🔥🦅🇺🇸 ❝Controlarás este poder o dejarás que te controle?❞
Sam Wilson y James Barnes se enfrentan ante un nuevo enemigo cuando Beatriz Abernathy, una reportera con un turbio secreto, descubre un complot interno que involucra a los cargos más poder...
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📍Wallisville, Texas. Estados Unidos de América
PARA JAMES BUCHANAN BARNES no fue una sorpresa ver su rostro en televisión nacional a la mañana siguiente. Debió suponer que el ingenio de Alan Priest, como presidente del FBI que era, se encargaría de recurrir a todos los medios posibles para cerrarles los caminos, de forma que luego le fuera más sencillo lograr alcanzarlos. Ya fuera por una llamada desde el lugar más remoto o una foto tomada en la gasolinera de algún pueblo olvidado.
Muy disimuladamente, elevó el semblante por sobre su hombro para asegurarse que la chica despistada de la caja no estuviera viendo los titulares, y para su alivio, esta parecía más interesada en acabar su próximo nivel de Candy Crush que en enterarse de cualquier otra cosa que sucediera actualmente en el país.
A diferencia de Sam, él era una figura mucho menos respetada, por no decir un blanco en constante análisis por parte de los operadores del gobierno. Cualquier paso en falso que pudiera dar afectaría directamente la poca fe que le tenían como compañero del Capitán América, además de que, considerando su pasado, no les costaría nada volver a verlo como una amenaza potencial. Especialmente si ahora se le acusaba de aliarse con un "personaje mentalmente inestable" como lo era Wanda Maximoff.
Luego de saber todo sobre los ya mencionados sucesos de Westview, a Bucky no le quedó duda de que ambos se encontraban en las mismas circunstancias. Ahora no solo eran el centro de todas las acusaciones del FBI, sino también los dos criminales más perseguidos de los Estados Unidos.
Vaya manera de acabar el fin de semana.
Terminó de pagar las cosas por las que había ido y echó a caminar hacia la puerta, haciendo sonar la campanilla de la entrada.
Wanda lo estaba esperando apoyada en la motocicleta. Tenía el mismo gorro de días atrás ocultando gran parte de sus mechones castaños, de modo que lo único que podían verse de ellos eran sus puntas aún rojas, las cuales se movían con cada leve brisa que se paseaba por la carretera.