compendio de hermosos micro cuentosmonstruosos - capítulo 4 ley de tres

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Ese afortunado monstruo era el orgulloso poseedor de un articulo mágico de
inigualable valor, lo recibió de un fauno al que le prometió hacer su voluntad
antes de que partiera al ignoto viaje sin retorno.

El mágico ser le dijo que ese tesoro tenía una maldición y muchas bendiciones, y
que todo dependía de las decisiones que tomará al usar ese baluarte encantado.
Trongol, pensó que el anciano estaba delirando por la llegada inminente de su
hado, por eso no tomó muy en cuenta su advertencia. El dedicado monstruo siguiendo
las instrucciones del enigmático viejo montó una pira fúnebre para librar su carne
del sutil espíritu.

Trongol tardó tres días en terminar la onírica creación. Los sueños le indicaban
la forma y los signos específicos que debía llevar la efímera construcción, ya que
Musarath había partido al arcano antes de terminar de transmitirle las
especificaciones de la compleja inhumación al joven guerrero, pues el cuerpo del
ente que iba a incinerar pertenecía, a un heroico y legendario ser que brindó sus
magníficos dones al servicio de ese mundo encantado.

Nadie lo sabía, pero la mayoría de vidas de ese ignoto lugar habían sido salvadas
de un destino fatal gracias a ese peculiar paladín. El anonimato era regla obligada
para los de su clase, y una pesada carga para los poseedores de la máscara de Imor.
Más adelante Trongol se percataría de lo dicho por Musarath el anciano avatar.
Para que el cadáver no se corrompiera antes de la sagrada inhumación,fue necesario
cubrirlo con flores de isid, la función de las extraordinarias plantas era que las
diminutas hadas salvajes que vivían en su interior purificaran los restos para
mantenerlos incorruptibles todo el tiempo, que fuera arropado por ellas. Los
diminutos entes al terminar su labor enraizarían de nuevo sus hogares a la fecunda
tierra.


Trongol termino con los ritos necesarios para la cremación, luego colocó la inerte
materia en el tálamo sagrado y después de rociarlo con amor de tura que era un
perfume etéreo y exquisito, prendió el monumento a lo desconocido con el fuego azul
de su fuerza vital.

El rígido cadáver en el acto se convirtió en una nube argentina, que enseguida, se
transformó en miles de mariposas, de colores tan vivos y desconocidos, que solo los
testigos, que han presenciado, los rituales, de la transmutación espiritual, pueden
dar fe de su preciosa y esotérica presencia. A continuación, las maravillosas
formas animales, se unieron en uno sola presencia, y luego de un resplandor cálido,
se fueron difuminando hasta desaparecer como roció matinal,


El ciclo, se había cumplido con éxito, ahora el esforzado monstruo, podía regresar,
a su acogedora y fluorescente cueva con los suyos. Ansiaba abrazar a sus amados
escamosos, el estar tanto tiempo sin verlos, le causaba nostalgia, extrañaba
particularmente, al pequeño crío, que lo adoraba tanto, el afecto era mutuo e
intenso, no era que amara menos a los otros, sino que ese pequeño era su mana de
vida.Cuando el hambre agobio su cuerpo sacó de su gran zurrón lo necesario para
satisfacerla, fue en ese momento que algo suave se pegó a su mano llenándolo de
gran paz.


Observó el articulo que presionaba una de sus varias extremidades y se dio cuenta
de que era la mascarilla que le había dado el fauno, casi sin pensarlo la puso
sobre su lisa cabeza, la cubierta se amoldo a su testa como si tuviera vida propia.
En ese mismo momento comprendió en toda su magnitud el significado de las palabras
del sabio. Un cosmos entero se abrió en su mente llenándolo de sabiduría
espiritual.


Trongol ya se encontraba cerca de las montañas de luz así que apresuró el paso para
llegar a su morada.

La careta mágica tenía el poder de hacer ver los desastres y eventos benéficos que
ocurrirían, en concreto, el que llevará la máscara de Imor podía saber con
exactitud quienes o que serian los causantes de los acontecimientos en ese cosmos.
El viejo guardián del portentoso objeto no tenia amigos, ni familia, ni nadie que
reconociera su labor, más al contrario por donde pasaba era visto como alguien
maldito pero necesario, nadie lo transgredía y obedecían sus mandatos por muy
injustos que parecieran, pues por una ley no escrita todo el que se oponía al
enmascarado era asesinado por los otros residentes.

Trongol entró a la cueva sin decir nada tomó a su más amado vástago y
posteriormente se marchó para nunca más volver, nadie se atrevió a detenerlo o
seguirlo, ya alejado en el bosque y después de jugar un rato con su pequeño,
disfruto los últimos momentos con su amado hijo y entonces sacrifico al inocente,
sus gritos de dolor y desesperación se dispersaron por todo el lugar, luego de eso
Trongol llevo a cavo un salvaje ritual en donde devoró al inocente su esencia
viviera en él por siempre.

Marchándose hacia un nuevo destino desapareció poco a poco entre la espesa niebla.
Había nacido un nuevo guardián



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