Hay cien flores en mi jardín
de todas ellas, te escogeré a tí.
La dulzura de tus pétalos me envuelven
y la dureza de tus espinas me lastiman.
Quisiera poder olvidarte,
dejar que otros tomen tu suave cuerpo
y puedan apreciar tu belleza,
cortarse con tus escudos
y romperse con tu aroma.
Pero hay algo en mí que lo impide,
no quiere que otros admiren tus colores,
se enamoren de tu olor
y se emboben con tu canto.
Quisiera ser la única digna de tu belleza
aunque sé que no es así.
La verdad me aplasta,
me envuelve y me apuñala.
La verdad es que una flor de primavera
no podrá estar con una hoja de otoño,
una hojita indefensa, débil y marchita.
Tu escudo son tus espinas,
el mío mi crocancia.
Lo que la gente suele romper con sus pasos
y admirar en mi seca estación.
Nuestras vidas son diferentes:
tú estás hecha para ser admirada,
yo para ser pisoteada.
Mi dulce amor de primavera,
prometo esperar a que te marchitez
y renazcas el próximo año.
Lo soportaré solo para verte volver con todo tu esplendor.
Aguantaré un tiempo sin tu presencia
Te extrañaré
Te olvidaré
Te recordaré...
Te extrañaré nuevamente
Y te amaré eternamente.
Este no será nuestro último adiós,
preciosa flor de primavera.
Disculpen el intento de un poema, si tienen algún consejo pueden decirmelo sin problemas.
(Fua, rimó)
