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Los brazos de Merlina consiguen su conocido camino alrededor de la cintura de Enid, al igual que sus piernas rodeando las caderas de la mayor. Es costumbre de Enid sentarse en las piernas de Merlina cuando tienen sus tardías e íntimas conversaciones en el balcón del gran apartamento que comparten.
Puede sentir en su espalda los latidos de la menor, en su abdomen la forma en que juega con sus dedos, sobre sus muslos los esfuerzos que sus pequeñas piernas hacen en intentar abrazarla por completo.
Siendo Enid más grande que ella debería ser quien abrace a Merlina, pero creció a su tamaño dentro de ese cálido agarre; ni porque sea más alta o más fuerte, dejara de preferir ser abrazada por Merlina que abrazarla.
Sin embargo, quisiera creer que esos abrazos tienen un significado distinto. Han sido más cálidos, más duraderos, más ajustados los agarres, el mentón de Merlina que intenta alcanzar para reposar sobre su hombro ha sido reemplazado por su frente junto a un largo suspiro; a veces puede ser su nariz olfateando la tela de lo que sea que cubra la piel de Enid.
Hay algo que Merlina quiere dar a decir y la mayor está asustada de lo que pueda ser. Pero más le asusta que está sea la noche que en que lo diga.
-Ha sido bastante obvio, ¿no?- la pequeña voz de Merlina llega a los oídos de Enid a duras penas como un balbuceó.
Eso no es impedimento para que la entienda, la rubia ha aprendido a leer entre líneas las cosas que Merlina quiere decir. Por eso sabe lo que ocurre.
-¿Tú lo has notado?-
-He notado muchas cosas nuevas de ti últimamente.-
-Me gustas, Enid.- y ahí va otra vez la frente de Merlina a reposar sobre el omóplato de Enid, junto a él ese largo suspiro. Pero este suena más a uno de derrota, de cansancio y de tristeza. -Pero se que yo no te gusto, no de la forma que yo quisiera.-
Es curioso que sea Merlina quien haya puesto su corazon en línea para que Enid lo tomase aún sabiendo el inminente rechazo, el corazón de la mayor también sienta esa punzada de decepción que cualquier falla amorosa trae consigo.
Merlina Addams ha sido su mejor amiga por más tiempo de el que está segura y solo la puede ver de esa manera. Como una confidente con la cual contar, como una hermana que la vida le ha dado, nunca podría verla con otros ojos que no sean los de amistad.
Sabía que las miradas que Enid pensó solo eran imaginaciones de ella, las manos entrelazadas a las cuales se había acostumbrado desde adolecente y ahora eran más dependientes y estos abrazos habían cambiado los últimos meses. Merlina estaba cayendo mientras que Enid la veía desde el borde del precipicio.
-Lo siento, Mer.- las tres palabras salen de la boca de Enid igual de triste que el suspiro de la menor.
Una risa sincera toma a Enid por sorpresa al igual que la repentina fuerza que Merlina hace para ajustar sus agarres alrededor de su cuerpo.