volvernos a encontrar

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Jayce Kehitón

El que ella estuviera así de excitada me volvía loco, la senté sobre el escritorio y libere la erección de mis pantalones, estaba dura y por una milésima de segundo solo la imagine saltando sobre esta y eso me excito más

La jale sentándola sobre mi pene, se aferró de mis hombros clavando las uñas, le tomó un par de segundos acostumbrarse y luego empezó a dar saltos y a soltar gemidos ahogados gracias a la mordaza

La tome del culo y la obligue a que fuera más rapido, sentir como me montaba, me excitaba, libere los pechos de su camisa y empecé a chuparlos estimulandolos, sus gemidos incrementaron, sus saltos también

No lograba contenerme, empecé a dejar chupones en su cuello y en sus pechos, sus manos se aferraban a mis hombros, yo le daba fuertes nalgadas mientras dejaba que ella me montara

Al pasar de los minutos sus piernas perdieron perdiendo la fuerza que llevaban antes así que la senté sobre el escritorio y ahora fui yo quien empezó el vaivén, empecé a penetrarla, mis caderas se movían con rapidez, se sentía bien tenerla así

Sus espasmos me dan menos espacio pero no me impide seguir, la follo con rapidez, sus piernas alrededor de mis caderas, sus gemidos, todo, me encantaba

Aumenté en velocidad y fuerza, ella volteaba los ojos con cada embestida y se aferraba del escritorio, sus pechos subía y bajaban al ritmo de las estocadas y empecé a besarlos nuevamente lamiendo sus pezones

Se dejó caer por completo en el escritorio solo disfrutando, sus piernas me abrieron más espacio y lo tome, apretaba sus muslos con fuerza para tener un soporte, le quite la corbata de la boca y ella empezó a gemir a gritos a lo que la calle besándola con fuerza

Ella fue la primera en correrse, salí de su cavidad y la acomodo nuevamente dejándola boca abajo en el escritorio

—Me encantas pelirroja —Murmure dándole un azote en el culo haciendo que su carne suene y ella solloce mi nombre

Escondió la cara entre sus antebrazos, volví a penetrarla haciéndola gemir más y aferrarse del escritorio, mis embestidas siguieron siendo constantes y profundas hasta que llegue a mi clímax

Me senté otra vez en mi silla y la atraje dejándola sobre mí, hundió la cara en mi pecho mientras jadeaba por retomar la respiración y empecé a acariciar su trasero que ya poseía un color carmesí

—Tienes un maldito fetiche con coger en su oficina, señor —Murmuró ella contra mi pecho

—Claro que no, tengo la tentación de cogerte donde se pueda, eso si —Le di un beso corto y luego descendí a besar su cuello y estrujar su culo

La senté sobre el escritorio y me puse de rodillas entre sus piernas, la vi tensarse solo con ver mi posición

— ¿Qué piensa hacer señor Kehitón? —Dijo sonriendo de lado y ladeando la cabeza mientras me acariciaba el cabello

—Voy a rezarle a la jodida belleza que tengo al frente, su majestad —Murmuré besando sus muslos y atrayéndola a mi

Empezó a jadear mientras dejo cálidos besos en sus muslos, siento su entrepierna humedecer e inserto dos dedos en su cavidad masturbándola mientras también usaba la lengua

—Señor Kehitón—Me aleje del entrepierna de Izabella y solté un gruñido —Sé que me dijo que no molestara, pero el almuerzo con los inversionistas se canceló, será mañana y que su asunto de mañana a las trece horas lo adelantaron para —Hace una pausa —Dentro de una hora— Se escuchó por el teléfono de la empresa

TentaciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora