Cap.1 ¡¿Auron?!

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Miró a su alrededor observando atentamente los túneles estrechos que parecían no tener fin, resignándose a confirmar que cuidaba un pueblo de completos dementes.

Se supone había bajado para regenerar más minerales, que se habían agotado gracias a que la gente de por aquí picaba como una enferma. Y cuando decía la "gente" se refería más a cierto integrante del pueblo que se volvía un completo peligro cuando de minar se trataba.

Dió la vuelta de nuevo encontrándose con una mina natural, se veía pequeña, pero al parecer era mucho más grande de lo que se imaginaba.

Se agachó un poco tocando con su palma el suelo, viendo como parte de este se tornaba diferente a los demás, resaltando algunos brillos del color plateado. Había creado hierro. Y no solo se detuvo allí, siguió rellenando espacios vacíos de minerales que habían sido picados, con calma y paciencia, hasta que un zombie se dirigió a él. No sabía el motivo del porque había creado a esos seres tan despreciables, pero lo cierto es que era divertido ver cuando las personas luchaban contra ellos creando a veces escenas divertidas. En fin, ventajas de ser un Dios.

Sin inmutarse se dió la vuelta para seguir avanzando escuchando el molesto sonido que salía de la boca del zombie, o así fue hasta que un rayo cayó detrás suya, hoy no tenía ganas de pelear.

El molesto sonido de el muerto calló, sin embargo, otro sonido llegó a sus oídos. Un chillido de angustia y desespero que el más que nadie sabía de que se trataba, se escuchaba detrás de la pared.

Con duda cruzó la pared, desprendiendo una gran luz blanca y ahí, un bulto de ropa que se movía desesperadamente le recibió. Se acercó con cuidado, arrodillándose para ver más de cerca, retiró la prenda de su vista solo para poder divisar unos grandes ojos bicolores observándole con pequeñas lágrimas cual cristales. Mejillas regordetas que a simple vista parecían dos pétalos de rosa. Suaves y coloradas, sumándole una boquita parecida a un bombón color rosa pastel. Pero lo que más llamó su atención fue la característica peculiaridad en el cabello del menor. Un mechón de fuego que soltaba pequeñas chispitas a los lados y que se perdían al llegar a la altura de este.

Era idéntico a Auron.

¿Auron tuvo un hijo? No, era completamente imposible, ni siquiera tenía pareja, entonces, ¿Porqué tanta similitud? Tal vez... Oh no, tenía que contactar con los demás Dioses.

Cerró los ojos, concentrándose y perdiéndose en su mente, cuando los volvió a abrir estos eran de color blanco en su totalidad, era una señal de alarma.

—¿Qué ha sucedido Heberon?

—¿Ha pasado algo?

—¿Alguna ilegalidad?

—Tranquilos—Pensó, para dar el mensaje telepáticamente—Necesito que me digan si Auron se encuentra en el pueblo.

No recibió respuesta pero sabía estaban en ello. Él tenía entendido que si ese bebé estaba en la mina no era casualidad, algo había sucedido. Con precaución tomó en brazos al niño cubriéndolo con la sudadera rosada que se encontraba en el suelo. Ni siquiera sabía porque preguntaba por Auron si sabía que esa ropa era suya. Recordó entonces que había pociones raras y entre tantas de ellas estaba la de rejuvenecer, contando que estaban al lado de una mina natural donde solían resguardarse magos y hechizeros. Estaba claro lo que había sucedido.

En su mina no está.

Recibió el mensaje.

Tampoco lo vi por el pueblo.

—La casa está sola.

—Revisé la zona, no pudo ir de exploración.

—Gracias chicos—Agradeció.

You shine [Auronbowl] TortillalandDonde viven las historias. Descúbrelo ahora