CAPÍTULO 7 TRISTEMENTE CASADAS

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" Y así mismo, con arrogancia y sin esfuerzo, el diablo ha pasado todas nuestras barreras de forma estoica. El diablo ya se encuentra en casa"

Cuando sonó la alarma, me paré sin rechistar. Hoy me espera un día de locos, a lo Cabello. Me di una ducha veloz, sin lavarme mi cabellera. No podía perder tiempo en secarla, además, lo había lavado el día anterior, ¿qué mas daba? Nadie me estará oliendo, o eso espero... Saco la ropa ya preparada gracias a Dinah, quien se siente ofendida por no haberla invitado a mi matrimonio. Es una idiota, por eso somos amigas. Al menos me hizo reír y olvidar que caminaría rumbo al matadero. Si. Así de dramática. Mi ropa era sencilla. Después de todo, así me conoció mi "prometida", y así se endiabló, perdón se enamoró. Son los nervios pre-boda, buaj. Estaba contenta con mi atuendo, principalmente, porque marcaba una enorme diferencias entre ella y yo. Pantalón negro con un pequeño corte en las rodillas, una sencilla camisa strap-less blanca, y unos tacones negros. Mi cabello afortunadamente coopera, al parecer, él si está feliz de casarse, por lo cual lo dejo suelto. Un poco de corrector para disimular mis feas ojeras de novia aterrada, y un poco de labial. Tomo mi bolsa guardando mi celular y gafas. Me coloco el abrigo negro de una vez por todas, y dejo las llaves a mano. Miro mi reloj y marca las seis, y cincuenta y cinco minutos, impresionante Camila. Puntualidad debería ser tu otro nombre. No pude darle ni dos mordidas a mi apio, cuando la puerta comienza a sonar, haciéndome suspirar. Bien, hora del show.

Al abrir la puerta, me encuentro con Joseph esperándome

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Al abrir la puerta, me encuentro con Joseph esperándome.

-Buenos días, Joe-digo con un pequeña sonrisa, y el aludido da un paso hacia atrás.

-Buenos días, señorita Camila-me sonríe amable-se ve radiante, si me permite decirlo. -

-Gracias Joe-digo sonriéndole otra vez-¿no me digas que ya se nos hizo, y la gruñona se fue a la Antártida con sus amigos los hielos, y se olvidó de mí?-inquiero inocente. El ríe negando con la cabeza y yo suspiro. Tenía que preguntar. Caminamos hacia otra camioneta, diferente a la que supuestamente abollé. Él me abre la puerta y resignada, entro en el confortable vehículo.

-Creí que nunca saldrías-dicen a mi lado, haciéndome pegar un chillido del susto.

-¡Por la virgen de la azucena! Me asustaste-digo tocándome el pecho, el cual, sube y baja violentamente. Se los dije, me sorprendo fácil. A este paso quedará viuda antes de tiempo. -Buenos días para ti también, cariñito-hablo sarcástica, viendo como esboza una pequeña sonrisa, la cual borra al instante -para tu información, estoy a tiempo. Controladora-murmuro colocándome mis gafas y cerrando mis ojos momentáneamente, queriendo ignorar todo.

Alguien me mueve un poco de forma un tanto grosera, por lo que abro los ojos de mala manera. Cielos, me quedé dormida sobre el hombro de la idiota, perdón, de Lauren. Como dije, nervios pre-boda.

-Lo siento-digo separándome rápidamente y bostezando.

-¿Tan mala noche pasaste?-pregunta con un claro doble sentido, mientras sonríe de forma lobuna-no me digas que te has dado el último gusto de soltera-ironiza haciéndome rodar los ojos.

-Eres una idiota. Odio despertar temprano, sólo eso-hablo enojada, suspirando pesadamente.

-Ya llegamos-dice Joseph de pronto. Veo como la idiota baja abriéndome la puerta para que pase primero. Al menos es una dama, idiota, pero dama al fin. Eso o me quiere ver el trasero. Por cierto, ¿ya les hablé yo de su trasero? Es grande mas que el de muchas mujeres, excepto el mío por supuesto el cual es gigante chechee siempre me molesta con eso dice que es perfecto, grande, gordo y respingón, en forma de corazon pero continuando con lo de mi querida prometida apuesto a que estarán celosas de mi casi esposa falsa. Con esto me pregunto que otra cosa será grande y...

 Con esto me pregunto que otra cosa será grande y

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<<¡Despiértate Camila! ¡Eres una pervertida!>>

<<Me contagias, Karla>>

<<Ajá, claro, culpa a tu pobre e inocente conciencia...>>

Antes de entrar al juzgado, la idiota me da una cajita negra de terciopelo, y yo sonrió. Es muy bonita y suave. Ella me observa esperando que la abra al parecer, y, sin poder con la curiosidad, la abro al instante.

¡Santa Vaca Bárbara! Tengo que ahogar un jadeo. Es un anillo.

<<Has descubierto América, Colón...>>

Es precioso. Muy hermoso. Plateado brillante, en el centro, una piedra -supongo será un diamante-verde, una esmeralda, como sus bonitos ojos. Ha de haberle costado un ojo de su preciosa cara. Apuesto a que puedo comprarme una casa en el Caribe. Tomar sol junto a mi familia, ver mujeres en trajes de baño con Dinah, mmm...mujeres....

Despierto de mi ensoñación cuando ella bufa a mi lado.

-Si es la única vez que me casaré, hazme el honor, cubito...-digo dándole la caja. Ella me mira ceñuda y finalmente, lo desliza por mi dedo mirándome como si estuviera realmente loca. Sorprendentemente, me queda a la perfección. No puedo creer lo que voy a hacer. ¡Dios dame fuerza! Pero no mucha, o salgo corriendo despavorida.

-Ahora andando-ordena retomando el camino.

Al entrar a una oficina bastante reservada, veo a un hombre bajito, de tés morena y, lo que a mi parecer es, un peluquín castaño en el cabello, el cual, acomoda pulcramente. Ha de ser el respetable juez. Reprimo mi risa en una tos fingida ante tal observación. El hombre nos hace pararnos frente a él, y veo como el muy descarado me ve los pechos. Me cruzo de brazos tapándome, y le doy LA mirada. El se da cuenta de lo sucedido, y traga en seco. A mi lado, Lauren gruñe. El hombre del peluquín se recompone, y comienza a hablar del matrimonio, de la fidelidad, el compromiso y blah...blah...blah.

Estoy a punto de dormirme cuando alguien me da un LEVE pellizco, que por poco, me hace chillar. Veo que la idiota me mira mal. Entonces, el hombre peluquín nos hace firmar los papeles, haciendo que trague en seco. Santo Pomelo, esto en serio está ocurriendo. Estoy casandome. Quiero llorar. Y no de felicidad. Lauren firma los papeles y se ve linda al hacerlo. Sus pechos también se ve...no puedo terminar mi frase, cuando ella ya me está poniendo la alianza y yo hago lo mismo con ella. Mi vista va del anillo a ella, y de ella al anillo. No puedo creer que en serio esté pasando. Joder. Me casé.

-Las declaró esposas, ya puede besar a la novia, señora Jauregui-dice alegre el pervertido hombre calvo, acomodando su peluquín despeinado por la suave brisa que entra por la ventana.

¡Esperen! ¿Besarme? ¿A mi? ¿Y yo por qué? Ah no, así no vale. Me giro hacia Lauren para decirle que ni se le ocurra, pero ella muy idiota sonríe burlona y une nuestros labios. Un beso suave, tranquilo, como si reconociera con timidez mi boca. Más vale lo disfrute, porque no pasará otra vez. Y aunque odie admitirlo, ha sido el mejor beso que me han dado en mucho, mucho tiempo. Es una lástima que fuera con ella y su cara de diablo...

Nos separamos cuando el hombre comienza a aplaudir y silbar como un pelmazo. Evito soltar una carcajada cuando entre saltos, su cabello cae al suelo, y el se apresura a recogerlo. Fijo la mirada en mi ahora esposa, intentando volver a la realidad. Pero no lo hago, me pierdo en ellos. Esos preciosos ojos verdes. Ella sonríe con arrogancia, y yo ruedo los ojos, saliendo del hechizo. Idiota.

Salimos del gran edificio de la mano, como una feliz pareja. No puedo creerlo. Y si, tristemente, casadas, ay de mi. Ahora mismo, nuestra próxima parada, el desayuno. Eso si promete felicidad eterna.

Hazel (Camren)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora