1

443 67 22
                                    

Echó un vistazo al cielo, notando que no había ni una nube a la vista. No aminoró el ritmo apresurado de sus pasos al andar, estimulado por el café que se compró en la cafetería próxima a su conjunto residencial. Salió de casa a las seis y treinta. Calculaba que, para ese entonces, eran las siete. O poco más.

Rubén se premió a sí mismo por haber desayunado previamente, si bien aquella mañana le costó muchísimo salir de la cama. Era lunes. O martes, no estaba seguro.

De sus labios brotó un resoplido que se perdió en la brisa. Afianzó el agarre con el que sostenía la mochila que colgaba de su hombro, finalmente topándose con ese lugar. New Horizons, la guardería en la cual había conseguido empleo recientemente.

Para Rubén, alguien descuidado que se distraía con facilidad, resultaba toda una hazaña el desempeñarse como cuidador en una guardería.

Saludó al vigilante, otorgando los buenos días, además, a las damas que ya se encontraban allí. Ellas le correspondieron con calidez, puesto que ya reconocían al joven castaño.

Para ser un establecimiento de cuidado infantil, la estructura del sitio era similar a la de una escuela común y corriente. Espacioso, con diversos salones de recreación para los pequeños. Educativa y segura.

Sin embargo, a Rubén algo le causaba ruido. No se trataba de la guardería, claro está.

A pesar de todo, él continuaba sin sentirse pleno. Así había sido desde el último par de años. Siendo que ya era un adulto de 24 años, recién graduado en una licenciatura, no lograba sentirse lleno con lo que hacía.

Ciertamente, su día a día se sentía solitario.

Entonces, mientras que colocaba su mochila en una de las estanterías, y se desprendía del grueso abrigo, el término «defectuoso» comenzó a resonar en bucle en su cabeza. Como si se tratase de una fastidiosa gotera en el tejado, o un disco rayado.

Desde la niñez hasta la adolescencia, y ahora, parte de su vida de adulto joven. Rubén destacó por sobre los demás.

Lo habían considerado un varón Omega defectuoso.

Fallido por carecer de aquellas características estereotipadas de su naturaleza. Rubén jamás fue sumiso, ni dulce. Jamás desarrolló un aroma dulcificado, propio de su condición.

Era alto, flaco y de corazón de oro. Solía ser buscapleitos en la escuela secundaria, revoltoso y alegre, siempre juntándose con chicos de sub-categoría Alfa.

Por encima de todo, a Rubén lo llamaron fallido debido a que carecía de un ciclo de celo regular, lo cual anulaba su tasa de fertilidad. Ser un Omega recesivo lo volvía débil, inevitablemente; había un desequilibrio fatal en sus hormonas. Y para colmo, no reaccionaba a las feromonas.

No es que ser confundido con un Beta lo hiriese. De hecho, Rubén creció valiéndose por sí mismo, tanto que su personalidad se tornó quizá demasiado independiente. Estaba negado a relacionarse de modo romántico con el resto.

De por sí era malísimo para lidiar con los sentimientos. Era evasivo al respecto.

De vuelta a la realidad. Parpadeó, jurándose a sí mismo que ese día iba a ser como cualquier otro. Si bien era despreocupado, se esforzaba para dar lo mejor de sí al momento de cuidar de los niños.

Esa era su rutina, se dijo. Y así sería durante algunos meses.

Posteriormente, Rubén se hizo cargo del grupo de pequeños que le encomendaron. Ya que los infantes no sobrepasaban los tres o cinco años, por lo general, en un principio no causaban tanto alboroto. Dibujó junto a ellos, atento a sus dudas y necesidades.

Fearless | rubegetta Donde viven las historias. Descúbrelo ahora