𝐂 𝐀 𝐏 𝐈 𝐓 𝐔 𝐋 𝐎 𝐔 𝐍 𝐎

24 3 0
                                    

⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

2002 - ABRIL, LUNES 15

`ㅤㅤSHIBUYAㅤ𖥘ㅤEP.ㅤ𝟢𝟣

⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

Se había levantado demasiado temprano, se lavó la cara y los dientes como solía hacerlo siempre. Le gustaba disfrutar de tocar el piano y hacer algunas partituras, algo que verdaderamente amaba y no iba a dejar de hacerlo nunca, ni que se lo pidieran.

Sus dedos, flexibles y listos, se posaron sobre las teclas blancas y negras, como un pintor frente a su lienzo en blanco.

Con un suspiro de anticipación, Dai comenzó a tocar. Las primeras notas, suaves y cautelosas, resonaron en el aire, llenando el silencio. Poco a poco, la música comenzó a fluir, cada nota un hilo en el tapiz sonoro que estaba tejiendo. Las melodías dulces y las armonías ricas se entrelazaban, creando una danza de sonido que parecía cobrar vida propia.

Los dedos de Dai se movían con gracia y precisión, cada golpe de tecla una declaración de pasión y dedicación. Las notas graves resonaban con una profundidad que hacía temblar el suelo, mientras que las notas agudas tintineaban como estrellas en el cielo nocturno. La música se elevaba y caía, llevando consigo una multitud de emociones: alegría, tristeza, amor, anhelo.

A medida que la última nota se desvanecía en el aire, la menor se quedó sentado en silencio, su corazón latiendo al ritmo de la música que acababa de crear, aunque le faltaba terminar. Tocar el piano no era solo una actividad para ella, era una forma de expresarse, de contar su historia. Y en ese momento, en la quietud de su habitación, Dai se sintió verdaderamente en paz.

Un suave golpeteo en la puerta la hizo mirar por el reflejo de su ventana. El sonido, aunque leve, resonó en la quietud de la habitación como un eco distante. La puerta se abrió lentamente, revelando la figura de su padre. Su rostro, iluminado por la tenue luz proveniente del exterior, mostraba una expresión de serenidad y orgullo.

𝐅𝐄𝐋𝐈𝐂𝐄𝐒 𝐗 𝐒̶̶𝐈̶̶𝐄̶̶̵𝐌̶̶𝐏̶̶𝐑̶̶𝐄̶̶ 〡 𝓜𝒊𝒕𝒔𝒖𝒚𝒂 𝓣𝒂𝒌𝒂𝒔𝒉𝒊Donde viven las historias. Descúbrelo ahora