Jueves 20 de Enero de 1814
—Sonríe y sé amable con todo el mundo, ¿Me has escuchado? —dijo Harriet mientras pellizcaba las mejillas de Jane— Debes honrar a nuestra familia.
—Sé lo que debo hacer Harriet —Jane apartó las manos de su hermana con un gesto seco— Mamá y tu no habéis parado de repetirme lo mismo desde hace días —Jane se deslizó un mechón de pelo rubio tras la oreja y se giró hacia la ventanilla del carruaje para contemplar el paisaje.
Fuera el ambiente era frio y húmedo. Las calles de Londres habían adoptado un tono lechoso a causa de la niebla y la piedra brillante. Todo permanecía en un silencio aparente.
— ¿Por que madre y padre han decidido ir en otro carruaje? —preguntó Jane mientras alisaba su falda de color coral— Pensaba que debíamos ir todos juntos.
Harriet apoyó la cabeza en el marco de la ventana y suspiró mientras veía pasar las ventanas iluminadas de las casas.
—Padre me dijo que querían hablar a solas antes del baile —por los cristales del carruaje se filtraban soplidos de frio que calaban en la piel de Harriet— Una vez lleguemos a Mayfair House nos presentaremos todos juntos.
Harriet volvió a erguirse en el incomodo asiento y comprobó que tanto el vestido de Jane como el suyo estuvieran en perfectas condiciones.
Mayfair House era una de las casas más famosas de todo Londres, no solo por su exquisita decoración o por las riquezas que albergaba, si no por que era el hogar de los Baxter, la segunda familia más importante de la ciudad. La señora Frances Baxter era parte de la corte de la reina mientras que el señor Hugh Baxter era un miembro reconocido dentro del Senado. Su implicación en asuntos sociales era impecable y, como cada año desde hacía veinte, eran los encargados de inaugurar la temporada con el primer baile privado.
El carruaje se paró de golpe y cuando Jane miró por la ventana pudo ver las inmensas escaleras de mármol que decoraban la entrada de la casa limitadas por dos leones de piedra a cada lado. La casa contaba de tres pisos envueltos de ventanales y balcones llenos de flores y cortinas. Aún y estar en el centro de la ciudad, Mayfair House contaba con un basto jardín trasero compuesto por un pequeño lago artificial, un laberinto, un jardín de estilo oriental, un jardín de rosas y un jardín de hierbas aromáticas.
Las hermanas notaron como el carruaje avanzaba de nuevo para volver a pararse al cabo de los pocos segundos.
—Allá vamos —suspiró Harriet poniéndose los guantes y guardando su pequeño bloc de notas en la bolsa de mano.
Davis, el cochero, abrió la puerta del carruaje dejando entrar una oleada helada que golpeó los pulmones de las hermanas.
—Hijas —fue su padre quien les ofreció la mano al bajar del carruaje— Disfrutad de estas hermosas vistas.
Había una larga cola de dorados carruajes esperando para dejar sus pasajeros en esa esplendida mansión, que para es anoche, se había vestido de rebosante de luz y música.
—Señor y señora Egerton —un mayordomo de Mayfair House había salido a buscarles— Señoritas Egerton, acompáñenme por favor.
Harriet subió esas brillantes escaleras con mucho cuidado, tenia la sensación que si pisaba mas fuerte de lo normal podían llegar a romperse. Llevaba todo el día nerviosa, no le gustaba la temporada social, la detestaba con todo su ser y encontrarse delante de esa enorme casa llena de gente chismosa y chillona aún la ponía más enferma.
Los porticones principales de la casa estaban abiertos de par en par y daban a una amplia sala de recepción dónde pudieron dejar sus abrigos y sombreros. Harriet dejó todo menos su bolsa de mano. No podía separarse de su cuaderno en una noche como esa, necesitaba apuntar todo lo que viera y escuchara.
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En el jardín de las amapolas
Historical FictionLondres, 1814, primer baile de la temporada social. Harriet Egerton pierde su cuaderno lleno de cotilleos sociales y secretos amorosos del pasado. No es hasta unas horas más tarde que una hermosa joven se le acerca para devolverle la libreta. ¿Habrá...