Maternidad

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Pasaron algunos días desde la amarga discusión en la cocina. Durante ese tiempo, Cassandra no le dirigió ni una sola palabra a Jhon. La tensión en el almacén era palpable; incluso los miembros de la pandilla notaron el cambio en la dinámica entre sus líderes. Jhon, por su parte, mantuvo su habitual actitud fría y distante, pero había algo diferente en su mirada cada vez que veía a Cassandra con el bebé en brazos.

Desde aquella noche, Cassandra se había encargado de todo lo relacionado con Isaac. Había conseguido ropa y artículos para bebé: pañales, mantas, incluso un par de pequeños juguetes que alguien había descartado pero que aún servían. Lo hizo sin pedir ayuda, con la determinación de quien había tomado una decisión inquebrantable.

Por su parte, Jhon se mantuvo al margen. No mencionó al niño, ni a Cassandra, pero la observaba desde lejos cuando nadie lo veía. Había algo en la forma en que ella cuidaba al bebé que le resultaba inesperadamente… tierno. Sin embargo, su orgullo le impedía acercarse o, peor aún, disculparse.

En una mañana tranquila. Cassandra estaba sentada en una vieja silla junto a la ventana, sosteniendo a Isaac mientras el doctor Levin lo examinaba.

—Parece que está mucho mejor —dijo Levin mientras ajustaba su estetoscopio—. No hay signos de hipotermia ni neumonia, o alguna  infeccion. Tuvo suerte de que lo encontraste cuando lo hiciste.

Cassandra sonrió, un gesto pequeño pero genuino.

—¿Entonces estará bien? —preguntó mientras acariciaba la diminuta cabeza de Isaac.

Levin asintió.

—Sí, estará bien. Pero como te mencioné antes, lo mejor es mantenerlo abrigado y alimentarlo regularmente. También necesitará sus vacunas.

Cassandra asintió con firmeza.

—¿Puedes ponérselas ahora?

—Por supuesto. —Levin sacó una pequeña caja con las vacunas necesarias y comenzó a preparar las inyecciones.

Mientras el doctor trabajaba, Jhon apareció en la puerta de la cocina, observando en silencio. No entró, simplemente se quedó apoyado en el marco, cruzado de brazos, con una expresión inescrutable.

Isaac soltó un llanto breve cuando Levin le aplicó la primera vacuna. Cassandra lo consoló de inmediato, murmurando palabras suaves mientras lo acunaba.

—Eres fuerte, pequeño —dijo en voz baja, besándole la frente.

Jhon no pudo evitar sentir una punzada en el pecho. Había algo en esa escena que lo conmovía, aunque jamás lo admitiría. Se aclaró la garganta, haciendo que Cassandra y Levin se giraran hacia él.

—¿Todo bien? —preguntó Jhon, su tono más brusco de lo que pretendía.

Cassandra lo miró sin responder, su rostro neutral pero con una frialdad evidente. Levin, ajeno a la tensión, asintió.

—El niño está bien. Solo necesitaba unas vacunas y un chequeo general.

—Bien —respondió Jhon, esquivando la mirada de Cassandra. Después de un momento de silencio incómodo, agregó—: Asegúrate de que no falte nada para él.

Cassandra arqueó una ceja, sorprendida por sus palabras. No era común que Jhon se preocupara por algo así, pero no dijo nada. Levin, sintiendo que sobraba, guardó sus cosas rápidamente.

—Bueno, eso sería todo por hoy —dijo el doctor mientras se levantaba—. Si necesitas algo más, llámame.

—Gracias, Levin —respondió Cassandra, esbozando una leve sonrisa antes de acompañarlo hasta la puerta.

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