El perseverante monstruo trabajó incansablemente hasta que sus garras sangraron y su cuerpo se agoto por el tremendo esfuerzo.
Todo parecía inútil y por mucho tiempo sus anhelos no fueron retribuidos ni con una ramita de mala hierva. Nadie durante muchísimas primaveras pudo ayudar a darle vida a ese desolado páramo. Todos los que observaban su estéril fealdad pensaban que ese lugar estaba maldito. Turpan sabia que ese sitio era sagrado y tenia magia.
El perseverante ente podía comunicarse con ese bendito emplazamiento, el cual le aconsejaba que fuera paciente que su labor daría frutos muy pronto .
El afanoso Turpan regó con sus lágrimas el pedregoso yermo, sus prístinas oraciones transmitieron paz y armonía al agreste arenal y le dio tanto amor al sombrío y lúgubre paraje que también este empezó a amarlo a él. De el centro de ese estéril desierto, brotó un manantial de vida pura y líquida, que con el paso del tiempo y los afectuosos cuidados del entregado sujeto convirtieron a ese infecundo erial en un oasis rico en flora y fauna que solo se originaban en ese edén. Era particularmente curioso que esa energía vital sólo hubiera bendecido al umbrío pedregal hasta los límites de su fealdad,
los monstruos que vivían en el bosque cercano y en las cuevas de las escarpadas montañas, al ver tan precioso lugar se envenenaron con una colosal envidia que corroyó sus corazones. Por mucho tiempo murmuraron entre ellos, hasta que un día.
-No es justo, que Turpan tenga todo ese lugar para él solo, eso es un desperdicio,
-Es cierto Crotal, nuestras familia llevan más tiempo por estos lugares, eso significa que nuestro clan es dueño de todo esto.
-Ese tonto no se va a salir con la suya, nosotros somos más y podemos obligarlo a que se largue,
- hagamos una comisión, para que le den un aviso a ese aprovechado para que desaloje el lugar.-Yo iré padre pues soy el mas fuerte de todos, mis colmillos pueden destrozar todo lo que se les ponga enfrente, si ese monstruo estúpido no entiende nuestras razones entonces lo matare, y celebraremos con su carne.
-Esta bien Lonzo, dejo este asunto en tus manos.- No te preocupes padre, ya te traeré su cuerpo si no quiere irse.-
El fornido monstruo guerrero se encaminó al codiciado lugar para arreglar el asunto.Al caminar por la espesa vegetación del codiciado lugar el joven monstruo quedó maravillado, el hermoso río estaba cuajado de plantas hermosas que danzaban al son de su mansa corriente, de las ramas de los generosos árboles colgaban deliciosos y vistosos frutos, El joven ente al querer comer uno de ellos, miro con sorpresa como se hizo polvo en su mano. "Mal augurio", pensó Lonzo, varias veces repitió la misma acción y siempre pasaba lo mismo.
Los animales que bebían la clarísima agua del arroyo era tan dóciles que Lonzo podía tomarlos con sus garras, sin que ellos huyeran de él. Al devorar a una pequeña bestia, sintió en su paladar y estomago como si hubiera tragado tierra, esto lo dejo muy desconcertado, pero mas tarde averiguaría lo que sucedía ahí. La calma y espiritualidad, que emanaba ese sitio, tenía el poder de tranquilizar a las almas de los que estuvieran ahí. La transparencia, de las aguas del afluente era insólita, en su fondo piedras de múltiple colorido daban una belleza particular al al lugar: los peces, tortugas, y camarones de agua dulce parecían flotar en el aire.El olor de las fragantes flores embriagaba los sentidos, en medio de esta portentosa maravilla, el joven monstruo, medito sobre lo que estaba por hacer. Una lucha interior dio inicio en el.
-Será que nosotros estemos equivocados y haremos el mal a este hermano que con sus propias garras a creado este jardín de dioses a partir de un basural inmundo. El lado noble del pensativo ser expuso el caso en su juicio individual. Pero la contra parte ataco,
-" No seas tonto," si tu no llevas a cabo esto, otros lo harán y se quedarán con todo y tu familia sufrirá por tu causa, posiblemente hasta te exilien por desobedecer.
Había ganado su lado práctico, ya decidido corrió hasta la pequeña casa de bambú, en ese lugar vivía Turpan. Tocó su puerta suavemente para informarle del desalojo del que iba a ser víctima, la puerta se abrió, y apareció un anciano monstruo, con una sonrisa a flor de labios.
-pasa, por favor, siéntate y hablemos, ya sé a qué vienes, se habían tardado en enviar a alguien, agradezco a los dioses que hayas sido tú, que por lo menos has tenido la decencia de tocar en mi morada en vez de solo entrar y matarme.
Los monstruos se sentaron en unas grandes piedras que hacían las veces de sillas y comenzaron a platicar a la luz de unos animales preciosos que iluminaban el humilde hogar.
-Entonces ya sabes a lo que vengo, te hablaré claro, te tienes que marchar de aquí si quieres seguir viviendo eso es todo.- Lonzo no quería asesinar a ese noble ser.
- Te diré cómo solucionaremos esto joven guerrero, tu y solo tu vas a acabar con mi vida, yo no puedo arrebatarme el aliento por mis creencias. Amo tanto este lugar que quiero quedarme para siempre aquí, ¿podrías hacer mi última voluntad?, valiente caudillo.
Pregunto Turpan, mirando con convicción hacia las pupilas de Lonzo. Haré como me pides, pero primero podrías darme un poco de agua me a dado sed. Cuando el viejo monstruo volteo para traerle lo que le había pedido su huésped, este rápidamente le dio un fuerte golpe en la nuca que arrebató la existencia al buen viejo sin sufrir, Lonzo llevó afuera el cadáver y lo enterró profundamente.
El cielo ennegreció y soltó su triste llanto en duelo por quien tanto había amado ese lóbrego erial, lo peculiar de esto es que solo llovió dentro del pequeño paraíso. La razón por la que Turpan no compartía nada con los demás, era que todo lo que se nacía en ese lugar, solo alimentaba a su dueño y a nadie más.No pasaron ni tres días cuando el paradisíaco paraje desapareció, volvió a ser el mismo andurrial desértico de antes, los invasores abandonaron el improductivo lugar y ya nadie quiso estar en esa desolada propiedad. Con el paso del tiempo, de la tumba de Turpan, nació un árbol hermoso y florido que daba jugosos y dulces frutos rojos solo que al morderlos expelían un líquido dulzón y espeso parecido a la sangre.
