Nunca puedes estar suficientemente limpio.
Arquímedes es un chico especial, obsesionado con su propia higiene personal. Recluido en su propia culpa, no permite que nadie lo toque.
Obligado a socializar, Arquímedes tiene que enfrentarse a algo que d...
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ARQUÍMEDES
Estábamos por irnos, y lo de tomar el cilindro de madera para caminar con Cesar ya se estaba haciendo costumbre. Era la hora de la salida y estos dos iban a ayudarme con mi terapia auto-impuesta. Todo iba bien hasta que escuchamos a Enrique gritar, el era el único que cuando grita suena como un cuervo enfermo.
—¡Lo hice perras, lo hice y nadie me ayudo!—grito con su teléfono en la mano.
—¿Que hiciste?—le pregunto Yeya viéndolo con su sonrisa curiosa.
—Invite a Jacinto al baile del sábado, ¡feliz San Valentine para mi!—dijo y abrazo a Yeya, la cargo y dio una vuelta en su sitio. Cuando termino su festejo caminamos a la puerta de salida. —También le dije sobre el plan de mañana, lo del viaje en camión y que si quería acompañarnos y dijo: "Simón"—dice imitando a Jacinto.
—Vaya, eso esta muy bien, Enrique, felicidades—le dije con sinceridad. Este me regreso la sonrisa.
—Así que, necesitare ayuda—dijo él viendo a Yeya.
—¿Para que?— pregunto Cesar.
—Recuerdas que no tengo sentido de la moda, me llevare a Yeya para que me ayude. Necesitare impresionar a Jacinto— dice sacudiendo su celular.
—Oh, esta bien—dijo ella. —Cesar podría ayudarte, solo necesitas a un acompañante.
Balbuce un poco, estaba confundido, mas bien, alterado internamente de que Yeya me estaba dejando solo con Cesar. Ni siquiera puedo voltear a verlo, se que tendrá una expresión que no olvidare nunca.
—Seré un buen acompañante, Arquí, no te alteres— En definitiva sus palabras no me tranquilizan.
Después de que Enrique se fue con Yeya, Cesar y yo salimos del colegio. Madre me esperaba ahí afuera sonriendo como siempre, aunque tenia una mirada confusa hacia mi acompañante, le había dicho que la persona que me iba a acompañar seria Yeya.
Una chica y no un chico con el que estoy caminando prácticamente de la mano.
Sin mas nos acercamos a ella.
—Madre, él es Cesar, mi...—suspire un poco, él me volteo a ver esperando mi respuesta y yo solo tenia la boca abierta.
—Amigo, soy amigo de su hijo, señora Mondragón—contesto por mi, solté aire y Cesar estrecho la mano con mi madre en frente de mi.
—Guevara, soy la señora Guevara, pero solo llámame Hipolita, todos lo hacen.
—Vaya, en su familia abundan los nombres extravagantes, ¿verdad?—pregunto con inocencia y madre comenzó a reír.
—Es un chico encantador—dijo para después voltear a verme y apuntarlo con su indice, sonreí nervioso, este viaje seria caótico.
Madre ya no hizo mas preguntas y tampoco Cesar aunque pensé que se la pasaría todo el camino hablando.