6. Dear Diary: Unskilled

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Las esquinas de la cama cada vez se hacían más pequeñas. Sentía que en cualquier momento la habitación empezaría a empequeñecerse y los bordes de la cama se harían menos lejanos, a su vez.

Sentía como si todo fuera a desaparecer en cualquier momento y únicamente quedaría yo, sola, sin nada ni nadie.

Aquel chico de ojos misteriosos...había despertado algo en mi interior, algo que jamás había sentido ni experimentado.

Miles de emociones recorren mi cuerpo, inexperiencia, emoción, lujuria, locura....

Los sudores fríos no cesan. Mi cabello se pega deliberadamente contra mi cuello y mi fino camisón parece una simple capa más de mi piel.

Me muerdo las pocas uñas que me quedan, intentando emparejarlas, una tarea bastante imposible.

Creo oír un ruido.

Vacilante, me acerco a mi balcón, intentando controlar mi constante falta de sueño, que ya es una triste costumbre.

Miro hacia la calle desierta, aquella donde vi a aquel pintoresco y macabro niño. Me pregunto que sería de él.

Dejo de divagar por un momento y me fijo en un cuerpo malherido, tumbado en el asfalto.

Joder, va a resultar que mi calle es un cementerio o un lugar por el estilo.

La lejanía no me permite ver, así que me debato entre bajar o no. Y como siempre, la curiosidad es mayor.

Mis débiles pies hacen eco a medida que bajo los escalones con soltura y decisión.

Al pisar el duro suelo, pequeñas piedras se clavan en mis plantas, haciéndome recitar una pequeña serie de sonidos sin sentido.

Sigilosamente me acerco al cuerpo.

¡Oh no, es él!

El chico está moribundo en el suelo, con numerosos golpes en su rostro y probablemente en su cuerpo.

-Hey, ¿estás bien?

No hubo respuesta de su parte.

Entonces, con mi mayor fuerza de voluntad, lo levanté del suelo y lo cargué en mi hombro, haciendo que un doloroso gemido saliera de sus labios, clavándose en lo mas profundo de mi ser.

Costosamente lo subí hasta mi piso y lo senté en una silla de mi cocina.

Lo miré con pena, seguro que esto lo habían hecho los tipos del banco, ese par de hijos de puta...

Le limpié lentamente la sangre y heridas de su rostro y con delicadeza, le levanté la camisa hasta quitársela, dejando a la vista un trabajado torso, pero decorado con unas moradas magulladuras.

Dada mi basta experiencia como enfermera (nótese la ironía) poco pude hacer. Así fue como, muerta de la vergüenza, le quite los pantalones, dejando al descubierto unos bóxers demasiado provocativos para mi casta actitud.

Dudé entre tumbarlo en el sillón o mi cama, pero finalmente lo recosté en mi cama y me dispuse a taparlo cuando repentinamente, me atrapó la extremidad y me tumbó a su lado, envolviéndome con sus brazos la cintura y pegando su pecho a mi inquieta espalda, que se movía irregularmente debido a mi acelerada respiración.

Todos mis sentidos alerta, ya que jamás había estado en esta situación con alguien del sexo opuesto, en algo tan íntimo y cercano...

Podía sentir su respiración en mi cuello, acariciando mis cabellos sueltos y rebeldes. Sus manos en mi cintura semidesnuda mandaban descargas eléctricas a todo mi cuerpo, dejándolo tenso y vibrante. Su extrema cercanía, el roce de su pelvis con mi trasero...era tan vergonzoso, pero a la vez vitalizante.

Hice un vago esfuerzo de soltarme de su agarre, pero fue en vano, ya que todo mi cuerpo me indicaba que quería quedarse allí, arropado por los brazos fuertes, pero a la vez cálidos, del chico de mis sueños.

Suspiré y traté de tranquilizarme.

Nos tapé a los dos con la manta y me revolví, para así quedar frente a frente.

Su rostro lleno de magulladuras ahora se veía en paz, tranquilo. Podía ver como sus fosas nasales se ensanchaban cada vez que tomaba aire, la relajación de sus párpados y la colocación perfecta de sus labios entreabiertos, que tentaban a mis hormonas a revolucionarse una vez más.

"¿Esto es lo que se siente al tener un novio?" me pregunté. De repente me sentí tan inexperta y una repentina oleada de valentía me golpeó y como si alguien me hubiera empujado, me incliné sobre el y le di un casto beso en los labios.

El se revolvió y yo me alejé inmediatamente, pero gracias a Dios, aún estaba dormido.

No sé si fue mi imaginación, pero me pareció ver como sus comisuras se elevaban formando una leve sonrisa, pero la oscuridad no me lo confirmaba.

Me apoyé contra su pecho, deseando que esto no fuera un sueño, deseando que mi jodida mente no volviera a hacerme una de las suyas. Simplemente quería disfrutar de ese pacífico momento y poco a poco, fui quedándome dormida, sintiendo como una sensación de libertad y comodidad invadía mi cuerpo como nunca antes.

Y, tal vez, otra sensación se hacia presente. No supe exactamente cuál, solo supe que jamás había sentido algo tan placentero como eso y que jamás sentiría algo igual.

Dear Diary: IntrovertDonde viven las historias. Descúbrelo ahora