Nova ha sufrido una gran pérdida en su vida y lucha por dejar atrás su pasado doloroso. Para ello, decide empezar de cero y aceptar un trabajo como personal de limpieza en el prestigioso Georgia White, un hospital especializado en enfermedades cardí...
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Nova
<<Su corazón latía sin fuerza, como si la vida se le escurriera entre los dedos. Ya no luchaba, solo aceptaba.>>
Dos semanas habían pasado desde lo ocurrido con Charles, pero el dolor seguía fresco, como si el tiempo solo hubiese acentuado la herida en vez de aliviarla. Cada sonido, cada movimiento, cada llamada de mi nombre me hacía contener la respiración, esperando—temiendo—una noticia que volviera a desgarrarme. Incluso cuando Joe pulsaba el pequeño botón para pedir pudin, mi cuerpo se tensaba, atrapado en una ansiedad imposible de justificar. Ellen intentaba tranquilizarme, asegurándome que debía relajarme. Pero sus ojos la delataban. Ella estaba peor que yo.
No podía descifrar los sentimientos de Ellen. Parecía frustrada, agotada... tal vez culpable. Pero leerla era difícil, mucho más que a Sean, quien ahora se mantenía de pie frente a mí.
Debería entender que las personas no son libros.
—Entonces...
Parpadeé. —¿Qué?
—¿Vas a dejar que visite a Joe o necesitas que te lo pida de otra manera?
Fruncí el ceño.
—No —me apresuré a responder—. El trato solo incluía visitas a Charlotte. Joe no está en la ecuación. Además, las cosas están complicadas ahora mismo.
Tomé la bolsa de basura y la lancé con fuerza al enorme contenedor verde militar. Estábamos en la parte trasera del Georgia White, donde los desechos se acumulaban, esperando a ser recogidos por el camión que pronto los llevaría lejos, a pudrirse en algún lugar y dañar el medio ambiente. La parte trasera del Georgia White era un espacio sombrío y desolado, alejado del bullicio del hospital. Un callejón angosto se extendía detrás del edificio, flanqueado por altos muros de ladrillo que atrapaban el viento helado como una prisión invisible.
El vapor de mi respiración se disipaba en nubes fugaces, perdiéndose en el aire gélido mientras sacudía mis manos, tratando de devolverles el calor. Me giré con la intención de entrar, deseando escapar del frío que se aferraba a mi piel... pero entonces choqué con él.
—Vamos, no seas así —dijo Sean, con un tono que intentaba ser casual pero que no ocultaba del todo su insistencia.
Rodé los ojos.
—No se trata de mí, Sean —respondí, metiendo las manos en los bolsillos para protegerlas del frío que parecía querer congelar hasta mis pensamientos—. Me asesinarían.
—No lo creo —replicó, mirándome fijamente. Su mirada me ponía nerviosa, y creo que lo notó, porque una ligera sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios—. Quiero empezar a cumplir los caprichos de Charlotte.
Alcé una ceja, desconfiada. —¿Hablas de sus deseos?
—Sí, eso —dijo, retrocediendo un paso, dejando un espacio considerable entre nosotros, como si quisiera darme tiempo para procesar sus palabras.