Luz

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Minho

Se reporta Lee Minho, director del proyecto Revolución Humana, a día 30 de mayo del 2260. Inicié la investigación de forma autónoma en el 2254 y unos meses después colaboré con equipo de la Universidad Estatal de Tokyo en relación a la exploración de realidades paralelas. Me transferí a Seúl dos años después, dado que establecieron una posible conexión entre las dimensiones y la física cuántica, mi área de estudio.

Llevo cuatro años formando parte del equipo de Corpus Homini, con base en Seúl, y los resultados están siendo los esperados desde la última sesión. Se ha conseguido transportar pequeños objetos y animales sin que los materiales experimenten modificaciones o haya víctimas mortales, por lo que a continuación procederemos a la experimentación con humanos. El sujeto 0 seré yo mismo.

Programaremos inicialmente la máquina para que me lleve a la Sala Negra del 30 de mayo del 2235, cuando la corporación fundó este centro y dedicó ese espacio para que se usara posteriormente.

Pongo fin a la retransmisión.

El holograma con mi cara desapareció en cuanto apagué la grabación. Subí las gafas al puente de mi nariz y terminé de calcular las coordenadas a la que me enviaría.

—¿Está todo listo para la operación, señor Lee? —me preguntó uno de los investigadores asociados.

—Así es. —Me levanté de la silla y le entregué la libreta con las coordenadas—. Asegúrate de que sean exactamente estas, no puede fallar ni un punto, ¿entendido?

—No se preocupe, lo tenemos bajo control —me reconfortó otro de mis compañeros.

Solté un suspiro.

—Pues empecemos la prueba.

Con paso decidido, caminé hasta la vitrina donde se custodiaban los transportadores. Uno era una caja plateada de medida reducida, que en el lomo contaba con una pantalla para las coordenadas, mientra que el otro era una palanca de mando, en cuya base se digitalizaba el destino geográfico.

—Se han insertado los datos en el ordenador —notificó el ingeniero mayor.

—Perfecto. Iniciad el proceso.

Sostuve la palanca de mando y miré fijamente la centralita, con los nervios carcomiendo mis entrañas.

Habían pasado cuatro años, cuatro meses y quince días desde el día en que había tenido una de mis peores recaídas, donde estuve a punto de abandonar hasta mi pasión, sin embargo tras un año y medio de recuperación había conseguido que Corpus Homini me volviera a aceptar. El esfuerzo al fin estaba dando frutos.

En cuanto apreté el botón principal, mi visión se distorsionó. Percibí las vibraciones que sacudieron cada parte de mi cuerpo, las cuales resultaban molestas pero no dolorosas.

Ante mi vista apareció una habitación de paredes marrones y una luz mortecina. Las grandes mesas y las paredes de cristal del laboratorio habían desaparecido. Observé cada esquina de la sala, intentando descifrar si mi mente estaba jugando conmigo de nuevo.

Me quedé absolutamente quieto en cuanto miré el calendario que reposaba en la puerta. Todos los números estaban tachados a excepción del 30 y el 31 del mes y en un margen superior, anotado a mano, rezaba "2235".

Sonreí impulsivamente y me obligué a tapar la boca para que no se oyera mi risa. Con las manos temblorosas, apreté los dos botones del control y susurré: "Protocolo de retorno".

Esta vez la vibración fue recibida como la mejor de las sensaciones y cuando volví a ver la sala de experimentación, en la que se encontraban los más de doscientos trabajadores que habían estado a mi lado todo este tiempo, alcé los brazos y grité:

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⏰ Última actualización: Apr 05, 2023 ⏰

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