Escozor. Ahora mismo era lo único que mis doloridos ojos padecían.
Me deshice de la multitud de mantas que cubrían mi cuerpo, y con pesar me bajé de mi vieja cama. El suelo de madera crujió y una fina capa de polvo se esparció por el aire, haciéndome estornudar.
Arrastré mis pies por el frío suelo, haciendo que un escalofrío recorriera mi cansado cuerpo, causándome un singular estremecimiento.
Salí al balcón, y una brisa helada azotó mis ropas, dejando a la vista mis pálidas y escuálidas piernas, que se chocaban entre sí por culpa del frío clima.
Miré la ciudad, iluminada por el millón de viviendas que habían en ella. Era una buena vista, aunque eclipsaba los frondosos bosques que se extendían hacia el horizonte, y que yo tanto amaba.
Eché un vistazo a mi pequeño jardín. Se distinguía una fina capa de rocío encima de la vegetación, pero no había indicios de lluvia.
Miré al cielo con nostalgia.
Extrañaba mi país, allí siempre llovía fuerte, parecía que jamás iba a cesar, pero me gustaba, era excitante. En cambio aquí, nunca caen gotas del cielo, nunca se baila bajo la lluvia, nunca se sufre ese sentimiento tan satisfactorio, ojalá algún día el mundo me sorprenda y me regale lo que yo tanto anhelo: una pequeña tormenta. Sé que puede sonar raro, pero realmente, no me importa, ahora mismo es lo que más deseo.Hay algo que me hizo desviar mi atención de la naturaleza. Un pequeño niño caminaba por las desoladas calles. Llevaba puesto un pijama blanco y de su mano colgaba un simpático osito de peluche.
Se veía tan tierno, pero de repente recuperé un atisbo de cordura, y me pregunté el por qué de la presencia de dicho niño a las 11:26 de la noche.
Abrí bien mis pesados ojos y la sangre me dejó de circular por una fracción de segundo. Su rostro estaba completamente demacrado y lleno de una sustancia rojiza, ésta le goteaba de forma constante, dejando un rastro iluminado por la luna.Me centré en el osito de peluche.
Antes parecía tan simple y bonito, ahora se veía sin cabeza y teñido de un rojo escarlata.
El niño me miró e intentó sonreír, formando una mueca en su desfigurado rostro, que hubiera asustado hasta al mismísimo demonio.
De repente, los ojos se le oscurecieron y cayó con un ruido seco en el duro asfalto. Me pareció ver como una figura blanquecina casi transparente flotaba encima de él.
Me froté los ojos, intentando orientarme. Cuando quité las manos de mi rostro, el pequeño ya no estaba allí.
Me pregunté si mi mente me había hecho una jugarreta, si había sido mi cruel subconsciente, no sé, ya no sabía que era o no real.
Me maldije a mi misma por no dormir, por no descansar, no se qué mierda pasaba en mi interior, pero seguramente es mi culpa, siempre es mi culpa.Después de tan extraño suceso, ya no quise estar más tiempo fuera. Entré y cerré la puerta con seguro, no sin antes mirar por los empañados cristales, sentía que algo iba mal, o tal vez era mi mente engañandome de nuevo.
Me encaminé hacia el baño lentamente y sin ganas, como cuando abres el refigerador cien veces al día por puro ocio. Sentía como si mi alma me hubiera abandonado y fuera mi cuerpo por inercia el que caminaba sin rumbo alguno.
Encendí la tenue luz, haciéndome pestañear repetidas veces por la poca costumbre.Me miré en el espejo, éste me devolvió una imagen deprimente. Mis cabellos encrespados, se veían apagados y sin vida, dándome aspecto de psicópata.
Mis ojos cansados, surcados por unas ojeras violáceas, se cerraban continuamente por la falta de sueño, haciendo que una tímida lágrima escapara de ellos, hasta llegar a la comisura de mis agrietados labios.
Mis párpados pesaban y sentía un horrible malestar, tanto físico como mental.Un leve murmullo se oía, me acerqué y vi un gran charco de agua al lado de la bañera, causado por una gotera en la tubería.
Intenté cerrar el grifo con un gran sobreesfuerzo, pero no pude, la falta de energía no me lo permitía.No se cómo, ni cuando, solo sé que de un momento a otro, me vi cayendo en el blanco suelo, y allí me quedé, inmóvil y con una serie incesante de frías gotas cayendo sobre mi cara.
Me toqué la sien y sentí un líquido caliente salir de ella. Poco a poco se mezclaba con el agua y caía al suelo, agrandando el charco culpable de mi caída.
Toqué el charco, y sucedió algo inquietante: no sentía el agua.
Tal vez eran alucinaciones por el golpe o quizás me lo había imaginado todo, parecía tan irreal e imposible.Lo único que sabía, era que mañana iba a tener un terrible y jodido dolor de cabeza.

ESTÁS LEYENDO
Dear Diary: Introvert
Short StoryHey, soy Sam y tengo 16 años. En este diario, te voy a contar mis emociones más sinceras y mis historias sin revelar. " Todos me parecen raros, extraños, de otro mundo, ellos deben pensar lo mismo de mí y no me extraña. Soy la marginada, a la que na...