El sonido de un llanto agudo rompió la tranquilidad de la madrugada. Cassandra gruñó en voz baja, sintiendo el peso del cansancio en su cuerpo antes siquiera de abrir los ojos. Se giró en la cama, pero el llanto persistió, reclamando su atención con urgencia.
Con un suspiro pesado, parpadeó para despejar la vista y se incorporó lentamente. Isaac, a su lado, pataleaba con frustración, su rostro enrojecido y su boquita abierta en un llanto que no dejaba dudas de su descontento.
—Está bien, está bien… —murmuró con voz ronca, pasándose una mano por la cara antes de recoger al bebé en brazos.
Lo sostuvo contra su pecho mientras se ponía de pie, tambaleándose un poco. El almacén estaba en completo silencio, salvo por los murmullos distantes de algunos peatones caminando por la calle. Caminó descalza hacia el baño, con Isaac pegado a su pecho, tratando de calmarlo con suaves palmadas en la espalda.
Al llegar, encendió la luz y entrecerró los ojos ante el resplandor repentino.
—Veamos qué pasa contigo, pequeño escándalo.
Con movimientos lentos y torpes por el sueño, desabrochó el pañal y en cuanto lo revisó, suspiró con resignación.
—Por supuesto… —dijo, con una mueca—. Tenía que ser eso.
Isaac pateó el aire, todavía sollozando, ajeno a la batalla interna de Cassandra por mantenerse despierta.
—Bien, vamos a arreglar esto. Pero me debes una, ¿eh? —murmuró, mientras sacaba un pañal limpio y toallitas húmedas.
A pesar de lo agotada que estaba, no pudo evitar sonreír levemente. Hace unas semanas, jamás habría imaginado que estaría en esta situación. Pero ahí estaba, a las tres de la mañana, cambiando pañales en un viejo almacén con un bebé que había encontrado en la basura.
La vida, definitivamente, daba giros inesperados.Cassandra terminó de limpiar a Issac para luego ponerle un pañal. Con un suspiro de alivio cass termino de ajustar el pañal de Isaac.
—Listo, problema resuelto —murmuró, tirando el pañal sucio en una bolsa y limpiándose las manos con una toallita húmeda.
Isaac ya no lloraba, pero todavía se movía inquieto, con los ojos entrecerrados y las mejillas sonrojadas por el llanto. Cassandra lo cargó con cuidado y besó su frente con suavidad antes de apagar la luz del baño y regresar a la cama.
Se acomodó con él entre sus brazos, arropándolo con la manta para que no sintiera frío. Con movimientos lentos, acarició su cabecita, sintiendo la suavidad de su fino cabello.
—Duerme, pequeño —susurró, meciéndolo con delicadeza—. Ya todo está bien.
Isaac balbuceó algo ininteligible y sus manitas se aferraron a la tela de la camisa de Cassandra. Ella sonrió levemente y comenzó a tararear una melodía suave, una canción que no recordaba exactamente de dónde había sacado, pero que ahora se había convertido en parte de sus noches.
—Calla, mi vida, no hay que llorar… —murmuró en voz baja—. Sueña y duerme feliz…
Isaac respiró profundamente, su cuerpecito relajándose poco a poco. Cassandra continuó acariciando su cabeza, sintiendo cómo el ritmo de su respiración se volvía más lento y tranquilo.
Cuando finalmente se quedó dormido, ella apoyó su mejilla contra su cabecita y cerró los ojos.
—Duerme bien, Isaac… —susurró.
Afuera, el almacén seguía en silencio. Pero en la habitación, bajo la tenue luz de la lámpara, Cassandra se permitió un pequeño momento de paz mientras el bebé dormía en sus brazos.
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Hijos de la calle
RandomEn el año 2093 el crimen en las calles de una ciudad comienza a afectar cada vez más a la población, asesinatos, violaciones, secuestros y drogas, la policía no se da abasto, pues sus recursos son escasos y la corrupción se ha infiltrado en las fue...
