No estoy muy seguro de qué hora era, pero sabía que por lo menos ya eran más de las 6:45, la luz se filtraba entre las cortinas blancas de mi habitación y se escuchaban los sonidos de la ciudad despertando.
No había dormido en toda la noche, sentía el cansancio en mis ojos pesados. Me había quedado acostado en mi cama pero no pude dormir.
Apenas salimos de clases Joseph me trajo hasta mi casa en su auto. Se suponía que tenía un partido de béisbol importante y tenía que ir al entrenamiento, pero insistió en que no podía regresarme solo a casa pues tenía "fiebre" y estaba "desorientado", así que le parecía un peligro que yo estuviera moviéndome por la ciudad con peligro de desmayarme.
Llegamos a mi casa, me subió hasta mi cuarto, me ayudó a sentarme en mi cama y después solo se quedó mirándome mientras yo observaba el piso.
–¿Sientes algo más? ¿Te duele algo?
Joseph se escuchaba preocupado pero había una nota de frustración en su voz.
–Realmente me siento bien, no tienes que preocuparte.
Dije con un hilo de voz mientras intentaba darle sentido a lo que había pasado hace unas horas con la chica de ojos de aceituna.
–Owen... Sabes que me molesta mucho que me digas cosas así. Aunque he de admitir que me alivia saber que al menos aún sabes hablar.
Aún había un poco de ánimo de bromear en él, pero yo sabía que estaba frustrado y algo cansado
–Así que por favor, deja de evadirme y dime si sientes algo más, quiero ayudarte amor.
–Creo que solo me siento cansado por ahora, me gustaría dormir. Lamento tener que cancelar nuestra cita de hoy, te lo compensaré.
Suspiró un y se sentó a mi lado. Sabía que él entendía hasta cierto punto, que me sentía mal y que dormir me iba a venir bien.
–Está bien, iré a entrenar unas horas extras con el equipo, si algo necesitas llámame y vendré, no importa la hora ¿está bien?
Me envolvió en un abrazo cálido y me dio un beso en la frente.
Asentí y le di un beso en su clavícula, ya que era dónde alcanzaba pues me había acurrucado en su pecho.
Se levantó de la cama y salió de la habitación.
Me quedé acostado, al principio si intenté dormir, pero cada vez que cerraba los ojos solo podía verla a ella, su silueta y su aroma a lavanda y vainilla.
Di vueltas en la cama hasta que quedé boca arriba viendo el techo, seguía intentando descifrar aquellas reacciones de mi cuerpo al estar tan cerca de ella, aquellos pensamientos y emociones que jamás en mi vida había sentido.
Apreté mis labios con fuerza e intenté convencerme de que todo aquello había sido la emoción de conocer a alguien nuevo, por ya no estar sentado solo durante mi clase de biología.
Esta respuesta me parecía medianamente aceptable, pero no me convencía del todo. A mí no me agradaba conocer personas nuevas, de hecho me asustaba mucho tener que convivir con alguien ajeno a mi mundo y círculo social, así qué ¿Por qué con Marlena era diferente? ¿Por qué se había despertado tanto interés en mí? ¿Qué tenía ella que fuera tan llamativo?
Mi corazón comenzaba a acelerarse mientras más me cuestionaba a mí mismo y sentía como mi respiración se aceleraba cuando pensaba en ella.
El sonido de mi alarma fue lo que rompió esa burbuja de interrogación.
Di un brinco y de un golpe la apagué.
Increíblemente aunque no había dormido nada, llegué tarde a clases.
Como ayer Joseph me había llevado a mi casa en auto mi bicicleta se había quedado en la escuela, así que además de no haber dormido tampoco había desayunado nada, corrí los 2 kilómetros de mi casa hasta la escuela lo más rápido que pude.
Diría que mi motivación era no querer suspender materias, pero en realidad lo que me había motivado a no perderme la primera hora de clase era que esa primer materia era biología.
–Tienes que averiguar qué es, qué tiene ella, qué la hace tan cautivadora. Tienes que conocerla.
Me dije a mí mismo en el espejo mientras me arreglaba el desastre de cabello que tenía.
Haría todo lo que estuviera en mis manos, incluso más, para resolver qué era lo que Marlena tenía para hacerme reaccionar así.
Sonó el timbre de entrada, apena alcancé a entrar al aula y ahí estaba ella.
Estaba sentada en el lado del pasillo, tenía su cabello atado en una coleta pero algunos cabellos cortos estaban acomodados detrás de su oreja y enganchados con sus lentes redondos.
Caminé lo más tranquilo que pude y me senté a su lado, acomodé mis cosas e intenté controlar mi respiración.
No sabría decir con exactitud si mi corazón latía con fuerza a causa del maratón que hice o porque mirándola de reojo acababa de describir que la línea de su mandíbula era lo más perfecto que había visto.
–¡Hola!
Dije con ánimos mientras me giraban un poco para sentarme de frente a ella
–Hola...
Respondió con un hilo de voz, por respeto también volteó.
Llevaba un pantalón deportivo negro holgado, una blusa lila que le llegaba hasta la cadera y unos converse de bota algo desgastados. Parecía que tampoco había dormido mucho pues bajo sus ojos había matices púrpura.
Solo pude mirarla y sentir que mis mejillas se ponían rojas, sonreí quizá de una manera algo incómoda pues ella solo se limitó a observarme con una pequeña sonrisa de cortesía y a jugar a ciegas con su lápiz de manera incómoda.
–¡Muy bien jóvenes!
Entró el profesor Smith gritando y con las manos levantadas
Marlena se giró para mirar al frente y mientras tanto yo sentí que el corazón se me iba a salir del pecho por lo rápido que latía.
También me giré y me concentré en mi libro con todas mis fuerzas, pero no podía evitar mirarla a cada movimiento que hiciera.
Se acabó la clase y Marlena comenzó a guardar sus cosas.
Es ahora o nunca.
–Marlena, yo...
Comencé con una seguridad que no me duraría ni tres segundos, pues apenas dije su nombre ella volteó y sus cabellos suelto se acomodaron al lado de su rostro haciendo un enfoque perfecto en el mismo
–Dime...
Dijo ella mientras se volvía a acomodar el cabello y tomaba su mochila
–Yo... Yo... Quería saber si tú, si yo, almorzar, t-tú
En buen momento parecía que mi lengua había decidido desconectarse de mi cerebro y perder todo sentido de expresión
–Yo almorzar tú hoy
Escupí la frase con menos sentido que había dicho en toda mi vida
–¿Perdona?
Dijo ella mientras hacía una mueca de confusión y se levantaba de su banco
–Si te gustaría que almorcemos juntos hoy, tú y yo
Finalmente pude decir algo con sentido. Al instante me mordí la lengua y me preparé para escuchar un "no".
–¿Quieres almorzar conmigo?
Preguntó ella con un pequeño tono sarcástico, pero alcancé a distinguir una nota de timidez en su voz tan dulce.
–Solo si tú quieres, entiendo si tienes otros planes o si no almuerzas en la cafetería... No digo que no pueda almorzar fuera, claro que puedo y me gusta, pero digo si tú tú no lo haces entonces no lo hacemos...
Lo único que podía pensar en ese momento era que quería que el suelo me tragara, sentía los nervios a flor de piel y una pena enorme.
Marlena se quedó en silencio, con una mueca de extrañes. No la culpo, yo habría hecho la misma cara.
Pero después de unos segundos se rió un poco y se colocó su mochila
–Claro, nos vemos en la misma banca en la zona libre de la cafetería.
Salió del aula y la vi desaparecer entre la multitud de alumnos.
Sentí una explosión de emociones en mi pecho, estómago y mente.
¿Por qué? No lo sé, pero no voy a negar que fue la sensación más adictiva que jamás sentí.
ESTÁS LEYENDO
Heterofobia
RomanceOwen es un chico que tiene una vida normal, tiene a su novio Joseph quién ha sido su pareja por más de 3 años, sus dos madres tienen un matrimonio feliz y están esperando a otro hijo. Todo marcha con bien hasta que una chica se integra a su clase. D...
