Encuentros fortiutos

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Antes de empezar quiero avisarles que a partir de ahora ya no usaré "Sargt. Fritz" para referirme a ese personaje, sino "Albert Fritz", su nombre completo, en cuanto al "Capt. Hans" pues solo "Hans", esto pues para mayor comodidad mía a la hora de escribir, de igual forma seguro ya más de uno los tiene identificado ¿no?

Siendo así disfruten el capítulo.

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El día a día continuaba para los alemanes en aquel complejo de ruinas antiguas abandonadas, que ahora era su base principal, las horas pasaban, los días pasaban, de todo pasaba y los soldados pasaban esos días como podían, desde jugar juegos de azar con cartas, cantar canciones de su tierra, contar sus anécdotas en el frente, hacer vigilancia en sus turnos, mantenimiento de las armas y la maquinaria, entrenamiento, etc.

Pero si había algo que a estos sujetos los hacia poner todo de sí mismos era el fútbol.

Sold. alemán 1: ¡Pásala!, a la derecha, no a la izquierda idiota.

Sold. alemán 2: Bloqueen el paso, bloqueen el paso, que no la pase.

En este caso, miembros de la Quinta Compañía se enfrentaban a miembros de la Octava, el referí era un viejo conocido, el capitán Hans, ahora degradado a sargento por lo de la batalla perdida.

Hans: Hey... hey, por ahí, esto es balompié, no balonmano, aleja esa mano de la pelota.

Sold. alemán: Si señor, lo siento... bien Marx, es tú turno.

El soldado pasó la pelota al Marx, quien estaba de centrocampista, Marx logró esquivar a un par de jugadores y luego pasarla al mismo sujeto.

Sold. alemán: ¡Weimer!

Pateó la pelota en dirección a Weimer, este la recibió con el pecho, se encontraba en el centro del marco y el portero del equipo contrario iba hacia él, por lo que con un izquierdazo pateó la pelota, el guardameta estaba tan abajo por tratar de alcanzar los pies de Weimer que no tuvo oportunidad de levantarse a tiempo, sus dedos ni siquiera rozaron el objeto esférico y finalmente...

Hans: (Toca el silbato) ¡La Octava gana!

Soldados de la Octava: ¡SIIII!

Marx: ¡ESO ES!, JAJA, ¡ASI SE HACE MUCHACHOS!

Weimer: Todos, ¡buen trabajo!

Esta era de las pocas actividades realmente relajantes que tenían en ese lugar frio y desolador, al que ellos esperaban llamar hogar algún día... aunque tomando en cuenta que estaban entrando en invierno, pues sus primeras impresiones no fueron del todo muy agradables, aun así, ponían todo de su parte, tratando de adaptarse al entorno, uno que para muchos recordaba el Frente Oriental.

Sold. alemán 1: Este clima... ¡no me gusta!, prefiero uno cálido.

Sold alemán 2: Estamos al norte de este continente, lo sé por las migraciones de las aves y claro, el frio y la nieve que están empezando a bajar. Ya solo es cuestión de tiempo, hay que ayudar a esta gente a ganar esta guerra y tendremos vía libre a un sur más cálido.

Sold. alemán 1: Si es que se puede ganar... no olvides la vez anterior, el mismo capitán Hans fue degradado por ello.

Sold. alemán 2: Si... pero según sé, agarraron al sujeto hace ya varios días... ¿pero si hay mas como él?, si es así, conocen la guerra moderna, saben cómo contrarrestarla.

El fantasma de la anterior batalla no había desaparecido aun, fue muy consternarte, esperaban una fuerza de combate no muy diferente a una milicia del siglo XV, ero se toparon con otra cosa. Los que sobrevivieron no hablaban de ello a menudo, esto debido a que se les ordenó no hacerlo para evitar que la noticia se deformara y desencadenara en múltiples suposiciones de lo que había pasado realmente. El caso de Weimer no era distinto, solo confiándole la verdad de lo hechos a gente de extrema confianza, como Marx.

Zero no Tsukaima - Der BruderDonde viven las historias. Descúbrelo ahora