Los culos abiertos

7 0 0
                                    

Termino de fumarme el porro para después dirigirme a mis aposentos reales. Estoy subiendo las escaleras cuando escucho gemidos.
- Oh~ sí... Manolo... ¡Sí! Tócame ahí, por favor... Manolo.
Alberto? Mi corazón deja de latir cuando gemidos y jadeos invaden mis oídos. Subo a prisa hasta mi puerta para pegar la oreja y arrepentirme de escuchar lo que escucho.
- ¿Te gusta? ¿Te gusta como papi te embiste?
- Emm~ sí, me en- encanta.
Vaya viaje me ha pegado la marihuana, me pongo a reír abiertamente antes de abrir la puerta. Cuando la abro, me encuentro a Alberto en cuatro con unas orejitas de perro y a Manolo detrás de él. Están desnudos, y están en mi cama.
- Perdón, me he equivocado de habitación.
Me voy y cierro la puerta, me quedo unos segundos ahí parada cuando abro la puerta de un portazo.
- ¡No es la marihuana, vosotros sois reales, y sois tremendos homosexuales!
Mi voz los hace asustar y ambos se tapan con mis sábanas.
- ¡¿Y qué estáis haciendo en mi habitación?! - grito tan alto que temo que nos hayan escuchado.
- Te estábamos esperando... - habla Manolo, que no lleva las gafas. Se ve más atractivo de lo normal, creo que el porro me hace alucinar.
- ¿¡Esperarme par qué!? ¿Pare veros fornicar en mi cama? Estáis enfermos - les digo asqueada haciendo una mueca del espanto.
- Para coger contigo, mi princesa - dice Alberto haciéndome una reverencia.
- Haber empezado por ahí, baby.

Manolo el gay, Alberto el abierto y la Princesa EleonorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora