Cierto la puerta detrás de mí y Alberto se levanta de la cama, está desnudo y me permite ver todo lo que he llevado anhelando desde hace un año que lo conozco. Me agarra de las caderas y me sienta en el sofá que hay a mi lado. Manolo se pone de pie y mis ojos se abren como platos cuando veo su micropene, me aguanto la risa y desvío mi mirada hacia Alberto.
- ¿ Quién quieres que te dé placer primero, prostituta?- preguntó Manolo en mi oído.
Ambos me observaban, hambrientos, con ganas de llenarme. Me sentí deseada, como si fuera una ofrenda lujuriosa para ellos, y eso me encantó.
- Alberto.
El de las orejas no dudó en ponerse frente a mí, entre mis piernas. Tragué saliva con dificultad. Lo deseaba, y ver cómo se preparaba y rozaba mi humedad, fue lo más excitante que había visto en mucho tiempo. Por instinto, quise cerrar las piernas para atraerlo más a mí, pero Manolo me agarró los muslos.
- No, bonita, él te quiere así..., mojada, abierta y lista - la voz de Manolo se volví más varonil, me hizo encender me más, hasta que mi mirada bajo a su miembro y una pequeña risita se escapó de mis labios.
Mirándome a los ojos, Alberto se agarró de mis caderas y me penetró de golpe. Solté un alarido de placer, retorciéndome, acostumbrándome a la sensación deliciosa de estar llena. Se inclinó sobre mí, besándome, gruñendo mi nombre al comenzar a moverse con rapidez y profundidad. No fue suave ni cuidadoso, cada estocada me presionaba más contra Manolo y su erección, que estaban detrás de mí. Manolo se puso a nuestro lado de rodillas en el sofá, viéndolo todo y tocándose. Se quedó a la altura perfecta, así que me incliné hacia un lado y lo tomé en mi boca mientras Alberto seguía con sus movimientos bruscos. Era demasiado. Necesitaba que Alberto se moviera más despacio porque estaba a punto de explotar. Despegué la boca de Manolo un momento, levanté la mano y la puse contra los abdominales de Alberto, rogándole con los ojos. Él sonrió con picardía.
- ¿Quieres más duro, drogadicta? - Sacudí la cabeza, pero sí, quería más.
Él me apartó la mano y se agarró con tal fuerza de mis caderas que estaba segura de que me dejaría marcas. Entonces se movió aún más rápido, hundiéndose aún más en mí. Cerré los ojos, gimiendo, jadeando. Sentí algo duro y caliente contra mis pechos y, al abrir los ojos, vi a Manolo masturbándose casi encima de mí. Estaba a punto de llegar, lo podía ver en la forma en la que se contraían los músculos del abdomen. Y ese fue el detonante para llegar al punto máximo. Mis gemidos se volvieron más altos y desesperados...
Alberto entraba y salí de mí, y Manolo alcanzó el clímax sobre mis pechos, y al notar el líquido caliente deslizándose por mi piel, exploté. El orgasmo me recorrió desde la punta de los pies hasta la cabeza, mientras cada nervio se electrificaba, ardía, vibraba de placer absoluto. Al mismo tiempo, Alberto gimió y gruñó, estremeciéndose, terminando dentro de mí. Alberto salió de mí, pero apenas pude recuperar el aliento porque Manolo me levantó del sofá y me empujó hasta que quedé sobre mis manos y rodillas en el sofá. Lo miré por encima del hombro.
- Simio Homosexual...
Él me agarró las manos, las unió sobre mi espalda, sin dejarme otra opción que recostar mi cara de lado. Sabía lo brusco que era, sabía que le gustaba tener el control absoluto. Así que me rendí ante él, me excitaba hacerlo. Manolo no tuvo que prepararme, ya estaba más que mojada, en especial después de que Alberto se corriera dentro de mí.
Manolo empezó a penetrarme de una manera sorprendentemente lenta, pero en un segundo cambió a un ritmo castigador, fuerte y que me presionaba la cara contra el sofá con cada movimiento. Alberto nos miraba y pude ver que su miembro se endurecía de nuevo... y supe que esto estaba lejos de terminar. Alberto se acercó y se inclinó para darme un beso en la frente en el momento exacto en que Manolo me da una nalgada que ardió y quemó. Alberto me apartó el cabello de la cara mientras me susurraba al oído.
- Que puerca eres, princesa.
Y todo había hecho nada más que empezar.
Después de esta noche, nada será igual. Ahora seremos, Los culos rotos y la princesa del pitote.
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