Tomé las dos maletas grandes de la parte trasera del auto, con cuidado de no resbalar, mientras observaba a mi mejor amiga, Lilah, intentar arrastrar todo su equipaje por el angosto pórtico lleno de nieve hasta la puerta principal de la casa.
Nuestro nuevo hogar.
Suspiré pesado y le pagué al taxista, un hombre hindú de mediana edad, que desde el retrovisor se veía visiblemente irritado por nuestra torpeza al bajar las maletas, con lo último de efectivo que me quedaba. Observé cómo contaba cada billete en un silencio incómodo. Una vez se hubo asegurado de que ningún dólar era falso, me miró con desconfianza y asintió con la cabeza para luego subir la ventanilla y desaparecer al final del camino escarchado con lentitud. Giré los ojos ante tal interacción y me di la vuelta para hacerle frente a la casa. Tenía dos pisos, aunque solo el primero era para nosotras, ambos con entradas independientes. La fachada de un rojo descuidado y el techo cubierto de nieve me recordaron a mi hogar en Volgograd, Rusia.
Caminé siguiendo las pisadas de Lilah sobre el sendero de madera cristalizado de la entrada; la casa olía a madera mojada y a ambientador barato, de esos que huelen a ropa recién lavada. Arrastré mis maletas hasta la habitación principal, dejando un leve rastro de nieve que se desprendía de las ruedas mojadas. —Tendrás que secar eso —espetó Lilah mientras sostenía un montón de abrigos con dificultad para amontonarlos en el closet. Volteé para observar el hilo de nieve derretida en el piso de madera, achiqué los ojos, cansada. —No me mires así. Tu habitación es la de al lado — me indicó — No me pareció que te importara si tomaba esta, porque te tardaste en entrar.
—Estaba pagando el taxi. —Negué con la cabeza, sin entender su razonamiento — Me debes 20 dólares.
—¿Te importaría encargarte de eso esta vez? No traigo efectivo encima.
Su total falta de preocupación me hirvió la sangre y me asusté de mi reacción. Quizá fuera solo el cansancio del viaje o el hecho de que Lilah prácticamente hubiera decidido por su cuenta acompañarme al día siguiente de contarle que me iría. De todos modos, solo resoplé y asentí para luego arrastrar la maleta a la habitación contigua, que estaba al final del pasillo. Era evidentemente más oscura y pequeña que la principal y no tenía baño propio. Desde la ventana, que tenía una horrible malla protectora que la hacía parecer cárcel, se podía ver claramente la pieza de la casa vecina que, por cierto, no tenía cortina.
Escuché a Lilah hablar por teléfono a través de la pared, quizá era su madre, sus otras amigas o su novio, no logré distinguirlo. Solo podía escuchar su irritante felicidad al describir lo bien que planeaba pasarlo. Entonces, contemplé la cama de una fina estructura de hierro y el colchón delgado y desnudo encima. ¿Me había equivocado al poner los pies en este país, en esta habitación tan parecida a una cárcel?
Me senté en la orilla de la cama y la escuché rechinar. Miré el techo, aún pensando en todo lo que había dejado atrás. Se me apretó el pecho mientras miraba las hélices del ventilador girar sobre mi cabeza, sabía que algo andaba mal, pero no sentía que tuviera la fuerza suficiente para afrontarlo, sobre todo en esta situación en particular. ¿Qué sería de mí si me derrumbara ahora?
No quería responder esa pregunta. En su lugar, busqué una de mis pastillas para la ansiedad entre las cosas de mi necesser y me tragué unas dos al hilo, sin agua. Me levanté de la cama con pesadez y arrastré mis pies hasta el pasillo.
—Voy por un café, ¿quieres algo? —Lilah me miró un segundo antes de negar con la cabeza.
— ¿Vas a salir así? —Sus ojos recorrieron de arriba a abajo mi figura, llevaba la ropa de chándal con la que había viajado y unas viejas botas de nieve. Yo la miré confundida por su reacción. —Pareces una indigente.
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CRUEL WINTER // Wandanat (en edición)
FanfictionNatasha ha dejado su caótica vida en Rusia para empezar de cero. Wanda está harta de vivir en un pueblo pequeño y hace de todo para alejar el dolor de la pérdida de su hermano. Cuando sus vidas se cruzan, Nat teme revivir su pasado y Wanda ve en el...
