Dennis.
La idea de una vida compartida, y mucho menos de un compromiso, me resulta ajena. Con mis hermanos, la convivencia siempre ha sido una cuestión de logística, no de afecto: cada uno tiene sus gustos, sus intereses y su espacio inviolable. Lo único que realmente compartimos es el penthouse que habitamos y el edificio de la corporación. No fuimos criados para compartir, sino para poseer; que nuestros padres nos impongan lo contrario es intrusivo e incómodo. Yo no tengo interés en formar una familia. A Dean, el tema le resulta irrelevante. Solo Darren alberga esas aspiraciones románticas.
—Debemos actuar ya. Nuestros padres han sido muy claros con la empresa —Darren caminaba de un lado a otro en la oficina principal de Dean, con la ansiedad palpable—. Nos pueden despojar de todo si no les damos lo que quieren.
—Es un chantaje infantil. La empresa es nuestra, ya están jubilados —Dean servía whisky con una calma estudiada, aunque sus ojos reflejaban la tensión—. Además, ninguno de nosotros quiere realmente compartir una vida, y mucho menos a la misma mujer.
—Puede que lo sea, pero legalmente, siguen siendo los propietarios fundadores. Pueden destrozarnos sin pensarlo dos veces —recalco, sintiendo cómo el miedo a perder el poder me calaba los huesos.
Nos hundimos en un silencio denso. El status quo se había roto.
—No nos queda otra opción que aceptar su petición —Darren se detuvo y nos miró con seriedad—. Sé que a ustedes dos les horroriza la idea de un compromiso. Pero si queremos conservar Morrison Media, es mejor que les demos lo que piden, aunque sea una falsa.
—¿No lo entiendes? No estamos diseñados para la poligamia, y menos con una mujer que no conocemos. Además, ¿Qué mujer aceptaría un acuerdo así? Nuestra reputación no es precisamente la de hombres de familia —replica Dean, con su habitual cinismo.
Darren es el único romántico; Dean y yo somos hombres de negocios, atraídos por la apariencia y el no compromiso. Necesitábamos una solución pragmática, no un milagro.
—Podríamos encontrar a alguien que lo acepte como un acuerdo de negocios —sugiere Dean, pensativo.
—Tengo una idea mejor —Darren cruza los brazos, con la chispa de un estratega encendiéndose en sus ojos—. No queremos casarnos, ni compartir a nadie de verdad. Busquemos a una mujer que acepte simular ser nuestra novia compartida y luego formalizar un matrimonio falso que dure el tiempo suficiente para que nos entreguen el control total. Un año, tal vez.
—Ese plan no es descabellado, pero ¿Cómo encontraremos a una mujer que encaje con los gustos de los tres y que sea creíble ante Mamá? Debe tener cierto atractivo social para que nuestra madre la acepte sin reservas.
La atracción física era el punto de partida; la personalidad, para esta farsa, era secundaria.
—¿Y si buscamos a la chica que Mamá conoció ayer? ¿La vendedora de la boutique?
Dean se atraganta ligeramente con su whisky. —¿La vendedora? ¿No temes que la mentira sea demasiado obvia si recurrimos a una desconocida?
—Al contrario. Si logramos que ella acepte el trato, Mamá estará encantada de inmediato. Y lo más importante: nuestros padres dejarán de presionarnos al ver a Erika tan feliz con la nuera que ella misma escogió. Nos compraría el tiempo suficiente.
El pragmatismo de la idea era innegable. La necesidad de placar a nuestra madre era la variable más urgente.
—Decidido. Iremos a la tienda donde Mamá la conoció, averiguaremos su nombre y la contactaremos de inmediato —sintetizo, aceptando el plan con la frialdad de un contrato.
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Comprometida Con Tres Hermanos / Finalizada
Romans-Bueno antes de decirle, nos presentaremos- El chico adorable me sonrie y yo trato de mantenerme cuerda al no caer ante el encanto del hombre -Mi nombre es Darren Morrison fotógrafo y jefe de la edición- Se presenta -El es nuestro hermano mayor Dean...
