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El peligris mantenía un tip nervioso en su pierna izquierda mirando por la ventana con inquietud, con una presión en el pecho junto a esa rara sensación de que algo estaba mal.

—¿ Que pasa cachorro ?— rompió el silencio un peli blanco que llevaba rato viéndolo con una prudente distancia al pendiente de él desde que se escucho el impacto de una explosión no muy lejos de su localización y descompensó al más joven.

Su hijo era una de las criaturas más extraordinarias y raras de ver, del que cuidaba con su vida. Un lindo beta con el don heredado de la luna de sentir todo lo que pasa a su alrededor, voces, emociones y todo lo que pueda notar a su alcancé. Aunque la mayoría de las veces en las que no puede controlar el golpe de información que recibe, hacía lo posible para que se mantuviera en calma y no se saturará de todo.

Y eso era un reto contando que no sabes que pueda estar pasando cada minuto que transcurre y él no pueda bloquear lo a tiempo para que no le afecte.

— Pa... Algo no está bien — lo miro luego de un rato.

Encontrando se sus ojos verdes con los completamente blancos de su padre, que derrochaban curiosidad, preocupación y duda por el menor que no parecía nada estable dentro de su cabeza.

—¿ Que escuchas ?— se atrevió a preguntar acercando se a él con sutileza.

Sin querer romper el contacto que está teniendo su cachorro con lo que sea que pudo notar.

— Gemidos muy débiles...— su corazón se comprime por las emociones que logra percibir, tomándose de la cabeza por el palpitante dolor— está herido...

—¿ Puedes hablar con él ?— tomo su bastón arrodillándose frente a él.

Negó cerrando sus ojos.

— No me deja... Solo sufre en silencio...

— Taemin...

— Papá está muriendo — sus ojos cambiaron de verde hacer transparentes con un hilo de saliva salir de sus labios por la mueca en su rostro

El chamán se preocupo, podía ver la desesperación y angustia en los gestos que hacía su hijo tomándolo de la mejilla para que se tranquilizara, dejandolo ver por sus ojos, como si de un espejo se tratase lo que él estaba mirando, viendo aún lobo tan negro como el carbón tirado bajo un árbol con una gran quemadura en su lomo y pata derecha ,haciendo le imposible levantar se, gimiendo con debilidad mientras se retorcía del dolor al intentar moverse.

Al verlo se congelo, porque reconocía ese lobo dónde fuera por esa línea entre su osico hasta sus lagrimales y el imponente tamaño peculiar de un alfa normal.

— Tae... Tae...— le dió suaves palmadas para que regresará en si y tener la atención del beta otra vez — Hijo... Guíame ahora mismo.

Asintió conteniendo las lágrimas de las emociones que sentía de aquel lobo negro que no le quedaba mucho tiempos de vida.

La oscuridad del bosque consumía los pensamientos de todas las criaturas ocultas en él, el sonido de los animales nocturnos, el crujir de las hojas y ramas al pasar sobre de ellas con la vieja camioneta que manejaba el mayor, mientras el menor se mantenía quieto a su lado mirando a todos lados con desespero buscando el rastro.

—¡ Para !— gritó y su padre acotó las órdenes deteniendo se con precaución.

El beta se bajó y empezó a correr, sin importar le los gritos de su padre diciendo le que esperara por él.

Su olfato se agudizó sintiendo el olor casi inexistente del lobo, bajando por una inclinación como pudo, terminando encontrando el que poseia ese embriagante aroma que le removió el estómago. Era increíblemente hermoso y por un momento se quedó inmóvil por los débiles gruñidos que proporciona el Alfa al sentir la presencia de alguien.

ALEJENSE DE EL (JIKOOK)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora