Ángeles como tú

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—Mi vida, ¿hace cuántos años que somos amigas? Basta. Terminemos con este enojo ahora. Hagamos las paces —dijo Nazan, ignorando la mirada de Ümit sobre ellas.

¿'Hagamos las paces'? —preguntó Güzide, acercándose y mirándola a los ojos con dureza.

Sí —respondió tímidamente.

Habiendo podido impedir que mi hija se casara con un hombre que le oscureciera la vida... no lo hiciste. No he podido dormir, ¿lo sabes, Nazan? No he podido. Estoy todo el tiempo pensando en mi hija, en cómo la está pasando en esa casa, cómo trata Behram a mi hija: ¿Behram le levantará la voz a mi hija? ¿Behram le grita? ¿Behram le alza la mano, le pega? Porque lo hará. Yo lo sé —su voz estuvo a punto de quebrarse, pero tragó saliva para recuperarse—. Vamos a ver cuánto va a costar este matrimonio que tanto apoyas, Nazan. Has perdido a una amiga.

Nazan la observó, sintiéndose herida, casi no pudiendo dar crédito a las palabras de su amiga. Ümit se sintió incómodo. Era raro verlas pelear y lanzarse palabras tan duras. Entre ellas eso no era común.

Déjame decirte esto: no soy la única en haber perdido, tu también perdiste a tu mejor amiga. Te lo recuerdo —finalizó Nazan, saludó a Ümit, tomó su cartera y se marchó del hospital.

Güzide le dio la espalda a su hermano, sus labios temblaron y se curvaron hacia abajo en tanto sus ojos se humedecieron. Dolía, toda la zona de su pecho y garganta dolían mucho. Ahora sí que se encontraba totalmente sola.

✨✨✨

Güzide siente las lágrimas mojarle el rostro, su frente apoyada una vez más a la pared de aquel pulcro hospital. No sabe ni cómo es capaz de mantenerse en pié. ¿Qué más podría pasarle ese día? Su hija está internada por haber sufrido un accidente automovilístico, su pequeño nieto muriendo en consecuencia, su yerno siendo operado por una herida de bala. Su mente está siendo invadida por la pregunta sin respuesta correcta: ¿salvo a mi hija o al bebé? Sus manos tiemblan de temor cuando halla una solución rápida.

Detrás de Güzide, su consuegra Mualla no puede parar de llorar. La comprende. El dolor de madre es incontrolable y mucho más intenso cuando sientes que la vida y los recuerdos de tus hijos se deslizan por tus dedos como polvo por el viento. Se sienta a su lado. No la toca, pero sabe que la presencia de otra mujer que la comprenda es suficiente para evitar que se sienta miserablemente sola. ¿Qué hicieron para merecer tal karma? Sus hijos estaban luchando por sus vidas y ellas no podían hacer nada.

Los tacos de Nazan repiquetean rápidamente por el pasillo, su cuerpo se asoma con el corazón fragmentado de dolor. Su Oylum, la niña que creció en sus brazos, estaba internada en terapia intensiva, y la situación del niñito Behram, que siempre la recibía con un gracioso correteo y la abrazaba por la cintura, no era distinta. Nazan detiene sus pasos al ver a las madres de sus preciados chicos una al lado de la otra, con las lágrimas empapando sus rostros y el cuello de sus camisas. Mualla se levanta al verla y la abraza, escondiendo el rostro en su cuello. Nazan recibe a su tía, tratando de ser fuerte y de no derramar una sola de las lágrimas que se aparecen rebeldes para nublarle la vista.

Güzide la mira desde su lugar y decide ponerse de pie en un intento de ignorar su sola presencia. Mualla se separa de su sobrina, comprendiendo que quiere también consolar a su mejor amiga por más que estén peleadas. Nazan se acerca a Güzide lentamente y siente cómo la castaña se estremece bajo sus palmas cuando toca sus hombros con suavidad.

—Hagamos una tregua —susurra Nazan—. Por lo menos, hasta que nuestros niños estén bien.

Güzide cierra los ojos y se muerde el labio inferior ante sus palabras. La pelirroja se acerca aun más, atreviéndose a rodear el cuerpo ajeno con sus brazos. Güzide continúa sin moverse, solo sus dedos muestran un pequeño temblor. Sin embargo, Nazan puede sentir cómo las lágrimas ajenas mojan su antebrazo, lo que hace que la apriete aún más contra su cuerpo. Güzide agacha la cabeza y se limita a, por unos segundos, disfrutar de la sensación del cuerpo de Nazan sobre su espalda.

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