57. final

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La habitación se llenó de un silencio tan espeso que pareció alterar la textura misma del tiempo

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La habitación se llenó de un silencio tan espeso que pareció alterar la textura misma del tiempo.

Hasta un segundo antes había habido voces bajas, el roce de una cuchara contra una taza, una risa apagada en el rincón, el chasquido leve de alguien cambiando de postura sobre el sofá estrecho junto a la ventana. Después, nada. El aire se contrajo. Todo se suspendió.

Taehyung no respiró.

Se quedó inmóvil junto a la cama, con la mano de Jungkook atrapada entre las suyas, mirando aquel rostro que había aprendido a contemplar en todos sus matices de quietud: la curva de las pestañas sobre las mejillas, la palidez de la piel bajo la luz artificial, la boca apenas entreabierta, la respiración asistida durante meses por una rutina médica que había acabado por volverse parte del paisaje. Había memorizado cada detalle de aquella inmovilidad con la devoción de quien teme olvidar a alguien mientras aún lo tiene enfrente.

Por eso, cuando vio el temblor en los párpados, pensó primero que era una ilusión.

Un reflejo.

Otro de esos pequeños movimientos involuntarios que el cuerpo produce y que no significan nada.

Pero no.

Los ojos de Jungkook se abrieron.

No del todo. No de golpe. Se abrieron como si regresaran desde una distancia imposible, pesados, confundidos, opacos todavía por el sueño de meses, pero abiertos. Vivos.

Taehyung sintió que el mundo se partía en dos: todo lo que había existido antes de ese instante y todo lo que existiría después.

—Jungkook... —susurró.

Su propia voz le sonó extraña, quebrada, demasiado pequeña para sostener semejante milagro.

En el rincón, los demás tardaron apenas un momento en percibir que algo había cambiado. Namjoon fue el primero en levantarse; la taza que sostenía quedó olvidada en el suelo antes de que él mismo pareciera darse cuenta de haberla soltado. Yoongi se irguió desde la silla con el ceño fruncido, como si desconfiara de lo que estaba viendo. Hoseok se quedó quieto con una expresión de incredulidad tan desnuda que resultaba casi infantil. Jimin llevó ambas manos a su boca. Jian se puso de pie de golpe, arrastrando los pies hacia adelante sin terminar de decidir si acercarse o mantenerse a distancia.

—¿Está... despierto? —preguntó Jimin, con la voz tan baja que apenas fue un soplo.

Taehyung no apartó la vista de Jungkook. Solo asintió.

CASTIGAME//taekookHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora