Capitulo 4: Invasión

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Ubicación: Sala de Defensa Interna, Nivel 3 – 06:57 a.m.

Los sensores lo supieron antes que los hombres.

Intrusión no autorizada. Coordenadas selladas: Nivel Central. Número de firmas térmicas: 12. Clasificación: Hostil.

Thorne ya tenía el cuchillo en mano. Lucien sonreía con el filo en los labios. Kael no dijo nada.

—Van a por ella —gruñó Riven, ojos en las cámaras—. Van directo al núcleo.

Deyan palideció.

—Ella no puede pelear.

—No necesita —dijo Kael—. Solo necesita resistir.

Ubicación: Habitación privada de Kára – 07:01 a.m.

Kára ya no dormía. No recordaba cómo.

Despertó segundos antes del temblor. Los sensores eran lentos comparados con el instinto que el encierro le había cultivado. No el encierro de esta base.

El anterior.

Años antes. En los Laboratorios Centrix. Bajo el mando del Doctor Elias Rosen. Un hombre con voz amable, y ojos que veían a través de la piel. Le enseñaron a sonreír cuando dolía. A estar callada cuando gritaba por dentro.

Le enseñaron a fingir que era normal.

Ella era el Proyecto Eón. No un arma, no una cura. Un experimento de equilibrio emocional bajo condiciones extremas. Diseñada para sobrevivir donde otros colapsaban. Capaz de absorber dolor sin romperse. Capaz de mirar la oscuridad y no parpadear.

La jaula estaba en su mente, no en los barrotes.

Y ahora, otra vez, la jaula temblaba.

La puerta sellada. Sin salida.

Kára no corrió.

Se acercó al panel de seguridad. Miró su reflejo en la pantalla negra.

Recordó una frase del Dr. Rosen:

“Si un espejo no te devuelve la imagen correcta… es porque fuiste diseñada para otra verdad.”


Tecleó:

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La puerta se abrió.

Y con ella, los fantasmas.

Pasillo de contención – 07:06 a.m.

Dos intrusos. Sin insignias. Sin rostro. Solo armas y órdenes.

—Sujeto localizado. Inyectar. Prioridad: captura.

Kára se detuvo. Quietud absoluta.

Y no se defendió.

—No corras —ordenó uno.

—No planeaba hacerlo —respondió ella.

La voz les descolocó. No había miedo en ella. No había súplica. Solo un tono tranquilo que no encajaba con el protocolo.

—¿Sabes quiénes somos?

—Sí. No me importa.

El primero avanzó.

Y justo cuando levantó el brazo…

Kael lo atravesó con un disparo limpio.

El segundo giró, pero no alcanzó.

Riven surgió como una criatura salvaje.

Silencio.

Después de la acción – 07:20 a.m.

Kael la revisó con la mirada. No la tocó.

—¿Te hicieron daño?

—No.

—¿Por qué no escapaste?

Ella lo miró. Había algo antiguo en su voz. Como si hablase desde una celda subterránea que nunca terminó de dejar.

—Porque corrí toda mi vida. Desde que salí del primer contenedor. Desde que Rosen me despertó a los ocho años y me dijo que mis emociones no me pertenecían. Que debía controlarlas por el bien común. Que llorar era un defecto del sistema.
Y estoy cansada.
Estoy cansada de sobrevivir.
Quiero vivir.
Y vivir no es huir.

Kael la escuchó. No como soldado. Como hombre. Como humano.

Y en él, algo se quebró también.

Flashback intercalado – Proyecto Eón / Año 2236

La niña estaba sentada en un cuarto blanco.

Electrodos en las sienes. Pupilas dilatadas. Frente a ella, imágenes de guerras, gritos, colapsos. Su tarea: no reaccionar. Controlar el cortisol. Mantener la paz artificial.

Un científico anotaba: “Subjeto 02: Kára. Anomalía emocional. Alta resiliencia. Capacidad inesperada de contención sin implantes.”

Uno murmuró:

—¿Y si no podemos predecir lo que siente?

El Dr. Rosen respondió sin dudar:

—Entonces, un día, ella nos destruirá.
No con violencia.
Con su verdad.

Ubicación: Nivel Central – 07:33 a.m.

Los enemigos fueron eliminados. Pero las alarmas internas seguían sonando.

No en la base.

En ellos.

Lucien la miró como si fuera un acertijo que no quería resolver. Deyan no podía dejar de pensar en el temblor en su voz. Riven la evitaba, como si tuviera miedo de que ella pudiera ver dentro de él. Y Thorne… simplemente afilaba su cuchillo, más lento de lo normal.

Kael fue el único que se acercó.

—¿Quién te hizo esto?

—Un mundo que no soporta lo que no puede controlar.

Silencio.

—Kára —dijo él, como si saboreara su nombre por primera vez—. No estás sola.

Ella no respondió. Pero bajó la mirada.

Y esa fue su forma de aceptarlo.

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