"Lo llevó todo consigo"

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Se fue. Se fue y probablemente no la vuelva a ver. La culpa la tiene… No, la culpa la tengo yo, el único culpable soy yo mismo. Por mi avaricia, mi egoísmo, mi falta de preocupación por ella, mi falta de amor. Me siento vacío, roto por dentro. Mi felicidad se fue con ella, y la esperanza se ahogó en un mar de desesperación. Solo un pequeño bote llamado Ángela podría salvarla.

La soledad me oprime, vivo en un mundo en blanco y negro. Pero nada de lo que os cuente entenderéis si no empiezo por el principio.

Yo era una persona humilde, con pocas metas en mi vida, hasta que la conocí a ella. Aún recuerdo el primer día en que la vi, qué digo aún, jamás lo olvidaré. Yo iba a una entrevista de trabajo, y para variar llegaba tarde. En aquel entonces no andaba muy bien de dinero, y por tanto de ropero; pero la semana anterior tuve suerte en la lotería y me tocaron 200€ que guardé para una ocasión especial y ese día lo era. Si quería causar buena impresión debía comprarme un buen traje. Llegué a ZARA, tras varias pruebas encontré uno que se me ajustaba más o menos bien, me dispuse a pagarlo y ahí estaba ella. Su cara redonda ligeramente sonrosada, enmarcada por una larga cascada castaña, su sonrisa de marfil, sus ojos de luna, sus labios de rosa, su piel de porcelana salpicada por pequeñas pintitas amarronadas. Sus manos suaves y pequeñas, sus brazos delgados, sus piernas infinitas. Se me paró el corazón y me costaba respirar. No era posible, nunca me había pasado algo así, era como un ángel y su uniforme blanco como la nieve no ayudaba a decir lo contrario.

-Disculpe, ¿Se encuentre bien?- Aquella cálida y dulce voz me sacó del trance en el que me veía inmerso.

-Sí, si perdone. ¿Cu-cuánto es?- balbuceé como pude.

Ya que no había mucha gente debido a lo temprano que era, se permitió el lujo de darme algo de conversación.

-Vaya, es un traje muy elegante. ¿Acaso tiene algún evento especial?

-Eh, eh, no, tengo u-una entrevista de “fabajo”- No había estado tan nervioso en mi vida.

-¿De qué?- Pregunto ella con un brillo divertido en los ojos.

-De tra-trabajo- Instintivamente miré el reloj y me di cuenta de lo tarde que era. Llegó la hora de despedirse.- A la que por cierto, llego tarde. Ha sido un placer conocerla señorita…

- Ángela, me llamo Ángela.

Ángela, ahora sí que nadie podría quitarme la razón. Salí apresurado de la tienda, chocando con varios percheros. Fui directo a los servicios públicos y me cambié. Llegué a la oficina con la hora pegada al trasero, y sorprendentemente me iba fenomenal hasta que me pidieron la carpeta con mis diseños. ¡Mierda! El probador, se me había quedado en el probador. Pedí un minuto y salí a llamar a la tienda.

-Buenos días le atiende Ángela ¿qué desea?- ¡era ella!

-Eh… disculpe Ángela, mire… estuve hace un rato en la tienda y olvidé una carpeta en el probador…

-¡Oh sí! Ya me acuerdo de usted, aquí mismo la tengo. ¿Quiere que se la lleve?

-Oh no, muchas gracias, pero no quiero molestarla, usted está trabajando y…

-No se preocupe, no es molestia. De todas formas acabo de terminar mi turno. ¿Dónde está?

-En el Centro, la torre con los carteles publicitarios y las luces de neón.

-OK! Ahora mismo estoy ahí. – Y colgó, así, sin más.

Cómo era de esperar, a los cinco minutos estaba en la puerta y me entregó la carpeta. Volví a la oficina rápidamente y entregué mis diseños. Al salir, su moto aún estaba allí, y de repente ella apareció tras de mí.

-¡Hola! ¿Cómo ha ido?

Fuimos al Starbucks. Yo pedí un cappuccino y ella un latte machiato. Charlamos durante un largo rato. Nos dimos los teléfonos y prometimos que nos llamaríamos pronto. El trabajo no me le dieron, pero no me importó, no era la única oferta que tenía disponible en aquél tiempo.

                                                                                ***

Siguieron tiempo felices, muy felices. Ángela y yo empezamos a quedar más a menudo y vino a vivir conmigo. Conseguí un trabajo bien pagado, con horario de mañana y fines de semana libres. No podía quejarme de nada.


        Pero las cosas empezaron a ir mal, despedían a gente, metía más horas y me pagaban menos… La gente hablaba de crisis económica. Pasado un tiempo, me conciencié de que la crisis llamaba a mi puerta, pero no solo la económica. Cada día discutía con Ángela, intentaba llegar tarde a casa para no encontrarme con ella, me encerraba en mi despacho y no salía más que para buscar la comida… Estaba claro que algo fallaba, y lo que menos pensaba es que fuese yo.

Hasta que un día llegué a casa y me encontré los armarios vacíos, papeles por el suelo… En un principio pensé “¡Ladrones!”. Pero tras mirar con más detenimiento me di cuenta de que todas mis cosas estaban en su sitio, solo faltaban las suyas. Sentí como si una espada me cruzase el pecho y corrí por toda la casa. En la mesa de la cocina encontré una nota, se notaba que la había escrito con prisa, pero aún así era clara, alargada y ligeramente inclinada, la suya.

“No puedo seguir así, al final terminaremos haciéndonos daño el uno al otro. Será lo mejor. “

Se me humedecieron los ojos, leí la nota varias veces, aún no podía creerlo. La rompí en mil pedazos y estallé en el llanto. Como un niño al que le quitan una chuchería, cuando se cae del columpio.

Perdí la noción del tiempo por completo, perdí el apetito, perdí el sueño, perdí mi trabajo, perdí el sentido de seguir viviendo. ¿Qué fin tenía sin ella? Nuestros planes, nuestras fechas, nuestros amigos, nuestras canciones, nuestra primera cita… ¿Es que nada tenía valor?

***

Esta noche abrí los ojos. Tal vez fue la película, quizá la comida, acaso la banda sonora, o incluso la luna. No sé que fue, pero nada en el mundo pudo ayudarme más. No puedo seguir encerrado como un pájaro en su jaula. Tengo ganas de salir, de volar, de sentirme libre, sin ataduras, sin remordimiento, ganas de recuperar el tiempo perdido, ganas de comerme el mundo y no la cabeza.

Apago la televisión, recojo los platos y ahueco un poco los cojines. Me meto en mi cálida cama y comienzo a trazar mi plan de vida.

1º Volver a la oficina mañana temprano y ganarme el puesto de nuevo.

2º Recoger, limpiar y deshacerme de todo lo inservible en casa.

3º Llamar a todos mis amigos (o los que me quedan…) y organizar una cena juntos.

4ºQuitar las paranoias, dejar de hablar del vaso medio vacío y llenarle entero.

5ºRecuperar a Ángela.

6ºSer felices.

Reloj momentimétricoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora