Nova ha sufrido una gran pérdida en su vida y lucha por dejar atrás su pasado doloroso. Para ello, decide empezar de cero y aceptar un trabajo como personal de limpieza en el prestigioso Georgia White, un hospital especializado en enfermedades cardí...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Ellen
Charles tenía apenas ocho años. A esa edad, los niños deberían preocuparse por descubrir el mundo, reír sin motivo y soñar sin límites, no por luchar por sus vidas. En vez de sobrevivir, deberían estar viviendo.
Ahora él estaba en el ala de la UCI. El doctor Cox permanecía junto a él. Yo esperaba afuera de su habitación y, a través del cristal, lo observaba recostado en la cama. Una mascarilla asistía su respiración, mientras el monitor cardiorrespiratorio seguía cada latido de su frágil corazón. Dormía como un ángel, con una valentía que no podía pasar desapercibida.
Suspire.
Cuando lo conocí por primera vez me obligo a disfrazarme de payaso para despedir a un niño de la clínica, desde entonces nos hemos vuelto inseparables. Siempre me dijeron que no debía encariñarme con los pacientes, que hacerlo era una debilidad. Pero con Charles no pude evitarlo. Su lucha y su espíritu me marcaron profundamente, y por primera vez sentí que mi corazón, en lugar de hacerse más fuerte, se quebraba un poco más.
—¿Ellen?
Me giré, ella apretó los labios cuándo mi vista la escaneo.
Estaba parada a un lado de mí manteniendo mínimo un metro de distancia entre ambas. Su largo cabello estaba suelto haciendo que las ondas marrones del mismo cayeran como cascada sobre sus hombros. Llevaba un pijama de los Minions. Bajo la vista y luego la subió. Cerré los ojos con calma.
—No puedes estar en el ala de cuidados intensivos Charlotte. Debes de volver a tu habitación.
Sonrió de medio lado —Quería saber cómo estaba Charles.
Con la carpeta médica firmemente sujeta entre mis manos, salí al pasillo sintiendo el peso de lo inusual. No solo ella no debía estar aquí; yo tampoco. Mi horario no incluía esta área, y la Unidad de Cuidados Intensivos se sentía como un territorio ajeno, casi prohibido. Sin importar el sentido de mis acciones, decidió seguirme.
—Nova me contó lo que sucedió.
—¿Bacchelli? —Me detuve, no la veía desde hace un par de horas y se suponía que ahora debería de estar en su casa descansando. Pero lo más seguro es que estuviera rondando por los pasillos —Deberías descansar. Sabes mejor que nadie que no debes hacer esfuerzos.
—Solo camine.
—Caminar mil kilómetros puede matarte.
Me miró en silencio, apretando los labios como si tratara de contener una mala respuesta. Nadie mejor que ella comprendía lo que sucedía en su propio cuerpo, cada señal, cada síntoma era un recordatorio constante. Charlotte necesitaba un nuevo corazón, un hecho tan evidente como doloroso y Charles, con su condición empeorando a pasos agigantados, quizás también necesitaría lo mismo.
—¿Él va a estar bien? —preguntó, con un tono que parecía mezclar esperanza y miedo.
Suspiré antes de responder: —¿Si te digo cómo está, volverás a tu habitación?