Capítulo 1: Rescate.
Todos parecían acabar tan enfermos como los humanos, y Wayo no podía entenderlo.
Bueno, Arthit en realidad era un humano. El único humano en la manada de Wayo. Pero esos humanos malvados no creerían en su palabra, y aun así las personas encargadas querían realizarle las mismas pruebas.
Observaron a Wayo sobre todo, teniendo curiosidad por la forma en que su estómago se hinchaba sobre su ombligo, fascinados por cómo podía ser tan claramente masculino, y sin embargo, y también estar embarazado.
Y a pesar de la admiración no le respondían qué querían con él. Le habían quitado la ropa para asegurarse de poder echar un vistazo a sus genitales y enseguida una ecografía. Luego, otra más para comprobar si tenía ovarios dentro de él. Lo interrogaron, una pregunta tras otra durante horas. Hombres con los portapapeles ansiosos de saber si era realmente un humano que había tenido una cirugía de reasignación de sexo.
Wayo se había cansado de decir un no detrás de otro. Él era un hombre lobo omega. No había tenido un cambio de sexo, y su embarazo era sólo algo que podía sucederle a los omegas.
Le hicieron cambiar a su forma de lobo para que pudieran ver a ciencia cierta si continuaba siendo macho o si en realidad era hembra.
Un procedimiento incómodo.
Y a pesar de a los otros omegas también los estaban estudiando, era a Wayo en el que ellos lucían interesarse. Querían cuál era su límite, en qué medida iba soportar antes de perder la cabeza.
Sin alimento. Sin bebida. Negarle agua que se traducía en negarle agua a su futuro cachorro.
O tal vez ellos estaban estudiando las reacciones de la manada. Sí Wayo conseguiría el agua que tanto pedía de todos los otros omegas que le ofrecían el último pequeño trago de sus vasos de papel a lo largo del día, tratando de mantenerlo hidratado porque estaba embarazado.
Era muy considerado por su parte, dulce y protector, y todo el mundo lucía preocupado por Wayo y su primo Pete.
Pero no podía pedirle más a su manada. Sólo deseaba que el quien estuviese a cargo llegase a cualquier conclusión que estaban buscando y le dejaran beber agua hasta saciarse.
Comenzaba a sentirse tan condenadamente sediento. Si él tenía sed, que recibió la ayuda de todos, los demás a su alrededor estaban aún más deshidratados.
― ¿Te sientes mejor? ― preguntó Arthit.
Wayo asintió. A pesar de que los vasos de papel eran cómicamente pequeños, éste era del tamaño de una taza de té de juguete, probablemente menor que eso, sirvieron para calmar su lengua. Entonces se dio cuenta de lo que Arthit sostenía.
― ¿De dónde sacaste eso?
Arthit le sonrió.
―Simpatía. Soy un humano, ¿cierto? Todo lo que hice fue comportarme como una pequeña perra y quejarme lo suficiente acerca de mis derechos humanos y cualquier basura que se me ocurriese, entonces ¡Magia! Alguien me trajo agua.
―No van a cometer el mismo error otra vez ― dijo Wayo.
La sonrisa desapareció de la cara de Arthit.
―Sí, probablemente. Pero bueno, he estado trabajando en algunos planes de venganza ― dijo, sentado en el suelo con la espalda apoyada en la cama en la que Wayo se mantuvo acostado.
Wayo no pudo evitar sonreír ante la forma en que su mejor amigo trató de tranquilizar la situación de mierda en que se encontraban.
― ¿Sí? ¿Y cuáles son?
―Siempre podemos mear sobre en ellos.
Una risa salió de la boca de Wayo. Esa era una tontería, incluso para Arthit.
― ¿Qué?
Arthit ladeó la cabeza y le devolvió la sonrisa.
―Lo sé, ¿verdad? Es asombroso. Nos hacen mear en esos cubos de allí para que puedan estudiar nuestros desechos. ¿Por qué no juntarlo todo y tirarlo sobre la próxima persona que entre? Eso sería increíble. Para nosotros. No para el pobre idiota y quien deba venir a limpiar.
Wayo río en voz alta a pesar de su falta de energía, lo hambriento, cansado y sediento que estaba. Él se río.
―Eres repugnante ― dijo, tratando de no llorar con lo divertido que la idea era. Necesitaba mantener la mayor cantidad de humedad dentro de él como pudiera.
―Sería muy divertido. Creo que puedo conseguir que Pete esté de acuerdo, pero sigue sin poder ponerse de pie así que necesitaré ayuda para apuntar en la dirección correcta.
Wayo suspiró y se relajó en la cama. Él sólo quería dormir. Ni siquiera podía explicar por qué se sentía tan condenadamente débil.
―Sólo asegúrate de que esté despierto cuando lo hagas. Quiero ver eso. No estoy seguro de que me gustaría olerlo.
―Claro― murmuró Arthit.
Wayo debió quedarse dormido al poco tiempo, porque estaba seguro de que Arthit habló con él sobre alguna otra cosa, y después otra hasta que el tiempo se volvió distante.
―Pete ha estado demasiado cansado últimamente. Creo que están poniendo algo en la comida. Lo sé.
―O el agua ― dijo Wayo, frotándose los ojos. Arthit volvió a mirarlo.
― ¿Te dormiste?
―Creo que sí ― respondió Wayo.
Todavía estaba terriblemente cansado. Se preguntó si esto era algo que los científicos estaban estudiando también. Si estaban manteniendo un seguimiento de lo que estaba pasando con el cuerpo de Wayo, con todos ellos.
Los humanos se debatían entre la admiración, los celos y el miedo a los hombres lobo. No sabían si podían o no exterminarlos, así que optaban por estudiarlos para descubrir todas las posibles debilidades.
Wayo quería dormir. Quería dormir durante todas las horas del día, y eso significaba que algo estaba mal con él.
Estaba cansado y débil, pero todavía era capaz de ver toda la preocupación en la cara de Arthit mientras miraba hacia abajo a Wayo. Como si pensara que Wayo estaba a punto de morir. Entonces las luces rojas brillaron en la celda donde se mantenían todos los Omegas.
Todo el mundo miró hacia las luces de emergencia, y algunos se taparon los oídos contra el fuerte sonido de las alarmas.
― ¿Un rescate? ― preguntó Arthit.
Incluso con todo el ruido y la charla confusa, absolutamente todo el mundo escuchó la forma en que la puerta del recinto era golpeada. Una y otra vez, hasta que el metal comenzó a ceder hacia adentro.
La gente se apartó con pánico, mientras que otros aplaudieron aliviados y otros gritaban pidiendo ayuda. Esperaban que no pararan los golpes hasta abrir la puerta y pudiesen huir.
Wayo observó, sus párpados tan pesados que apenas podía mantenerlos abiertos.
¿Era su padre?
¿O el segundo Alfa de la manada?
¿Los guardaespaldas de Wayo?
¿Un rescate?
Entonces la puerta se rompió justo por el centro, y había dos hombres de pie en la puerta a los que Wayo nunca había visto en su vida.
Uno de ellos, un hombre guapo con el cabello negro a un lado, con ojos negros escaneando entre los muchos Omegas en la habitación. Sólo para que después esos ojos fieros como los de un demonio aterrizaran nada menos que sobre él.
Entonces Wayo, sin poder evitarlo, se estremeció.
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Domíname
WerwolfWayo ha estado débil durante días, fue capturado junto con su primo y su mejor amigo por científicos demasiado interesados en estudiar a aquellos que son como él. Omegas. No esperaba que nadie llegara a salvarlo, menos que comenzara a sentirse atra...
