|Hay dolor, pero no dejare que se convierta en odio, no, no dejare que esto me cambie. Nunca perderé de vista quien soy por dentro, ahora lo sé, si lo sé, no puedes tomar mi juventud, esta alma mía nunca se romperá siempre y cuando me despierte hoy...
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PREFACIO
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La familia Blackwood sacaba del camión de mudanza varías cajas para meterlas al departamento nuevo, era todo un trabajo intentar no caerse en las escaleras.
Evie juntos a su madre baja algunas pequeñas cosas que no pesarán demasiado para la menor, mientras su padre, Matthew Blackwood cargaba las cajas pesadas junto al hombre que los ayudo con la mudanza.
Evie se movió a un lado de la puerta al ver que su padre entraba cargando una caja, él le guiñó un ojo sacándole una pequeña risa a la rubia, Evie pudo notar como en la puerta de enfrente el departamento se encontraba entre abierta había un niño de aproximadamente seis años mirándola curioso, cuando el pequeño castaño notó que la rubia lo miraba cerró la puerta.
— ¿Todo bien, Peter? — preguntó May Parker saliendo de la cocina con un pastel de chocolate que tenía unas fresas encima, había comprado ese pásatele esa mañana, le había dicho a Peter que lo había horneado, con su corta edad el pequeño Parker sabía que su tía no había hecho ese pastel, pero cuando ella le preguntaba, él decía con una sonrisa que le había quedado muy rico.
— Hay... hay un ángel... digo hay una niña enfrente.
Peter se acercó al sofá donde se sentó estando un poco avergonzado de sus palabras, la niña le había parecido túmida, pero también se veía como una gran compañera de aventuras y con quien verías un largo maratón de películas un sábado por la tarde comiendo gomitas. May dejó el pastel en la mesa del comedor.
— Había escuchado que se mudaba una familia, debió haber llegado ya.
Peter asintió escuchando a su tía, se puso de pie para sentarse en las sillas. May lo meditó unos minutos al ver la determinación en el rostro de Peter, quien previa un poco curioso ante la niña que había visto.
— Peter — lo llamó May, el pequeño la miró. — ¿Quieres ir a preguntarle a nuestra nueva vecina si quiere una rebanada de pastel?
Peter jugó con sus pies mientras estaba sentado.
— Está bien, tía May...
Peter se puso de pie, acercándose a la puerta para salir, May se quedó en el marco de la puerta mirando a Peter quien iba a buscar a su nueva vecina.
Evie estaba en el interior del departamento ayudando a su madre a dejar algunas cosas.
Las dos mujeres Blackwood escucharon unos golpes en la puerta abierta, las dos dirigieron la vista hacia la puerta encontrándose con un niño de cabello castaño quien parecía un poco tímido.
— ¿Si? — preguntó Briana Blackwood mirando al pequeño.
— Disculpe señora, quería invitar a su hija a comer un poco de pastel — hablo Peter mirando a la señora Blackwood.
Briana miró al chico, para después ver en la puerta a May, quien le saludó y dio un asentimiento. Briana sonrió, miró a Evie a su lado.
— ¿Quieres ir?
Evie asintió, no iba a rechazar la oferta de comer un poco de pastel.
Se acercó a Peter, los dos caminaron hacia el departamento de enfrente mientras May se dirigía a la señora Blackwood.
Al entrar al departamento de los Parker, Peter guió a Evie hasta la mesa, para acercarle un plato y servirle un poco de jugo en un vaso.
May entró unos minutos después, luego de asegurarle a la señora Blackwood que estaría en buenas manos. Corto dos rebanas de pastel dejándolas enfrente de ambos niños.
— ¿Cuál es tu nombre cariño?
— Evangeline— respondió la rubia. — Pero mis padres me llaman Evie.
— Bueno Evie, yo soy May, él es mi sobrino, Peter.
Peter le sonrió a Evie. May le hizo un par de preguntas más a Evie intentando conocerla más, y sobre todo que se sintiera bienvenida, Peter aportó algunos chistes a la conversación.
Al terminar el pastel los dos se fueron a jugar un rato, para después Peter ayudar a Evie a sacar la cosas de l mudanza, al terminar el día los dos se habían llevado bien, e incluso Evie invito a Peter a ayudarla a pintar su habitación.
Así fue como inicio la amistad de Evie y Peter, con una mudanza por parte d ella familia de la rubia y una rebanada de pastel de chocolate con fresas que le ofreció May Parker, quien diría que los maratones de películas y las tardes de pintura unirían a estos dos jóvenes que se harían mejores amigos, o incluso algo más.