Caminando sigilosa, Hlíf avanzaba sobre los restos de lo que algún día fuera parte de un bosque hermoso. Armada con su daga, concentrada y mirando hacía todos lados, sus pies la conducían a través de aquel desastre. A donde mirara, solo encontraba madera quemada y vieja, tierra seca cubierta de cenizas. No se veía ni mucho menos se oía, a ningún animal; hacía tiempo que la vida había abandonado aquel lugar.
El crujido de las ramas y hojas quemadas bajo sus pisadas, y el silbido del viento, eran sus compañeros. Luego de caminar por más de una hora, Hlíf llegó a una zona rocosa; restos de lo que podría haber sido el lecho de un río, aparecieron ante ella. Dando un paso hacia adelante, se detuvo a contemplar aquel lugar al que había llegado. Hasta dónde podía llegar a ver, siguiendo una alineación semicircular, hileras de hermosos y verdes árboles crecían y se extendían a lo largo de ese territorio. Delante de ella, cruzando el lecho del río, una gran depresión provocada por erosión en el suelo, daba paso a dos grandes árboles, cuyas gruesas ramas cubrían dos estatuas talladas en enormes bloques de piedra - ¿Qué es esto? - se dijo, acercándose a las estatuas, una a la izquierda y la otra a la derecha, como custodiando ese pasaje, una entrada a aquel bosque verde. Girándose a mirar detrás de ella, la diferencia en el paisaje era notable, hacía delante de ella, desde donde estaban las estatuas, todo era verdor y chirridos de aves; mientras que detrás de ella, cruzando el lecho seco del río, todo estaba seco, quemado, sin vida.
Empuñando con más firmeza su daga, Hlíf avanzó por el sendero verde que las estatuas aperturaban - Espero que esto sea para bien - se dijo - que la voluntad de los dioses sea esta - caminó erguida, rápida y sigilosa. A ambos lados, árboles gigantes, de espeso follaje verde, le tapaban la luz de las estrellas. Se sentía otra atmósfera, podía sentir que aquel lugar estaba lleno de energía, como cuando regresó a casa con sus padres y hermanos; la energía del planeta y el gran árbol, del que alguna vez su padre fuera causante de su destrucción, se sentía pura, renovada e ingente. Así, era como sentía la energía en aquel bosque, pura y muy fuerte.
En silencio, se dedicó a explorar aquella pequeña zona, pues se notaba que para recorrer el bosque, le tomaría algunos días - Se me hace ligeramente conocido este bosque - se dijo, tocando y oliendo la corteza de uno de los árboles que tenía cerca - ¿será que ya he estado aquí antes? - colocándose en cuclillas, tocó la tierra y empuñó un poco de ella. Acercándola a su nariz, la olió - Este es un olor que definitivamente he olido antes - inspirando nuevamente, se sentó sobre el pasto y la hojarasca que se esparcía por el lugar - Por más que trato...mmm... no recuerdo dónde he olido todo esto - ya más tranquila, se recostó justo donde estaba, colocando sus brazos cruzados debajo de su cabeza - ¿será un sueño? - se sentó de golpe - no lo creo. Me dolió mucho la caída a través del portal... si hubiera sido un sueño, no se habría sentido así - estirándose como un gato, bostezó - Ahhh... creo que debería dormir un poco antes de continuar explorando - se dijo, acariciándose el vientre a la altura del estómago - y no he comido nada... Ay ya mañana buscaré algo que comer. - Levantándose de donde estaba, se sacudió las hojas pegadas a su capa y procedió a subirse a un árbol. Apoyada en una gran rama y el tronco de un árbol, sentada, se quedó dormida.
Asustada y casi resbalándose de la gran rama, Hlíf se despertó - Carajo... unos segundos más y terminaba comiendo tierra de bosque - de un salto bajó del árbol y aterrizó elegantemente. Empuñando su daga, nuevamente se dispuso a seguir explorando. A los pocos minutos de haber andado, una manda de liebres blancas se cruzó en su camino, narices rosadas, orejas largas - Qué bonitas - se dijo, mirándolas con una sonrisa en los labios - lástima que tengo desayunar - entonces, como si la hubieran entendido, las liebres corrieron disparadas en todas direcciones - ¡Pero qué delicadeza! - gritó ella, mirando por donde corría el último de esos bellos animales - ¡No es para tanto! Aghh... supongo que buscaré algunas ¿bayas? - aun bostezando, caminó un poco más dentro del bosque, encontró algunas bayas rojas, oliendolas y mirándolas con los ojos entrecerrados, se llevó una a la boca - ¡Está muy rico! Ohh... por fin un buen desayuno - tomó un puñado de ellas y se sentó en el suelo.
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Caricia en el Alma
FantasiaSe dice que las almas gemelas viajan a través del tiempo para volverse a encontrar. El llamado que se hace a través del universo, es una caricia en el alma. Un anhelo profundo de volverse a encontrar, un motivo para emprender el camino a unirse. Tra...