Capítulo 2

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Capítulo 2: Compañeros

Allí estaba él.

Estaba justo ahí. Phana lo sabía. Podía sentirlo.

Ese olor venía de un hombre omega, uno al parecer, embarazado.

Al principio pensó que se trataba mujer. Aun a sabiendas de que la reproducción era posible para los hombres omega. Pero mirando de frente a la forma humana con un vientre tan hinchado fue fácil confundirse y asumir en un primer vistazo que era una mujer.

Aun así, después de unos segundos fue fácil notar sus rasgos. Un hombre pequeño en tamaño, y muy claramente embarazado. Phana podía ver que era un hombre joven, así como él.

Tenía la esperanza de que no fuese muy débil. Porque si ese era el caso, no sabía qué demonios se suponía que debía hacer. El hombre parecía que estaba en su lecho de muerte. Pálidas mejillas, cabello castaño pegado a su piel por la cantidad de sudor en su frente, y unos gigantescos círculos oscuros bajo los ojos.

Lucia desnutrido y maltratado. Phana apenas podía conseguir hacer de lado el disgusto que sentía consigo mismo para tener tiempo de ser un pervertido y dejarse llevar por un momento y pensar en el enfermizo deseo de cogérselo tal y como estaba sólo por oler su aroma.

Sacudió la cabeza. La alarma seguía a todo volumen, y tenía que salir de ahí en ese instante. Por ello se dirigió directamente hacia el hombre cautivo, a su compañero y le tendió la mano.

Este trató de incorporarse en cuanto se percató de sus intenciones. Phana tuvo la sensación de que no estaba tratando de escapar. Se sintió casi seguro de que estaba tratando de conseguir levantarse, pero le estaba costando demasiado. Se encontraba tan débil incluso para incorporarse por sí mismo sobre sus codos.

Phana hizo a un lado la razón y se abalanzó en su ayuda, a ese paso ese lugar se derrumbaría sobre sus espaldas.

Casi estaba por tocarlo. A nada más que unos pocos pasos para tomarlo en sus brazos cuando alguien se puso en su camino.

―¡Mantente alejado de él!

Era otro hombre, un joven furioso. ¿Un humano?

―¿Qué está haciendo un humano en un lugar como este? ― preguntó Phana, e inmediatamente sintió su sangre arder en sus venas al comprender que sólo había una explicación posible. ―Eres uno de ellos ― acusó entre dientes.

Su mano salió disparada, agarrando al humano por su famélico cuello y levantándolo en el aire por sobre sus pies.

―¡No! ¡Suéltalo!

Phana dejó caer al humano de inmediato. No estaba seguro de por qué lo hizo, pero el hombre que creyó inconsciente en la cama lo estaba mirando fijamente al dar su orden, levantando su mano con una súplica aterrada, como si tratara de alcanzarlo y detenerlo.

Y, sin embargo, esas palabras habían sido más que suficiente para hacer que se echara atrás antes de que pudiera hacerle al humano algún daño real. Este cayó al suelo sin lograr mantenerse de píe. Agitado, mientras escupía bilis sobre sus rodillas. Sujetaba su garganta mallugada y respiraba con dificultad. Pero seguía con vida.

―Él es mi mejor amigo. No lo mates. Por favor.

La desesperación en la voz de su compañero fue lo que lo detuvo. Phana salió de su aturdimiento momentáneo para volver en sí. Necesitaba sacar a su compañero de ese lugar.

Todo referente a la salud de su compañero le preocupaba. Incluso por el cachorro en su vientre y la posibilidad de tener que luchar contra un Alfa más tarde. Aun así, la prioridad era llevarlo a algún lugar donde estuviese seguro y fuese tratado.

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