temblar. Me dio un apretón, como para infundirme confianza, cuando era él quien temblaba como una hoja.
-N-no la m-molestes-murmuró.
-No te atrevas a decirme qué hacer, ñoño-cuando vi el puño de James levantarse y dirigirse a la cara de Nathan, que cerraba los ojos con fuerza, esperando el golpe, me adelanté y me interpuse en el camino.
El puño de James se detuvo a centímetros de mi rostro. Gracias a los pasos que Nathan y yo habíamos estado dando, mi pecho se encontraba casi pegado al suyo.
-No te atrevas a golpearlo, O'Donnell.-lo miré amenazante.
-Deja de defenderlo-gruñó, inclinándose a mí rostro.
-Deja de meterte donde no te llaman, si quiero dar la cara por él es mi problema.
Él me tomó por el brazo, con demasiada fuerza.
-Te he dicho que no me retaras, espero que estés preparada para tu infierno personal.
-¿Y tu serás el diablo?-me burlé-no hay nada que puedas hacer. Puedo defenderme sola y si logras que me expulsen conseguiré otro colegio feliz.-sonreí, casi podía ver su cerebro funcionando para dar una respuesta buena.
-Ya verás que encontraré la forma...siempre lo hago-sonrió y soltó mi brazo, dándose la vuelta y caminando con sus amigos. Después de unos pasos se volvió a girar-por cierto, nos vemos después para hacer el proyecto.-sonrió con arrogancia, la única manera que, estaba segura, era capaz de sonreír, y se volvió a girar, caminando por el césped del campo.
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Simplemente Ella (SE#1)
RomantikLuce tiene que viajar y quedarse con su molesta madre y su molesto padrastro cuando su papá es enviado a una misión del trabajo. Detesta la vida allí, sobre todo por el hecho de no poder estar cerca de sus amigos. Las cosas no mejoran cuando entra a...